Grecia acepta los recortes para evitar la bancarrota con un nuevo rescate

Los sindicatos responden al acuerdo político con otra huelga general Papademos evita dar los detalles del nuevo ajuste

La responsable del FMI, Christine Lagarde, con el ministro de Finanzas griego, Evangelos Venizelos.
La responsable del FMI, Christine Lagarde, con el ministro de Finanzas griego, Evangelos Venizelos.YVES LOGGHE (AP)

Los líderes políticos que forman el Gobierno interino de Grecia llegaron ayer, tras días de negociaciones en el alero del desastre, a un acuerdo sobre nuevos y duros ajustes sociales para poder recibir un segundo rescate financiero que salve al país de la bancarrota. Yiannis Maravelakis, sin embargo, no se sentía rescatado por nadie. Embutido en una gruesa cazadora, se manifestaba bajo la lluvia fina de Atenas contra la privatización de la compañía pública de electricidad, una de tantas medidas previstas por el Ejecutivo para sanear las cuentas públicas. “Esto no es ninguna negociación. Europa y el Fondo Monetario Internacional son la misma cosa, solo quieren romper nuestra resistencia”, decía frente una hilera de furgones y policía antidisturbios que protegía el Parlamento.

Los griegos, con cuatro años de recesión a la espalda, dos de recortes, casi un tercio de su población bajo el umbral de la pobreza y más de un millón de parados (el 21%), no bajan los brazos ante los nuevos sacrificios. Eso es lo que ocurre en las calles, tomadas por las protestas desde que comenzó la pesadilla griega. Pero dentro, en los despachos, se respira otro tipo de miedo. Políticos y funcionarios ven cada vez más tangible la posibilidad de una suspensión de pagos caótica, la traída y llevada expulsión de Grecia de la eurozona, y el Gobierno ha acabado por aceptar las ásperas condiciones del salvamento.

Atenas logra también un acuerdo con la banca acreedora

Lukas Papademos, el tecnócrata que lidera el Ejecutivo heleno desde noviembre, anunció poco después de esa manifestación de trabajadores de la electricidad que el Gobierno había llegado a un acuerdo sobre los nuevos tijeretazos por valor de unos 3.300 millones de euros (en torno al 1,5% del producto interior bruto) que reclama la troika formada por la Unión Europea, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Central Europeo (BCE) para activar el rescate. Este consiste en créditos de entre 130.000 y 150.000 millones de euros hasta 2014 y la renuncia de la banca internacional al 50% del dinero prestado al país, unos 206.000 millones.

El pacto político llegó como ha llegado todo en Grecia desde que estalló la crisis: tarde, confuso, con todos los plazos incumplidos y los ultimátums burlados. Se hizo público pocas horas antes de que el ministro de Finanzas, Evangelos Venizelos, se presentase ante el Eurogrupo en Bruselas para pedir dinero y en paralelo a los acuerdos con los acreedores privados en París, donde bancos y aseguradoras aceptan cobrar solo el 50% de la deuda griega en unos plazos y condiciones que, en realidad, representan una pérdida de valor del 70%.

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Papademos se ahorró cualquier detalle sobre el contenido del acuerdo con los tres partidos que le respaldan: los socialistas del Pasok, el partido conservador Nueva Democracia y los ultraderechistas de Laos. “Hay un acuerdo general sobre los contenidos del programa de cara a la reunión de esta noche del Eurogrupo”, dijo en un comunicado, y no desveló, por ejemplo, si había llegado a un consenso sobre el último gran escollo, las pensiones, que la troika quería rebajar en un 15%. Ante la negativa política, en la madrugada del jueves, los inspectores internacionales reclamaron al Ejecutivo que buscase una alternativa para ahorrar los 300 millones que faltaban, y algunas fuentes políticas sostenían que era posible lograrlo ajustando aún más el presupuesto de defensa o la inversión pública.

El plan incluye medidas especialmente controvertidas, como la rebaja del 22% del salario mínimo (ahora de 750 euros en 14 pagas), una reducción que en el caso de los menores de 25 años llegará al 30%. Grecia también se compromete a podar su inversión y gasto público y despedir a unos 15.000 funcionarios este año (150.000 hasta 2015). Además, en junio deben aprobarse más medidas hasta 2015, con el fin de ahorrar hasta 10.000 millones, según fuentes oficiales citadas por Reuters.

Falta ahora que el Eurogrupo crea estos números.

El pacto político ha llegado tarde, confuso, con todos los plazos incumplidos

Los sindicatos Adedy, del sector público, y GSEE, del privado, respondieron convocando dos jornadas de huelga general para hoy y para mañana. Sus manifestaciones se mezclarán con otras, como la que recorrió ayer el centro de Atenas, auspiciadas por el partido comunista KKE, o la que ayer preparaba Kostis, un estudiante de Arquitectura de 22 años y larga barba que pintaba una pancarta en el suelo de su facultad. “Esto es solo el principio, después de Grecia le tocará a Italia y al resto, hay que sacar a la gente a la calle para pararlo”, clamaba.

Dentro del propio Gobierno ha empezado la disputa, con la celebración de elecciones prevista en primavera. El viceministro de Trabajo, Yannis Koutsoukos, dimitió por las “dolorosas” medidas.

La troika es percibida en Atenas como una especie de madrastra de cuento, pero es la madrastra que debe a su vez endeudarse para sanear unas cuentas al filo de la quiebra. Hay una fecha clave, el 20 de marzo, cuando vence un préstamo por 14.500 millones que el país no puede pagar. Grecia acumula una deuda pública de unos 350.000 millones que equivale al 160% de su PIB, un nivel que no puede soportar, y cerró 2011 con un déficit de cerca del 9%. El plan de Europa y el FMI pretende que ese peso baje al 120%, un nivel que algunos también ven excesivo para el país. Los analistas de Citi dan por hecho que habrá nuevas reestructuraciones de la deuda. El borrador de recortes que ha preparado la troika para Grecia se ha filtrado esta semana a la prensa y contempla que, a causa del impacto de los ajustes económicos, haya una contracción del producto interior bruto del 4% al 5% acumulado para 2012 y 2013. Aunque concede un año más al país, hasta 2015, para alcanzar un objetivo de superávit sin contar intereses del 4% al 5%.

Los recortes pactados aún deben ser aprobados por el Parlamento

De momento, la banca parece aceptar su parte. Venizelos aseguró ayer que ha llegado a un acuerdo “técnico” con el sector financiero para la quita de la deuda. El BCE, que es el primer acreedor individual con unos 50.000 millones de deuda griega, también podría contribuir, pero no aceptando pérdidas, como los bancos y los fondos privados, sino entregando los beneficios derivados de los intereses.

Todo está aún en el aire. El plan debe, además, ser aprobado en un Parlamento, el griego, que en noviembre obligó a dimitir a un primer ministro, Papandreu, elegido por mayoría absoluta tan solo dos años atrás. Como se le escapó ayer a Mario Draghi, el presidente del BCE, en un corrillo con periodistas, “Grecia es única para todo”.

Sobre la firma

AMANDA MARS (ENVIADA ESPECIAL)

Corresponsal jefe de EL PAÍS en EE UU. Comenzó su carrera en 2001 en Europa Press, pasó por La Gaceta de los Negocios y en 2006 se incorporó a EL PAÍS, donde fue subjefa de Economía y corresponsal en Nueva York. Desde 2017 vive en Washington. Ha cubierto dos elecciones presidenciales, unas legislativas, dos impeachment y un asalto al Capitolio.

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