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Editorial:

Cumbre decisiva

El mínimo exigible a la reunión del Eurogrupo es un acuerdo terminante sobre el rescate de Grecia

La zona euro vivirá mañana una cumbre crucial. Sería exagerado decir que en la reunión del Eurogrupo se juega la supervivencia de la moneda única, pero es evidente que la credibilidad europea como área monetaria respetada y con iniciativa política depende de que los ministros de Finanzas emitan un mensaje claro sobre el segundo plan de rescate de Grecia y, como efecto encadenado, cierta calma para las deudas de los dos países intervenidos (Irlanda y Portugal) y para las economías de los dos grandes países del Sur de Europa (Italia y España) que tienen que pagar los costes de la indecisión europea sobre Grecia en forma de una prima de riesgo exorbitante (ayer, la española, después de un moderado descenso, todavía estaba en 345 puntos básicos). El FMI acaba de explicar alto y claro que el retraso de la solución de la crisis griega "no es una opción".

Aunque Angela Merkel sostenga públicamente que de la cumbre no saldrá "un paso espectacular" que resuelva los problemas de Grecia, sabe perfectamente que al euro le esperan meses innecesariamente dolorosos si no hay un mensaje claro en los siguientes términos: Grecia tendrá un segundo rescate, probablemente con reestructuración voluntaria de la deuda por parte de los acreedores privados, y dicho rescate no será considerado como impago (event credit) por las agencias de calificación. Alemania se resiste a aceptar la evidencia de que Grecia no puede pagar a sus acreedores y que el único camino que queda es la reestructuración sin default. Si ese objetivo se consigue mediante quitas pactadas, o a través de una tasa a los bancos acreedores, es algo cuyas consecuencias tendrá que evaluar la cumbre; y mejor que lo haga bien. Pero el paso vital es apagar el incendio que abrasa a las deudas periféricas; y eso solo puede hacerse mediante un acuerdo sobre el segundo (y se supone que definitivo) rescate de Atenas.

Sería deseable una reflexión previa sobre el modelo actual de los rescates que, más que salvar países, actúan como arenas movedizas en las que los rescatados se hunden poco a poco. Europa tiene que avanzar hacia la unión financiera real, que es la creación de los eurobonos, en vez de aplazar o complicar las decisiones. Quizá sea demasiado pedir para una cita urgente. El mínimo exigible es un acuerdo tajante, político y económico, sobre Grecia. Sin él, las tensiones de la deuda pueden acarrear efectos políticos indeseados durante los próximos meses y un grave empeoramiento de las condiciones económicas del área.

Mientras Berlín ensaya ante el espejo elegantes posturas ortodoxas y Merkel se encastilla en el estribillo "o quita privada o nada", la prima de riesgo encarece los costes financieros de los países implicados en planes de ajuste, como se pudo comprobar en la emisión de deuda española de ayer. El aumento desorbitado del servicio de la deuda reduce los márgenes presupuestarios y coarta el crecimiento económico. Con ese lastre, es difícil pensar ya que España puede acercarse a tasas de crecimiento superiores al 1,5% en 2012.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 20 de julio de 2011