Sutil humor alemán en la Feria del Libro

Resulta que en Alemania la búsqueda de un árbol de Navidad puede convertirse en un asunto extremadamente complejo. Algunos son demasiado altos, otros tienen demasiadas hojas y se puede acabar volviendo a casa con el abeto equivocado. Los intentos repetidos de un alemán de dar con el árbol deseado son, para el escritor donostiarra Fernando Aramburu, quien vive desde hace 25 años en Alemania, una de las claves del humor de ese país. "Tienen una gran capacidad de ser ridículos. Se ríen sobre todo de los problemas de la vida cotidiana", explicaba ayer Aramburu en la mesa redonda Alemania sin tópicos, que EL PAÍS había organizado en la Feria del Libro y que contaba con el dibujante alemán Ulf K. y el escritor David Safier, del mismo país y autor del éxito de ventas Maldito Karma (Seix Barral).

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"Su ironía se basa en la queja, de la que son campeones. Y cuanto más les vaya bien, más se lamentan", sostenía Aramburu, autor de Viaje con Clara por Alemania (Tusquets Editores). La mesa redonda se proponía desmontar el estereotipo del alemán rígido y poco propenso al humor, aunque a ratos su ritmo no exactamente vibrante acababa convenciendo al espectador de lo contrario. "Está bien que digan que no tenemos ironía, para que luego podamos sorprender", aseguraba Ulf K, dibujante del cómic Hieronymous B., inspirado en el pintor holandés Bosch.

Más allá de las generalizaciones más o menos certeras, los participantes en el acto coincidían en que Alemania ha cambiado y mejorado mucho en los últimos 30 años. La moderadora y crítica de Babelia, Cecilia Dreymüller, también alemana, aseguraba que "ya no existe esa sociedad rígida de los años 60 y70". Y Safier subrayaba la apertura internacional, de la que Berlin es la quintaesencia y a la que según él ha contribuido la gran difusión de series televisivas anglosajonas.

Una vez aclarado que Alemania sí tiene humor, surgía un nuevo dilema: ¿la ironía es traducible? "Mi obra se ha publicado en varios países pero en algunos se entiende y en otros menos. Hay algunos aspectos del humor de un contexto que no son traducibles", afirmaba Safier. Y Ulf K ponía un ejemplo: "Mortadello y Filemón llegó a Alemania pero no cuajó. Habría que captar el alma del país de origen".

Ya que ambos autores admitían conocer muy poco España, el único que podía lanzarse en una comparación era Aramburu. "El abanico de insultos españoles es más amplio y el humor es más directo. Para reírse de alguien, los alemanes se meten con su suciedad. Su ironía es más verbal y más sutil", sostenía el escritor. Tan sutil que, a veces, cabe en las hojas de un árbol de Navidad.

* Este artículo apareció en la edición impresa del lunes, 06 de junio de 2011.

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