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Entrevista:MAR COLL | VERANO | SELECCIÓN SUB 35

"La gente tiene más conciencia de la que se creen los políticos"

Filmar una 'opera prima' y triunfar tiene su peaje: el reto de hacer la segunda. A esta inquietud se enfrenta ahora esta catalana que ganó el Goya a la mejor dirección novel por 'Tres días con la familia'.

No lo reconoció exactamente así aquella tarde, delante de una coca-cola entre los sofás mullidos de un hotel de lujo, pero seguro que algunas tardes de verano, por ejemplo estas que corren, cuando "se hace" unas cañas con los amigos en el Borne o en Gràcia o en el Raval, pongamos por caso, continúa preguntándose hacia dentro, casi como pidiendo perdón, que cómo es posible, que por qué me pasó a mí, que si sabré estar a la altura y dudas existenciales así.

El caso es que a Mar Coll (Barcelona, 1981) le ha llegado el momento de la verdad en la hora en que a otros les llega el momento de lanzar las primeras consabidas preguntas sobre el cómo, el cuándo, el dónde y los porqués. Y haber triunfado ("triunfado", vaya hipérbole) en el cine a los 28 años con su primera película, Tres días con la familia, tiene su peaje. El peaje se llama "ahora confirmo o me caigo con todo el equipo", tal es la altura del listón que aguarda a los precoces con causa. Y Tres días con la familia lo es. Precoz.

"Si pudiera hacer las películas en posproducción, yo solita, sería feliz"

"Si la crisis es profunda, la cultura empezará a resentirse lo primero"

Como la propia Coll, que después de haber ganado en 2010 el Goya a la mejor dirección novel y de haber sorprendido al microcosmos del oficio y al macrocosmos del público gracias a esa efervescente ensalada de dimes y diretes familiares, prepara ya su segundo asalto al estrellato. ¿Estrellato? "Si no sé ni por qué salgo en los medios, si no he hecho nada". Una buena profesión de fe para apuntar a lo más alto... sin parecerlo. Coll, el ex diamante en bruto -ya pulido- surgido de las filas del milagro llamado ESCAC (Escuela Superior de Cine y Audiovisual de Cataluña), empieza a pensar que a lo mejor sí, que a lo mejor la palabra cineasta quiere decir algo así como "yo me dedico a esto" en vez de "este es mi hobby". Que esta chica promete dejó de ser un vaticinio para convertirse en apuesta a caballo ganador.

Leí esta frase suya y le di vueltas: "Me gusta pensar en el hilo narrativo de la vida de cada uno". ¿Sería capaz de enviar un telegrama sobre cómo es el suyo, su hilo? Mmmm, a ver, quejarme no me puedo quejar porque he tenido mucha suerte... Me da la sensación de que algunas cosas me han pasado casi por casualidad, ¿eh?, y sin tiempo para pensármelo mucho. Ahora, el revés: me pasa que tengo que tener más un discurso sobre lo que hago, sobre cuál es el siguiente proyecto, y me doy cuenta de que hasta ahora las cosas me han pasado sin que las planificara, incluso sin que me las creyera mucho, casi de forma inconsciente.

¿Y esa especie de inconsciencia tuvo efectos concretos en 'Tres días con la familia'? Me facilitó hacerla. Si hubiera sido consciente de todo lo que suponía, seguramente no la habría hecho.

Pero ¿cree que la película, el producto en sí, lleva ese sello de inconsciencia? Síiiii... puede ser que sí que...

O sea, que no sé si es usted más de naturaleza intuitiva, o racional, o incluso cartesiana. Sí, a eso me refiero, que en la película esa inconsciencia mía seguramente hace que salgan cosas que, si fuera más racional, podrían salir más impostadas, más artificiales. Y eso es lo que más miedo me da de cara a hacer la segunda.

