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Escándalo en Reino Unido

Murdoch rechaza toda responsabilidad

El magnate adopta una actitud humilde ante los Comunes y asegura desconocer las escuchas ilegales - Un actor trata de agredirle arrojándole espuma de afeitar

Murdoch rechaza toda responsabilidad
EL PAÍS

Rupert Murdoch, el temido halcón del periodismo mundial, se convirtió ayer en paloma en su esperada comparecencia ante la comisión de Cultura de la Cámara de los Comunes. El viejo patriarca eligió la vía de la modestia y el arrepentimiento. "Es la mayor lección de humildad de mi vida", dijo, interrumpiendo a su hijo James cuando este empezaba a contestar a la primera pregunta de los diputados.

Su imagen de humildad quedó aún más reforzada cuando, tras casi tres horas de interrogatorio y con la sesión cerca de su final, un joven se acercó al magnate australiano con la intención de estamparle en la cara, a modo de pastel de nata, un plato de plástico lleno de espuma de afeitar, pero solo consiguió mancharle la americana. Por televisión apenas se vio: el realizador tuvo el reflejo más bien franquista de interrumpir la emisión en directo, algo sorprendente en la cuna de la libertad de expresión.

Las acciones de News Corporation subieron a lo largo de la comparecencia

Rebekah Brooks admitió haber usado detectives, como otros diarios

La intervención de una ayudante de Murdoch y de Wendi, la joven esposa del magnate, hizo que fuera el agresor quien acabó con la cara embadurnada de nata-espuma. La policía se lo llevó esposado y la cadena de televisión Sky le identificó luego como un actor llamado Jonnie Marbles, que ya había dado a entender en Twitter que ayer tenía función. Tras unos minutos de interrupción, se reanudó la sesión con Rupert Murdoch en mangas de camisa.

La comparecencia de los Murdoch fue buena desde el punto de vista de las relaciones públicas, pero no tan buena desde los demás puntos de vista. Padre e hijo se intercambiaron constantes gestos de cariñosa protección mutua cuando el otro estaba en apuros. Pero Rupert Murdoch demostró que sus 80 años empiezan a ser un peso quizás excesivo para liderar una corporación de la complejidad de News Corporation.

Que el jefe supremo de una empresa con más de 50.000 trabajadores, que maneja docenas de periódicos y cadenas de televisión en multitud de países, no conozca los detalles de la gestión diaria de un diario, aunque sea tan histórico y famoso como News of the World, puede ser comprensible y así lo subrayó el propio magnate. Pero el nivel de ignorancia de los detalles de una crisis que lleva dos años en la prensa y que desde hace ya dos semanas es portada diaria en medio mundo solo puede explicarse por una de dos razones: o a Rupert Murdoch le han ahorrado deliberadamente los detalles para protegerle o, simplemente, a los 80 años ya no es capaz de controlar la situación.

El magnate guardó a menudo largos silencios, sin que quedara claro si no había entendido las preguntas -algunas formuladas en un cerrado acento escocés no siempre fácil de entender para un no escocés- o no encontraba las respuestas.

Las acciones de News Corporation fueron subiendo en la Bolsa de Nueva York a lo largo de la comparecencia, lo que podría tener dos explicaciones: o bien los inversores pensaron que no estaban saliendo datos nuevos que comprometan el futuro de News Corporation, o bien el aspecto avejentado de Rupert Murdoch va a favorecer el ascenso de un ejecutivo como Chase Carey para hacerse cargo de la gestión diaria, relegando a Murdoch a presidente no ejecutivo, como quieren algunos accionistas.

Al principio, Murdoch intentó varias veces remitir las respuestas a su hijo James, sin éxito. El tenaz diputado laborista Tom Watson no se lo permitió por considerar que suya era la responsabilidad corporativa aunque no gestionara el día a día "y es revelador en sí mismo saber qué no sabe y qué decidieron decirle los ejecutivos".

Desde el punto de vista de la investigación en sí misma, las novedades fueron más bien de detalle. Lo más significativo fue el escaso conocimiento del día a día no solo de Rupert, sino de James Murdoch, que justificó a menudo esa ignorancia en el alto grado de descentralización y de delegación de responsabilidades en la compañía.

A falta de revelaciones de gran calado, hubo momentos de gran fuerza. Como cuando le preguntaron al magnate si pensaba dimitir. "No", respondió, tajante. ¿Por qué? "Porque siento que confié en la gente, a todos los niveles, que me han fallado, han traicionado a la compañía, me han traicionado a mí. Y, francamente, creo que soy la mejor persona para limpiar esta casa".

O cuando le preguntaron por qué cerró el sensacionalista News of the World. "Porque nos sentíamos avergonzados por lo que había ocurrido y decidimos que había que cerrarlo. Habían roto nuestra confianza y la de nuestros lectores". O cuando desveló que el primer ministro David Cameron, como antes Gordon Brown, le obligara a entrar en el número 10 de Downing Street por la puerta de atrás.

O como cuando James Murdoch admitió la sorpresa que se llevó al enterarse de que la compañía estaba pagando la defensa del periodista que utilizó las primeras escuchas ilegales. O cuando admitió que le sorprendió la cuantía pagada para compensar a uno de los afectados por las escuchas, pero que no hizo más que seguir el consejo de los abogados de la compañía.

Los Murdoch, como a continuación hizo la dimitida Rebekah Brooks, ex consejera delegada de News International, la rama europea del imperio mediático, negaron tener conocimiento de que las escuchas fueran una práctica extendida. Brooks admitió que como directora echó mano de investigadores privados, al igual que hacían otros diarios de la competencia, pero aseguró que lo hizo sin violar la ley. Afirmó que los pagos a estos investigadores no dependían de ella y que no oyó el nombre de Glenn Mulcaire, el investigador condenado por las primeras escuchas de News of the World, hasta que fue detenido en 2006.

Preguntas y evasivas

- ¿Quién estaba al tanto de las escuchas en News of the World? "Esa es una cuestión a la que debe responder la investigación criminal", dice James Murdoch, hijo del magnate.

- ¿Cuándo se dio cuenta de que los delitos eran endémicos en News of the World? Rupert Murdoch asegura que quedó "conmocionado" cuando comenzaron las revelaciones.

- ¿Cerró News of the World por estos delitos? "Nos avergonzaba lo que ocurrió y perdimos la confianza de nuestros lectores", insiste Murdoch.

- "¿Es usted consciente de que el FBI investiga interceptaciones de móviles de víctimas del 11-S?", pregunta un parlamentario. Murdoch: "No tenemos evidencia de que eso se haya producido".

- "Entonces, si le debían decir [algo sobre los pagos a víctimas de las escuchas] y no se lo dijeron, ¿quién es responsable?", pregunta un diputado. "Buena pregunta, pero no se sabía. No se imagina mi frustración", dice James Murdoch.

- "¿No esperaba que el director de News of the World, tras un pago de un millón de libras, sacase el tema en una conversación?", ironiza el parlamentario. "¿No se lo diría?", insiste. "No", replica el magnate.

- ¿Es usted responsable de este fiasco? "No. Lo es la gente en la que confié para que dirigiera el periódico".

- ¿Ha pensado en dimitir? "No", contesta. ¿Por qué?, le vuelven a preguntar. "Creo que soy la mejor persona para limpiar esta casa", concluye Rupert Murdoch.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 20 de julio de 2011

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