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Entrevista:KEPA SOLAUN | Director de Factor CO2

"Si se replantean las nucleares habrá un repunte de las emisiones"

Kepa Solaun (Bilbao, 1976) dirige Factor CO2, empresa especializada en el estudio del cambio climático y que ha sido galardonada hace unos días con el Premio Novia Salcedo. Filósofo y abogado economista, Solaun ha participado en la creación del Régimen del Comercio Europeo de Derechos de Emisión y en los primeros planes públicos de cambio climático en España. Es profesor de Economía de los Recursos Naturales en la Universidad de Navarra.

Kepa Solaun, director de Factor CO2, empresa especializada en el estudio del medio ambiente, participó ayer en un congreso sobre cambio climático y gestión de residuos que se celebró en Bilbao. En este marco analizó la relación entre la gestión de basuras y la emisión de los gases de efecto invernadero.

Pregunta. La gestión de residuos no suele ser uno de los aspectos más mencionados al hablar de cambio climático.

Respuesta. Cuando pensamos en cambio climático tendemos a mirar a las grandes chimeneas. Sin embargo, en los últimos años ha quedado claro que cada vez son más importantes los sectores que no son tan visibles y que están relacionados con el ciudadano, como el transporte o la gestión de los residuos. Precisamente, aquí es donde más han crecido las emisiones en los últimos años. Tenemos que cambiar el chip y dejar de pensar en las grandes industrias para fijarnos en lo que hacemos cada uno de nosotros. En cuanto a la gestión de residuos, todo el proceso tiene asociado gases de efecto invernadero.

"Las renovables no pueden crecer radicalmente de un año a otro"

"Hay que poner en vereda las emisiones de los países emergentes"

P. ¿Se pueden evitar estas emisiones?

R. Hay emisiones que son inevitables, ya que el simple hecho de generar residuos las produce, pero hay distintas tecnologías que permiten reducir las emisiones. La peor solución para la gestión de residuos son los vertederos. El vertedero debería ser lo último. Según los objetivos de la Unión Europea para 2050, se deben reducir las emisiones casi en un 90% con respecto a 1990, lo que quiere decir que prácticamente no tendríamos vertederos. No obstante, existen diferencias entre la necesidad científica y la voluntad social y política.

P. La tragedia de Japón pone de nuevo en primer plano el debate nuclear. ¿Es una energía limpia?

R. Desde el punto de vista del CO2, la forma óptima de abordar la generación de energía eléctrica es a través de las renovables, que son las que menos emisiones tienen a lo largo de todo su ciclo de vida. La energía nuclear se plantea como una tecnología sin emisiones, pero, si analizamos todo su ciclo, vemos que sí hay gases de efecto invernadero. El camino pasa por potenciar las renovables. Si realmente va a haber un replanteamiento de las nucleares a corto plazo, se producirá un repunte de las emisiones. Y es que, si no desciende la demanda de electricidad, seguramente emplearemos fuentes fósiles. Las renovables no pueden crecer radicalmente de un año a otro.

P. Japón ha anunciado que no reducirá sus emisiones.

R. Si Japón se descuelga de una postura más europeísta, que es la que tenía hasta ahora, las perspectivas de llegar a un acuerdo a corto plazo no son buenas. La decisión de Japón es una mala noticia, pero también lógica por las circunstancias del país. Necesitamos tener un compromiso antes de 2020. Muchos mecanismos puesto en marcha para frente al cambio climático necesitan estabilidad a medio plazo.

P. EE UU reclama a China una reducción de sus emisiones, algo que no ocurrió con el desarrollo norteamericano.

R. Hay un conflicto entre ética y eficacia. Un ciudadano chino emite menos gases de efecto invernadero que un estadounidense. Desde ese punto de vista, no parece lógico que se obligue a China a reducir de forma drástica sus emisiones. Sin embargo, si uno lo mira desde la eficacia, por mucho que EE UU o Europa desarrollen políticas de reducción de emisiones, el crecimiento de emisiones más potente que se prevé está en los BRIC (Brasil, Rusia, India y China). La situación es complicada y pasa por un compromiso intermedio. No debe ser tan estricto como el que asumen los países desarrollados, pero hay que poner en vereda las emisiones de los emergentes.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 6 de abril de 2011