Por eso de que, como suele decirse, las 'operas primas' son más frescas, más de verdad; que el reto es el segundo asalto. Sí, y es que además, en mi caso, la primera se hizo de forma bastante caótica. Queríamos ser muy organizados, tenerlo todo claro, pero éramos jóvenes e inexpertos y pecábamos de un cierto descontrol que al final favoreció la aparición de lo inesperado. Si todo está muy medido, no pasa nada, no hay magia.

Pues hablemos de su telón de fondo temático: las relaciones y las no-relaciones de familia. Querría preguntarle por ellas, esos claroscuros de... Y la intensidad, ¿no?... lo que son esas relaciones es intensas, casi nadie las vive de manera indiferente, y para el que lo siente con indiferencia, al final también es doloroso. Estoy convencida de que tienen un peso muy importante y de que a nivel emocional nos afectan de forma poderosa.

En un rodaje, el director viene a ser el ombligo del mundo, todos esperan sus gestos, sus órdenes... ¿Eso va con su forma de ser, o es más 'de segundo plano'? Ufff, es lo que más me cuesta. Me genera mucha ansiedad eso de ser yo la... ¡la verdad es que me escondería!, y si pudiera hacer las películas en posproducción, yo solita, sería feliz. Bueno, luego todo eso es un poco mentira porque acabo pasándolo bien, y parte de lo que me gusta de esto es que es un trabajo en equipo que te enriquece. Pero sí, en eso de tener que transmitir sensación de seguridad yo... ufff.

Cuando en un rodaje un director transmite duda, se acabó, todos empiezan a pensar que no sabe, y es como un virus. La gente directamente dice: "Esta no tiene ni idea". A mí me pasó lo contrario. Yo ya llegué con ese discurso puesto: "No tengo ni idea, que quede claro", y así me quitaba presión. Y funcionó con el equipo, porque eran amigos míos, les conocía. Pero es distinto con los actores, que se ponen en tus manos, se entregan y necesitan que les des mucha seguridad.

Iba a preguntar si 'Tres días con la familia' cambió a Mar Coll como persona; pero, mejor, ¿en qué cambió esa película a Mar Coll como persona? Bueno, digamos que no mucho, no en mi caso: sé que hay gente a la que se le va la olla con el éxito y eso, pero yo hago la misma vida que antes, nadie me para por la calle, que eso sí que debe de ser difícil de llevar, la fama. Mantengo un espíritu autocrítico que me ayuda... y... pero lo que sí ha cambiado es lo que decía antes: que yo antes no tenía un discurso y con esto de las entrevistas, la promoción, etcétera, pues me lo he tenido que construir. También ha influido dar clases en la escuela de cine, donde imparto un máster de dirección, y eso también te ayuda a hacerte tu discurso. Y creo que otra cosa que ha cambiado es mi forma de ver el cine.

¿Y por qué, en qué sentido? Antes veía cine como espectadora, y ahora, claro... a un año de terminada mi primera película, ya empiezo a pensar que igual sí que soy cineasta. Me pasa igual con las entrevistas: hasta ahora era lectora de ellas, lectora exigente y crítica con los entrevistados. Y de golpe soy yo quien las da, y entonces me pregunto: "Pero ¿por qué salgo en la tele, por qué salgo en los periódicos, si no tengo nada que decir?".

La verdad es que, en estos tiempos de lodazal, depresión y tendencia imparable a la melancolía, da gusto toparse con alguien a quien, como a usted, le van las cosas moderada o incluso francamente bien. ¿Cómo ve lo que está pasando?, ¿cómo ve a la gente de este país? Cómo veo todo lo que está pasando... ¿hablas en concreto del cine o de...?

No, hombre, no, de... ¿Los indignados?

