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Cine | 64º Festival de Cannes

La broma filonazi le sale cara a Lars von Trier

La declaración de persona non grata sella el fin del idilio entre el cineasta y la cita que encumbró su arte

Borja Hermoso

Unas décimas de segundo, esas que suelen marcar la frontera entre el "lo digo" y el "no lo digo", las mismas que separan el disloque mental del sentido común, pueden haber asestado un golpe mortal a la carrera de Lars von Trier, uno de los cineastas más dotados de su tiempo y, sin duda, uno de los más lenguaraces. Sus declaraciones del miércoles por la mañana en Cannes tras la proyección de su película Melancholia, en las que reconocía "cierta simpatía" por Adolf Hitler -"la verdad es que le entiendo"- y en las que se decía "a favor de los judíos, aunque no demasiado, porque los israelíes nos joden bastante", desencadenaron una tormenta de las que no se guardaba recuerdo en La Croisette.

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Una tormenta de consecuencias impredecibles que ayer dejaron de serlo para convertirse en nefastas para el director danés, expulsado de facto del Festival de Cannes, cuyos responsables decidieron finalmente declararle persona non grata con efecto inmediato, aunque mantienen Melancholia dentro de la competición y la lucha por la Palma de Oro.

De hecho, es una de las películas que más han gustado estos días aquí. Es la vieja dicotomía, recurrente en la historia de la cultura: una cosa son las obras y su valor intrínseco. Otra, quienes las crean y sus ideas, aunque sean odiosas o, simplemente, inoportunas o imbécilmente fuera de contexto. Queda claro que, en su veredicto, el Festival de Cannes ha tenido todo esto en cuenta.

En un durísimo comunicado hecho público a primera hora de ayer, el Consejo Representativo de las Instituciones Judías de Francia aseguraba que las palabras de Lars von Trier "traducen desde su ignominia las tendencias más inquietantes de la banalización actual del nazismo y llevan a la idea de que Hitler no fue tan malo. Lars von Trier no pinta nada en un festival como el de Cannes".

Las palabras de simpatía hacia Hitler pronunciadas el miércoles por el creador del movimiento Dogma ante cerca de 300 periodistas de todo el mundo podrían constituir un delito de incitación al odio racial, tipificado en Francia desde 1882 y merecedor de condenas de hasta cinco años de prisión y 45.000 euros de multa. Hay que recordar que el modisto John Galliano, exdiseñador de la firma Dior, deberá afrontar un proceso judicial por haber proferido en febrero en un bar de París, y ante varios testigos, expresiones de afecto por el nazismo y frases como "deberían haberos gaseado".

En resumen: de la noche a la mañana, el director de Dogville ha pasado de auténtico niño mimado de Cannes -donde ha acudido con casi todas sus películas y donde en 2000 ganó la Palma de Oro con Bailar en la oscuridad-, a auténtico objeto de vudú. No bastaron las disculpas ofrecidas en la tarde del miércoles por el brillante y díscolo cineasta. Casi obligado por el equipo directivo de Cannes, liderado por Thierry Frémaux y Gilles Jacob, Von Trier aceptó hacer suya la siguiente declaración: "Si he podido herir a alguien con mis palabras de esta mañana, quiero pedir sinceramente perdón. Yo no soy ni antisemita, ni racista, ni nazi". Ahí quedó la cosa. Pero, ya por la noche y durante el transcurso de una fiesta privada, EL PAÍS pudo saber que el Consejo de Administración del festival estudiaría al día siguiente la posible expulsión de Lars von Trier "por sus declaraciones intolerables".

Dicho y hecho. Ayer al mediodía, el festival dejaba caer su veredicto como una bomba sobre la hasta ahora sacrosanta cabeza de Von Trier, que pese al tsunami se quedó ayer en Cannes atendiendo los compromisos con la prensa que tenía concertados. En algunos de ellos, por cierto, estuvo bromeando con los periodistas y preguntándoles "qué quiere decir exactamente persona non grata".

"Esto no tiene ningún sentido, porque todo el mundo sabe que Lars no es un nazi, y además ya pidió perdón por lo que dijo", declaraba ayer en conversación telefónica con este diario Peter Aalbaek Jensen, socio de Lars von Trier y auténtica cabeza pensante de la productora danesa Zentropa. Aalbaek señaló que todo este rocambolesco asunto le parecía "una estupidez" y se mostró convencido de que, tarde o temprano, el director de Melancholia o Rompiendo las olas volverá a Cannes con película bajo el brazo. "Lars no está muy bien hoy, porque reconoce que quizá fue un poco estúpido... y a nadie le agrada ser un estúpido".

En el muy improbable caso de que Melancholia se alzase con la Palma de Oro, el Consejo de Administración del Festival de Cannes pedirá expresamente a Lars von Trier que no acuda a recogerla. Y todo, por unas décimas de segundo.

Lars von Trier abraza a Thierry Fremaux, delegado general del festival, en el estreno de<i> Melancholia</i> el miércoles.
Lars von Trier abraza a Thierry Fremaux, delegado general del festival, en el estreno de Melancholia el miércoles.GEORGES DEKEERLE (GETTY)
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Sobre la firma

Borja Hermoso
Es redactor jefe de EL PAÍS desde 2007 y dirigió el área de Cultura entre 2007 y 2016. En 2018 se incorporó a El País Semanal, donde compagina reportajes y entrevistas con labores de edición. Anteriormente trabajó en Radiocadena Española, Diario-16 y El Mundo. Es licenciado en Periodismo por la Universidad de Navarra.
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