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CÁMARA OCULTA

Retratos

Óscar Fernández Orengo, joven fotógrafo catalán, prosigue tenaz en su magno proyecto de fotografiar a todos los directores del cine español. Su nueva entrega, después de A través de mis ojos y Directores contados, se exhibe ahora en el Festival de Alcalá de Henares y pronto viajará a otras ciudades y países gracias a la promoción del Instituto Cervantes, también responsable del libro que recoge material tanto de esta como de otras exposiciones del autor, editado lógicamente en formato panorámico, al igual que las fotos mismas. Es curioso que Fernández Orengo utilice este inusual tamaño para capturar la personalidad, a veces muy velada, de los personajes retratados; los cuerpos se ven rodeados de amplio espacio libre, a veces ocupado por imágenes de objetos propios y en otros casos sencillamente por el vacío, un acertado recurso que ayuda a mejor entender al retratado. Orengo explica que todo comenzó con una nueva cámara que apareció en el mercado cuando él empezaba a retratar a los clientes del bar en el que trabajaba, casi todos enfermos mentales de un psiquiátrico cercano. "No hay un camino muy largo entre el enfermo mental y el director de cine", opina Javier Rebollo en la entrevista que él y Jonás Trueba hacen al fotógrafo, y que puede verse en cervantestv.es. "Para hacer cine no hace falta estar loco, pero viene bien estarlo".

Orengo no se toma mucho tiempo para realizar las fotografías, casi, dice, son instantáneas cazadas al vuelo, aunque parezcan estudiadas y compuestas. Como le precisa el joven Trueba, están "hechas de forma rápida, azarosa, urgente", en no más de tres disparos, y con película en blanco y negro. Tienen, en cualquier caso, la perspicacia y la sensibilidad de captar el enigma que esconde cada rostro. No parecen locos sino seres con mundos propios, algunos con aire de esperanza, otros de naufragio, de éxito pasado, actual o por venir... gentes del cine, en fin, unos esperando el aplauso, otros sonriéndose ante el absurdo que nos rodea. Las fotos de Fernández Orengo son como una película en la que los directores -también algún actor- son los protagonistas. Mirándolas con calma, se entiende por qué el trabajo de uno interesa más que el de otro; se percibe cómo su mirada, su actitud, su desvalimiento o su fortaleza, tienen mucho que ver con su obra. Cada rostro es un universo. Merece la pena seguir a este fotógrafo tan personal.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 2 de diciembre de 2011