Hablo de pesimismo generalizado. Pues hasta ahora, con cierta distancia, porque pienso que te toca más vivir y asumir los problemas cuando tienes cerca de ti a gente realmente afectada. Entonces, de repente, el otro día viene mi hermano y dice que mi padre, que es microbiólogo del hospital de Sant Pau, pues que va a haber un ERE por el que, tal vez, pasaría a trabajar solo cuatro días por semana con reducción del 20% del salario. Esto, mi padre. Me pareció surrealista, inimaginable, pensé que de golpe la vida de mi padre iba a cambiar radicalmente. Y que le pasara esto a él alguien a quien siempre le ha ido bien y ha tenido éxito me hizo ser consciente de hasta qué punto toda la sociedad está afectada por lo que ocurre. Y luego oyes que a un amigo le han echado y a otro le han recortado el sueldo... y entonces, con casos concretos, sí que te das cuenta de lo que pasa. Mucho más, claro, que leyendo los medios.

Es un hecho el drama de tanta gente, y el número de afectados aumenta cada día, pero ¿corremos el riesgo de instalarnos en esa melancolía perenne y no salir de ella, casi no querer salir de ella? Nnnnno... creo más bien, y espero, que sea al revés, que los periodos de cambio nos tienen que servir para desacomodarnos. Aunque vete a saber, puede que estemos ante un declive infinito, ¡yo no sé qué va a pasar! Si lo supiera...

Pues no se dedicaría al cine probablemente... Eso es [risas], pero todo es muy inquietante. Hasta ahora, las crisis nos daban la sensación de ser pasajeras. Ahora parece que estamos casi en el declive de la civilización occidental.

¿Y la cultura en todo eso? ¿En qué queda el rol del artista en un proceso así? Pues me imagino que, si realmente la crisis es tan profunda como parece, la cultura se empezará a resentir lo primero, se dejarán de producir ideas.

Ya se está resintiendo, y mucho. Sí, ¿verdad?, no sé en qué va a acabar. La cultura es un indicador de la salud de un país. Cuando una sociedad está en su apogeo, se manifiesta claramente en lo cultural. Y cuando no, pues... No sé. Yo, si no pudiera levantar una película, tendría dos posibilidades: o desanimarme y dedicarme a otra cosa, o hacerla con otros medios. Hay gente que lo está haciendo: los fines de semana, con equipos de amigos, autoproduciéndose... además ahora hay muchos formatos que lo hacen más posible. Y la gente está preparadísima para recibir todo tipo de propuestas nuevas. Hay un público muy receptivo en ese sentido.

No es solo el cine, ¿no?, toda la cultura y la forma de difundirla y compartirla están cambiando a tal velocidad... Sí, y fíjate en las redes sociales cómo influyen en su circulación. Bueno, lo digo yo, que soy nefasta y no tengo ni Facebook. Pero mi compañero de piso me pone al día de los vídeos que circulan, y me parece que hay gente realmente creativa. Un tío monta un vídeo y lo cuelga para sus amigos: de repente tiene dos millones de visitas. Eso también es cultura, y hace que la sociedad sea más dinámica y participativa.

¿Y por qué no tiene usted Facebook? Yo tampoco tengo, dicho sea de paso... ¡Ja, ja... porque soy una huraña! No, es que no tengo necesidad de hacer vida social todo el rato. ¡No sé por qué! Soy una persona conservadora, y ha llegado un momento en que lo tengo que admitir. Todo lo que sea aprender algo nuevo, hacer algo nuevo, me da una pereza... además, eso de ser la abanderada de algo, no...

Vaya, que Mar Coll no es Juana de Arco. ¡No, no, ja, ja! Pertenezco a la parte más conservadora de la sociedad, el lastre que hace que la sociedad no evolucione, ¡esa soy yo! Fui la última en tener mail, en tener móvil, la tecnología no es algo que...

Es Doña No, hasta que las cosas... son inevitables. Ya no me apetece vivir sin móvil. Pero con Facebook siempre me pasó que me parecía una herramienta de autopromoción. O sea, ahora voy y cuelgo estas fotos que mira qué guapa estoy, y mira qué vacaciones me he pegado, mira qué monos mis hijos, mira qué feliz mi vida... es todo un poco extraño, ¿no?

