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Crisis en Siria

Los sirios desafían la represión de El Asad

Decenas de miles de personas se manifiestan contra el régimen en varias ciudades del país pese a la matanza perpetrada por el Ejército en los últimos días en Hama

Los tanques de Bachar el Asad no consiguen amedrentar a la población siria. Centenares de miles de personas volvieron a manifestarse ayer en las principales ciudades de Siria, salvo Alepo, desafiando las operaciones represivas del Ejército y de las milicias alauíes armadas por el régimen. Al menos cuatro personas murieron por disparos de las fuerzas de seguridad y otras 10 sufrieron heridas, según activistas antigubernamentales, aunque las cifras parecían destinadas a aumentar porque no había apenas datos sobre Hama, que sufría su sexto día de bombardeos. Pese a las exhibiciones de ferocidad militar de El Asad, el volumen de la protesta aumenta día a día.

El primer viernes de Ramadán, el mes de ayuno y reflexión religiosa de los musulmanes, marcó, según los activistas que informan al exterior sobre la revuelta en Siria (la prensa tiene prohibido el acceso), un incremento en la agresividad de las consignas coreadas por los manifestantes. El grito más habitual en las últimas semanas, "el pueblo exige la dimisión del presidente", se transformó en "el pueblo exige la ejecución del presidente". Las imágenes del juicio en El Cairo al expresidente egipcio Hosni Mubarak, el miércoles, reconfortaron a la oposición siria y estimularon su arrojo.

El asalto de las tropas y las milicias alauíes, los shabiha, sobre Hama se mantuvo sin variaciones en su sexto día. El Gobierno cortó en la ciudad las comunicaciones telefónicas, tanto fijas como móviles, y era imposible comunicar con los residentes de la ciudad, convertida junto a Deraa en el corazón de la protesta. Un activista con un teléfono por satélite declaró a Associated Press que los disparos de artillería se habían reanudado hacia las cuatro de la madrugada. "Cuando alguien resulta herido, es casi imposible llevarle al hospital", dijo. Un mensaje de voz recibido por BBC desde Hama indicaba que pasadas las tres de la tarde proseguían los cañonazos y tiroteos. Según los recuentos facilitados por activistas y asociaciones de derechos humanos, durante las últimas jornadas los muertos en Hama habrían sido unos 200. Anoche no se disponía de datos de ayer.

La televisión oficial siria ofreció, por primera vez, imágenes de Hama. El reportaje mostraba calles desiertas, restos de barricadas, casas y coches destrozados y algún cadáver. También aportaba imágenes de civiles armados con fusiles ametralladores, sin mostrar los rostros, para reforzar su mensaje fundamental: el presentador insistió en que el Ejército había combatido contra "grupos armados" que "habían logrado hacerse con el control de la ciudad" y habían tomado a sus habitantes como "rehenes".

Parecía probable que los civiles armados exhibidos por televisión no fueran opositores sino shabiha, la milicia alauí del régimen (basado en esa minoría religiosa), dado que permitieron que los filmara a corta distancia un medio de estricta fidelidad gubernamental.

Gaëtan Vannay, un periodista de la RSR suiza que dijo haber logrado introducirse clandestinamente en Siria durante 10 días para asistir en Hama a las manifestaciones y a los ataques del Ejército, aseguró que no había visto ninguna actitud violenta por parte de la oposición ni la presencia de grupos armados en las calles. "He visto una auténtica voluntad de hacer la revolución de forma pacífica", escribió. Según Vannay, la vida transcurría normalmente en Hama, pese a las manifestaciones, hasta que el domingo los tanques y los cañones lanzaron su ataque.

Cuando comenzó el asalto de las tropas del régimen, según la información del periodista suizo, "la población, que quería defender la ciudad, se lanzó a la calle con palos, cuchillos y cócteles molotov". Pero los tanques aplastaron las barricadas, seguidos por soldados que "disparaban contra cualquier cosa que se moviera".

Hama, situada en el centro del país y con unos 800.000 habitantes, ya fue destruida en 1982, cuando el Gobierno aniquiló una sublevación islamista y dejó entre las ruinas de la ciudad entre 10.000 y 20.000 cadáveres.

La falta de resultados mostrada hasta ahora por la mezcla de represión y ofertas de reforma escasamente creíbles hicieron que incluso Rusia, hasta el momento uno de los pocos países influyentes que concedía aún un margen de confianza a Bachar el Asad, reconsiderara su posición. El presidente ruso, Dmitri Medvédev, declaró que El Asad se enfrentaría a "un triste destino" si no aplicaba con rapidez reformas reales. "La situación está cambiando, y nuestra posición está cambiando también", añadió.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 6 de agosto de 2011