Crisis alimentaria

Alemania exculpa a los pepinos

Berlín admite que el origen del brote bacteriano no está en España - Madrid critica la falta de controles en Hamburgo y pide una compensación

Después de sembrar la alarma y hundir la huerta y los invernaderos españoles, Alemania dio ayer marcha atrás en la crisis de los pepinos. "Alemania reconoce que los pepinos no son la causa", declaró el secretario de Estado de Agricultura alemán, Robert Kloos, a la puerta de un consejo informal de ministros de Agricultura celebrado en Hungría. Kloos tuvo que escuchar las duras críticas de la ministra española, Rosa Aguilar, que dudó de los controles efectuados en ese país: "Objetivamente se puede concluir que todas las personas contaminadas tienen en común haber estado en Alemania".

Es el caso de un hombre de 43 años ingresado en San Sebastián con síntomas parecidos a los causados por la bacteria, que había estado en Hamburgo, informa Ania Elorza. Todavía no se ha confirmado el diagnóstico, pero se considera lo más probable.

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La Comisión Europea anunció anoche haber recibido desde Hamburgo la confirmación de la no existencia en los pepinos analizados por las autoridades germanas de la variedad de la bacteria. Un comunicado del Comité Permanente de Seguridad Alimentaria de la UE señalaba que las investigaciones siguen y que las autoridades alemanas mantienen el vínculo entre el incidente y verduras contaminadas, ya sin aludir a ningún país de origen. De hecho, todo el foco quedaba centrado en Alemania, al subrayar el comunicado que la mayoría de los casos que se han dado fuera de Alemania afectan a alemanes de viaje o a personas que han visitado Alemania y que el brote esta geográficamente limitado a la zona de Hamburgo.

La crisis de los pepinos se ha llevado por delante cualquier atisbo de diplomacia. Si Alemania acusó inicialmente a los agricultores españoles de estar en el origen del brote, Aguilar criticó la actitud del Gobierno de Angela Merkel de poner a España en el punto de mira sin pruebas. "Los alimentos españoles son especialmente seguros porque los controles de sanidad son más altos que los exigidos por Bruselas", subrayó la ministra. El malestar en el Ministerio de Agricultura es enorme: en la peor temporada y sin pruebas suficientes, Alemania ha hundido un sector estratégico que vive de las exportaciones. España encontró aliados en su queja. La representante finlandesa lanzó su puya a Berlín al comentar que los productos contaminados no deberían haber llegado al consumidor de haber sido suficientemente rigurosos los controles alemanes.

El comisario de Agricultura, el rumano Dacian Ciolos, apuntó: "No hay que acusar a algunos Estados ni a algunos productores, que van a ser los que paguen los platos rotos". El problema es que el miedo ha corrido más rápido que los análisis. Ayer, científicos alemanes descartaron que las bacterias encontradas en dos de las muestras de pepinos españoles analizadas en Hamburgo causaran del brote de Escherichia coli enterohemorrágica (EHEC) en el norte de Alemania.

Así lo reconoció la senadora (ministra) de Sanidad de esa ciudad-Estado, Cornelia Prüfer-Storcks. Los laboratorios del Instituto de Higiene hamburgués continúan estudiando otras dos muestras (una de origen español, otra, holandesa) en los que se detectó la bacteria. Por si acaso, las autoridades holandesas también han descartado su implicación, tras afirmar que han revisado 168 plantaciones y que en ninguna han encontrado la E. coli.

Aún se desconoce si estas otras muestras (se supone que de otros vegetales, aunque las autoridades no han dicho de cuáles) están contaminadas por Escherichia coli del serotipo O104. Si no lo están, "estaremos muy poco mejor que al principio", dijo la senadora. Además, informó de que en Meckelmburgo-Antepomerania se han encontrado verduras contaminadas de EHEC "procedentes de otros lugares, además de España".

La senadora compareció ante la prensa junto al alcalde-gobernador de la ciudad, Olaf Scholz, y al jefe del Instituto de Higiene local Hans-Joachim Breetz. Los tres insistieron en que la situación "no se ha solucionado". Conviene, dicen, observar las normas de higiene y evitar los pepinos, la lechuga y el tomate crudos. Vengan de donde vengan. Sobre el enfado de los campesinos y políticos españoles, el veterano Scholz se adelantó a Prüfer-Storcks para apuntar que no le cabe "ninguna duda de que los políticos españoles quieren solucionar el caso y no hacer política con él".

Y, mientras, la crisis sanitaria se mantiene. En Hamburgo había ya anoche 569 pacientes afectados. Ya han muerto en el país 15 personas, 12 de ellas mujeres. Ha habido otra fallecida en Suecia. Sin embargo, la Comisión Europea matiza que de las 16 víctimas, solo en tres se ha confirmado el serotipo de la bacteria.

La Comisión Europea dispone de mecanismos de indemnización para compensar los desastres económicos causados por la alarma desatada en toda Europa por los pepinos presuntamente contaminados, mecanismos que pueden cubrir hasta el 5% de la producción anual de las cosechas siniestradas. Como de esa cobertura solo se pueden beneficiar los agricultores pertenecientes a organizaciones de productores, el Ejecutivo comunitario está también analizando vías de emergencia para socorrer a quienes trabajan como independientes, según el comisario de Agricultura.

En la reunión informal de ayer de ministros de Agricultura en Debrecen (Hungría) saltaron chispas, según fuentes diplomáticas, entre la delegación española, presidida por Rosa Aguilar y la alemana, encabezada por el secretario de Estado, Robert Kloos, quien pareció restar importancia a los perjuicios causados a España al declarar que "las caídas de ventas afectan a todos los productores de legumbres de Europa". Para responder a esos destrozos, los ministros pasaron revista a las medidas paliativas a mano, a partir de la promesa de Ciolos de que "la Comisión utilizará todos los recursos disponibles" por insuficientes que puedan resultar. Aguilar habló de "daños irreparables", no solo por los perjuicios económicos, sino por los costes de imagen.

Un trabajador arranca la producción de pepinos de un invernadero en Las Norias, Almería.
Un trabajador arranca la producción de pepinos de un invernadero en Las Norias, Almería.CARLOS BARBA (EFE)

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