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Intervención aliada en Libia

Los rebeldes recibirán ayuda exterior

La coalición internacional reconoce a los alzados como representantes del pueblo y exige a Gadafi que renuncie al poder - Los sublevados contarán con financiación

La posibilidad de armar a los rebeldes libios mostró ayer los límites del consenso internacional para derrocar a Muamar el Gadafi. El Grupo de Contacto para Libia apenas logró maquillar la división que el asunto provoca entre sus integrantes insistiendo en la solución política a la crisis. "Gadafi debe renunciar", concluyeron sin aclarar cómo van a conminarle a ello. La reunión de Doha supuso un espaldarazo para el Consejo Nacional Transitorio, al que reconoció como "interlocutor legítimo que representa las aspiraciones del pueblo libio". También aprobó la creación de un "mecanismo transitorio de financiación" para ayudar a los opositores.

"Gadafi y su régimen han perdido toda la legitimidad; debe dejar el poder y permitir que los libios determinen su futuro", afirma el comunicado final de la conferencia. El Grupo de Contacto para Libia está formado por 16 países y los representantes de la ONU, la Liga Árabe, la OTAN, la UE, la Organización de la Conferencia Islámica y el Consejo de Cooperación del Golfo. Es la primera vez que esa coalición internacional de apoyo a los sublevados libios respalda de una forma tan clara el cambio de régimen en Trípoli.

España nombra a un diplomático como enviado para el este de Libia

El Grupo se reunió además con el Consejo Nacional Transitorio (CNT), el órgano que representa a las fuerzas rebeldes que controlan el este de Libia, al que reconoció de facto como "interlocutor legítimo que representa las aspiraciones del pueblo libio". Hasta ahora solo tres países (Francia, Italia y Catar) habían institucionalizado sus relaciones con los opositores, aunque EE UU nombró a un enviado temporal y Turquía ha mantenido a su cónsul general en Bengasi.

En ese contexto, la ministra española de Exteriores, Trinidad Jiménez, anunció el nombramiento del embajador José Riera como enviado especial ante el Consejo. Jiménez, que también invitó a Madrid al número dos de ese Gobierno rebelde, Ali al Esaui, subrayó que España ha destinado cinco millones de euros a establecer un corredor humanitario en la zona bajo control rebelde.

Cualquier contribución palidece a la luz de los 1.500 millones de dólares (1.040 millones de euros) en que el portavoz de la delegación libia, Mahmud Awad Shaman, evaluó las necesidades de los civiles. Shaman llegó a sugerir que se les proporcione ayuda a cambio de petróleo. Para solucionar esa falta de efectivo, el Grupo de Contacto decidió poner en marcha "un mecanismo financiero transitorio". Aunque el comunicado final no explica cómo va a funcionar, varios ministros explicaron que van a desbloquearse las cuentas bancarias que se habían congelado al régimen libio para que sirvan de garantía a los préstamos que solicite el Consejo.

Pero el respaldo político a los rebeldes no se tradujo en un compromiso para facilitarles las armas que les ayudarían a defenderse, como reclamaba Shaman. Mientras Italia defendía abiertamente esa opción y Reino Unido y Francia deseaban aumentar los bombardeos, Alemania, Turquía, Bélgica y España insistieron en agotar primero la vía política.

Armar a los rebeldes "requeriría una nueva resolución de la ONU o una reunión del comité de sanciones, porque la 1973 excluye esa posibilidad", explicó la ministra de Exteriores española. Según ella, los representantes del CNT tampoco lo pidieron durante su reunión con el Grupo de Contacto.

El jeque Hamad bin Yasem al Thani, primer ministro y jefe de la diplomacia de Catar, país anfitrión de la conferencia, reconoció que el asunto había sido objeto de un intenso debate. "Hay distintas interpretaciones [de la resolución 1973], aunque en mi opinión es algo que les compete a los rebeldes", declaró dejando la puerta abierta.

El copresidente de la reunión, el secretario del Foreign Office británico, William Hague, dijo que su país les ha entregado "material no letal de defensa, como teléfonos por satélite y otros equipos de comunicación". A su lado, el ministro italiano de Exteriores, Franco Frattini, afirmó que la resolución "no prohíbe el abastecimiento de armas para autodefensa". "Dado que la táctica de Gadafi es atacar a los civiles y que tenemos que protegerles, ¿cómo podemos hacerlo?

Está institucional y moralmente justificado", defendió.

"Habrá cierto nivel de tolerancia en el envío de armas a los rebeldes", interpreta Fares Braizat, de la Universidad de Catar. Para este analista, el hecho de que algunos de los participantes hayan defendido "el envío de armas con finalidad defensiva significa un paso adelante", aunque no se haya recogido explícitamente en el comunicado final.

"Es fundamental que hablemos con una sola voz", subrayó por su parte el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, quien insistió en el aspecto humanitario. Según sus datos, medio millón de los seis millones de libios han huido de los combates y buscado refugio en los países vecinos. "En el peor de los casos, hasta 3,6 millones podrían necesitar ayuda", advirtió. Por ello, aprovechó la cita de Doha para pedir 310 millones de dólares (214 millones de euros) para asistir a los desplazados. Hasta ahora solo ha conseguido el 39% de esa cifra.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 14 de abril de 2011