¿Facebook es exhibicionismo? Absoluto. Y también es verdad que te relaciona, y que, por ejemplo, en todo esto que ha pasado con las manifestaciones, permitió que todo fuera muy inmediato, y eso mantuvo el pulso y la actividad de la gente. Eso antes era impensable. Y es positivo. Además, yo creo que va a cambiar tanto la forma de relacionarnos, que no me va a quedar otro remedio que hacerme de Facebook, porque ya nadie va a querer quedar a tomar un café conmigo.

¿Cómo vivió el 15-M? ¿Se indignó? ¿Es una indignada... o una solidaria con ellos? ¡Me parecen una banda de sucios! Nooo, es broma, es que como es la única opción que no me has planteado... Yo comparto el sentimiento de indignación general, creo que se ha roto la confianza entre la gente y sus representantes si es que la había y creo que hay un gran cinismo político sobre lo que ha pasado, sobre cómo esto se veía venir y no se hizo nada, sobre cómo los que tenían que asumir responsabilidades no las han asumido, cómo los políticos no están a la altura de la situación... y eso es tan obvio que da como cosa que nos tomen por idiotas. La gente tiene mucha más conciencia de la que los políticos se creen.

¿Y qué alternativa le ve a todo esto? No tengo ni idea. Estamos en una dinámica absurda, con ese bipartidismo donde cada uno se atrinchera en unas posiciones absolutamente marcadas, y donde no hay reflexión. Yo siempre he creído que en la política deberían estar los mejores, ¿no?, y no están, claro. Y si los que están tienen esa falta de responsabilidad y esa laxitud en la forma de hacer las cosas, pues se contagia a la sociedad...

¿Podríamos decir que aquí muchos viven del cuento, frente a otros que, como Mar Coll, viven de los cuentos, de contarlos? Aunque no falten quienes les llamen cuentistas a los del cine... Y titiriteros. Yo tengo una amiga que, en plan de broma, cuando hacemos algo mal nos gritamos "¡vaga, titiritera!".

Pues ríase, ríase ahora de esos que les llaman 'titiriteros' a ustedes, los cineastas, y conteste: ¿cómo es eso de ganarse la vida inventando historias y filmándolas? Debe de estar bien, ¿no? Pues es genial, ¿no?, pero hay una cosa que me preocupa. Me parece genial que te puedas ganar la vida como cineasta, pero no me gustaría que esto acabara afectando a las películas, quiero decir que... el cine casi debía ser un hobby, más que obligación o profesión, para que no quede pervertido... o sea, hacer cine como yo quiera y cuando yo quiera. Sin la presión de, por ejemplo, tener que hacer una película cada cuatro años porque a lo mejor tengo dos hijos y me falta dinero o...

Mujeres y hombres de la generación que nació con este periódico hace 35 años, presentados aquí en una serie de entrevistas. Ya hablamos con creadores como Jorge Ruiz o Elvira Navarro. Hoy, una triunfadora del cine.

Sin rodeos

El rasgo de su carácter que más le gusta. Distraída. Es familiar, en mi hermano me resulta simpático. El que menos. Entre pereza, vanidad y tibieza. Su miedo. No estar a la altura. Lo último que le hizo llorar. Hace mucho que no lloro, pero no implica que no sufra. ¿Y reír? El discurso de dimisión de Camps, él reía, me contagió la risa. Un sueño. Vivir aventuras. Qué le gustaría hacer que no hizo aún. Una película gustosa. Una ciudad para vivir. Madrid, una temporada. Una para volver. Barcelona. Un escondite. Mis padres. Una película. Cualquiera con corazón. Un libro. Mientras agonizo, de Faulkner. Una canción. Too young to burn, de Sonny and the Sunsets. Ropa favorita. Pantalón corto o minifalda. Una palabra favorita. Cualquier catalanismo o castellanismo. Convivo con ellos. No he conseguido dejar de picar a la puerta, abrir la luz o hacer unas cañas...

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 28 de agosto de 2011

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