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Catástrofe en el Pacífico

Éxodo de extranjeros por la radiactividad

Bancos, empresas y embajadas evacuan a su personal o los envían al sur

Ante el temor a un aumento de los niveles de radiación en Tokio la comunidad internacional ha comenzado a tomar todo tipo de medidas para prevenir las consecuencias impredecibles de una eventual catástrofe nuclear. Varias compañías aéreas han cancelado vuelos, empresas multinacionales han evacuado a sus trabajadores, los Gobiernos recomiendan a sus ciudadanos salir de las zonas afectadas, e incluso embajadas enteras se trasladan de la capital al sur del país. Desde entidades como BNP Paribas y Morgan Stanley, hasta multinacionales como BMW y Continental, están evacuando a buena parte de su personal de Tokio y trasladándolo sobre todo a Nagoya u Osaka, o bien sacándolo fuera del país.

Caos en los aeropuertos de Tokio por la falta de vuelos

Un banco pagó 160.000 dólares para sacar a 14 ejecutivos del país

Entre los Gobiernos también ha comenzado a cundir el pánico. Rusia ha puesto en marcha un plan de evacuación de los familiares de sus diplomáticos. Mientras tanto, Austria decidió llevar su embajada temporalmente a Osaka. Otras misiones diplomáticas como la francesa, alemana, italiana u holandesa aconsejan a quienes no tengan asuntos "esenciales" en Tokio abandonar la ciudad e incluso salir del país de ser posible. La Embajada de Estados Unidos ha pedido a sus ciudadanos que se trasladen al menos a 80 kilómetros de la planta atómica de Fukushima.

La salida no está siendo nada fácil. Muchas aerolíneas han cancelado sus vuelos a Tokio o han reprogramado sus operaciones desde aeropuertos alejados de la capital. Air China y la taiwanesa Eva han suspendido sus vuelos a Tokio, mientras que Lufthansa, Alitalia y el grupo Air France-KLM operan casi exclusivamente desde Osaka y Nagoya. Mientras tanto, las compañías estadounidenses (Delta y American Airlines), así como las europeas British Airways y Finnair, han anunciado que mantienen sus vuelos regulares a la capital japonesa. Las imágenes del caos y la ansiedad de los extranjeros intentando abordar el primer avión de salida de los aeropuertos tokiotas de Narita y Haneda contrastaban ayer con la calma con la que los japoneses afrontan la falta de comida, de refugio, o el temor a la radiactividad en la zona de la catástrofe.

El Gobierno chino es el que ha montado el mayor operativo para paliar la falta de aviones comerciales. La Embajada china publicó en su sitio en Internet un comunicado urgente para confirmar el envío de autobuses a las cuatro prefecturas afectadas por el terremoto y posterior tsunami del viernes, entre ellas la de Fukushima, donde se encuentra la central nuclear de la que emana la radiactividad. "Los ciudadanos serán trasladados directamente a dos aeropuertos, desde donde se les ayudará a viajar a China", precisó la embajada. La agencia China News precisó que 33.000 chinos viven en las cinco prefecturas más afectadas del noreste de Japón.

La demanda de aviones chárter o de jets privados se ha disparado. Una empresa de alquiler de aviones privados explicó a la agencia Reuters que la demanda se había disparado en estos días, en especial de parte del sector financiero. La misma compañía contó que un banco extranjero había pagado 160.000 dólares para trasladar a 14 ejecutivos desde Tokio a Hong Kong, un vuelo de cinco horas de duración. "El precio no les importó en absoluto", declaró Jackie Wu, miembro del Consejo de Administración de Hong Kong Jets, filial del grupo chino HNA. También se ha disparado el número de vuelos de aviones privados hacia Seúl y Singapur para trasladar a altos ejecutivos de las empresas extranjeras.

Aunque el número de directivos que ha abandonado Japón no es significativo -suponen menos del 10% de las plantillas de los bancos y empresas-, sí son hombres y mujeres que ocupan puestos clave y cuya ausencia frena la actividad normal de las compañías. "El mercado japonés es muy duro, pero es vital para el negocio financiero, así que no es bueno desaparecer por mucho tiempo", comentó un banquero a un diario australiano. "Si la crisis dura mucho tiempo, la ausencia de Japón puede tener un impacto negativo en la cuenta de resultados de los grandes bancos internacionales", añadió la misma fuente.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 17 de marzo de 2011