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Tribuna:

Un Nobel para el diseño de instituciones eficientes

Leonid Hurwicz, Eric Maskin y Roger Myerson, profesores respectivamente de las universidades de Minnesota, Princeton y Chicago, han sido los galardonados este año con el premio Nobel de Economía. Lo han sido por haber desarrollado el núcleo de la llamada teoría de diseño de mecanismos, la cual pretende identificar mecanismos o instituciones que impliquen una asignación eficiente de recursos en aquellas circunstancias en las que el mercado no tiene éxito en este cometido. Estos mecanismos están con frecuencia relacionados con los incentivos de los agentes implicados y con el uso que se haga de la información privada.

La búsqueda de la eficiencia es uno de los objetivos últimos de la ciencia económica. Una economía de mercado tiende a ser eficiente con algunas excepciones. Estas excepciones pueden darse en diversas situaciones: desde el poder excesivo de una empresa monopolista, cuando la información no se distribuye uniformemente, o cuando se trata de pagar por los costes sociales o medioambientales del desarrollo. Además, hay circunstancias en las cuales la asignación de recursos no pasa por el mercado. Por ejemplo, cuando se realiza una transacción negociada entre dos agentes, cuando se "comercian" bienes y servicios entre departamentos de una misma empresa o cuando el estado decide el suministro de bienes a la sociedad como educación, salud y seguridad. ¿Cuándo son eficientes las asignaciones en estas circunstancias? ¿Cómo conseguir que contribuyan al bienestar social?

En aportaciones sucesivas y partiendo de la base conceptual de la teoría de juegos y gracias a ella los autores han identificado mecanismos de asignación óptimos para distintos ámbitos de la economía. Las tres principales aplicaciones están relacionadas con el diseño de subastas como mecanismos de determinación de precios, con la regulación y el control de monopolios y oligopolios y con la toma de decisiones en el ámbito público.

En referencia a las subastas, los estudios seminales de los galardonados explican de qué manera deberían realizarse éstas para conseguir que los productos se asignen a las personas que más los valoran. Estas conclusiones se pueden aplicar a ámbitos que van más allá de lo que consideramos habitualmente meras subastas, como es el caso de la determinación de los precios que aplica una empresa para distintos tipos de clientes, por un mismo producto.

En el segundo ámbito de interés, el trabajo de los laureados proporciona una base sólida para evaluar el modo más eficiente de implementar en la práctica una regulación, algo de gran importancia hoy en día en un contexto global donde se intenta compatibilizar los rendimientos de escala que aportan las grandes empresas con la libre competencia que favorece a los consumidores gracias a la contención de los precios.

En cuanto a la toma de decisiones en el ámbito público, y gracias principalmente a los trabajos de Maskin, se puede hoy en día afirmar que los mecanismos de asignación basados en las votaciones pueden llevar a resultados no eficientes si los votantes se comportan de forma estratégica. Si por ejemplo votamos, no al partido cuyo programa electoral preferimos, sino a otro diferente porque optamos por ejercer un voto útil o un voto de castigo, el Parlamento constituido no responderá de forma fidedigna a la composición política de la población y, por ello, las decisiones que éste tome no satisfarán a la sociedad en la misma medida que si no se hubiera producido el voto estratégico. Esta conclusión también puede leerse en clave optimista, pues hace evidente la necesidad de los gobiernos democráticos de basarse más en la cooperación y la negociación entre partidos, para mejor representar a la sociedad que los ha escogido.

Estos ejemplos ponen de relieve que la contribución de los galardonados va más allá de lo estrictamente científico y se inserte en la más candente realidad de la economía y la política.