Un exalumno mata a 10 niñas y un niño en una escuela de Río

Un brasileño de 23 años disparó en la cabeza y el tórax a los escolares

Los brasileños tenían noticia de matanzas perpetradas en escuelas solo a través de las crónicas del exterior. Nunca las habían sufrido en el país. Hasta ayer por la mañana, cuando a las 8.30 un joven de 23 años, Wellington Menezes de Oliveira, entró con dos pistolas en la escuela municipal Tasso da Silveira de la localidad de Realengo, al oeste de Río de Janeiro, donde había estudiado.

Tras haberse presentado como quien iba a dar una conferencia, entró en dos clases y mató a 10 niñas y un niño, todos ellos entre los 9 y los 12 años. Hirió a otros 18, de los que algunos están muy graves: ocho recibieron tiros en la cabeza y en el tórax, por lo que tuvieron que ser operados de urgencia por cirujanos que disimulaban mal las lágrimas de emoción y rabia.

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El asesino usó dos pistolas del calibre 38 y realizó más de un centenar de disparos, según informes policiales. Cuando se disponía a entrar en otras clases para seguir matando, un sargento de la policía lo acorraló, le disparó en una pierna y le pidió que se rindiese. Entonces, Menezes se disparó un tiro en la cabeza y murió.

La tragedia convulsionó a todo el país por inédita, como subrayó la presidenta de la República, Dilma Rousseff, que interrumpió un acto público en el palacio de Planalto y visiblemente emocionada pidió un minuto de silencio "por esos niños que han perdido su vida y su futuro", dijo. Rousseff ha declarado tres días de luto nacional.

El Ministro de Educación, Fernando Haddad, calificó de "tragedia sin precedentes" la matanza y dijo que era "un día de luto para la educación".

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La pregunta que todos se hacían era si se trató de la acción de un psicópata o, como llegó a aventurar el presidente del Senado y expresidente de la República, José Sarney, de un "acto de terrorismo", sobre todo porque corrieron rumores de que el asesino había dejado una carta que, según un coronel de la policía militar, contenía, entre frases inconexas, alusiones al fundamentalismo islámico, a la religión y a actos de terrorismo.

El hecho inquietó enseguida al mundo político, porque la semana pasada la revista Veja publicó un largo reportaje en el que se afirmaba que la policía de Brasil conoce la presencia de seguidores de Al Qaeda y de otros grupos extremistas que se esconden en el país, y porque Brasil, que no es ajeno a otros tipos de violencia, nunca ha sufrido atentados de este tipo.

Wellington Menezes de Oliveira había sido un niño adoptado en una familia con cinco hijos. Hacía tiempo que vivía solo, separado de ese entorno familiar.

Hay muchos interrogantes sin respuesta. Ayer los investigadores se preguntaban por qué el joven iba vestido como un miliciano, con camisa verde oscura y pantalón negro; por qué disparó a todos los escolares en la cabeza y en el tórax; si discriminaba a los niños que mataba por sexo (asesinó a 10 niñas y un niño) y cómo era tan experto en el tiro y estaba en posesión, como dijo el gobernador de Río, Sergio Cabral, de "armas y municiones profesionales".

El cuerpo de Wellington Menezes de Oliveira yace en la escuela Tasso da Silveira.
El cuerpo de Wellington Menezes de Oliveira yace en la escuela Tasso da Silveira.JADSON MARQUES (EFE)

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