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Entrevista:GLENN D. LOWRY | Director del MoMA

"Las visitas virtuales son un truco sin interés"

Glenn D. Lowry (Nueva York, 1954) dirige desde 1995 una de las instituciones culturales más importantes del mundo: el MoMA, el Museo de Arte Moderno de su ciudad. Bajo su mandato la institución ha vivido su transformación más intensa. Una evidente mano como gestor (logró recaudar para la ampliación del centro 643 millones de euros) a la que quita importancia frente a otros logros menos tangibles. "Un museo no es una empresa y por eso tiene que estar dirigido por gente que entiende y sabe de arte y, mucho más complejo aún, de artistas. El lado de negocio es el más sencillo, lo difícil es saber qué hacer con todo eso". Lowry impartió ayer una conferencia en Madrid en un ciclo sobre coleccionismo impulsado por la Fundación Arte y Mecenazgo y La Caixa.

"Aún somos un experimento cuya meta es seguir el arte contemporáneo"

Pregunta. El MoMA nació en 1929. Una fecha altamente simbólica. ¿Hasta qué punto las crisis han beneficiado al museo?

Respuesta. Fue una coincidencia que nos fundaran una semana después de la crisis de 1929. Pero, dicho esto, también creo que una crisis provoca, en un país como EE UU, donde no existe un apoyo gubernamental ni una red de seguridad para ninguna institución cultural, un compromiso absoluto y real de esa comunidad de gente que cree en ese proyecto que está defendiendo con su dinero.

P. ¿Eso ocurrió en 2007?

R. Exactamente. Lo que vimos en el MoMA fue un apoyo filantrópico sin fisuras. Y lo que aprendimos entonces es que teníamos que ser más cuidadosos, efectivos y precisos que nunca con nuestro trabajo. Sencillamente porque no podíamos malgastar ni el dinero ni las oportunidades.

P. ¿Hasta qué punto la dependencia del dinero privado obliga a programar exposiciones superventas?

R. La presión para hacer ese tipo de muestras es nula. Es más, creo que cualquier institución que solo piense en los éxitos de público tiene un grave problema. La meta es crear un programa que sea una mezcla de exposiciones grandes y populares y otras mucho más pequeñas y especializadas. Ese tipo de equilibrio es el perseguido hoy por cualquier museo de éxito, en EE UU o en Europa.

P. ¿Sigue teniendo en estos tiempos sentido comprar y almacenar tanta obra?

R. Ese es el dilema de cualquier museo importante. No tenemos una solución, aunque nosotros quizá tenemos una pequeña diferencia y es que desde nuestra fundación podemos vender, de manera muy controlada, obras. Es controvertido, lo sé, pero lo hacemos muy pocas veces y con mucho control.

P. ¿Con cuántos fondos cuenta hoy el MoMA?

R. Con 150.000 obras, de las que solo están expuestas 2.000.

P. Antes, su perfil de visitante era el de mujer de 55 años. Usted se ha empeñado en bajar esa edad y en equilibrar los sexos.

R. Bueno, el 52% de los visitantes siguen siendo mujeres. La edad media es ahora de 40 años. Crear un público joven es fundamental, es la manera de garantizar un público adulto que en el futuro estará interesado por nuestra institución.

P. ¿Qué exposiciones han marcado ese cambio de público?

R. La de Marina Abramovic o la instalación de Pipilotti Rist, por ejemplo. Aunque lo que hemos observado es que al público joven le gustan las exposiciones de clásicos, como la de Miró, pero abordadas de una manera contemporánea.

P. Prefiere hablar de laboratorio que de museo.

R. Cuando el museo se fundó nadie sabía si funcionaría o no, era un genuino experimento. Diez años después, Alfred Barr, su primer director, ya habló de ese laboratorio abierto al público dedicado a explorar, investigar y cuestionar las direcciones del arte contemporáneo. Y hoy, aunque poseemos una importante colección, aún somos un gran experimento cuyo objetivo es seguir el arte contemporáneo, esté donde esté.

P. ¿Qué opinión le merecen las visitas virtuales?

R. Son un truco sin mayor interés. Lo que sí me parece interesante es lo que se puede hacer en el espacio virtual que no se pueda hacer en el real. Todas las posibilidades de las redes sociales y también la posibilidad de crear, a lo Malraux, tu propio museo de galerías y objetos.

P. Tras una conferencia suya, alguien le comparó con el arquitecto de El manantial, la novela de Ayn Rand, por su afán "creativo destructivo"...

R. Cualquiera que tiene la suerte de trabajar en una institución cultural tiene una doble responsabilidad. Una es liderar de manera responsable ese legado y otra es olvidarse completamente de él para mirar hacia delante. Obviar convertirse en algo histórico y elaborar las estrategias para escaparse de la historia. Yo calificaría ese impulso de agente desestabilizador. Quizá eso crea ansiedad, pero merece la pena estar despierto.

P. ¿Extrañan el Guernica?

R. Bueno, eso es historia. Aunque, ¿quién no lo querría de vuelta?

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 15 de marzo de 2011