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El CDN dignifica con 'Woyzeck' la tragedia de un hombre sencillo

Javier Gutiérrez interpreta el arquetipo büchneriano adaptado por Juan Mayorga

Corrían los años setenta cuando unos jóvenes cachorros del teatro independiente español se hicieron con una traducción de Woyzeck. El drama, escrito en 1836 por Georg Büchner, que por entonces contaba 22 años, se inspiraba en la vida de un barbero que asesinó a su esposa. Fue juzgado y condenado a muerte.

Entre esos jóvenes del grupo El Búho estaba Gerardo Vera, que participó en 1976 en aquel Woyzeck con dirección de Juan Margallo. Ellos mismos pudieron comprobar que aquel escrito seguía ética y estéticamente vigente. No era la primera vez que la obra subía a las tablas madrileñas (Julio Diamante la llegó a estrenar en 1959); ni sería la última: después, el propio Vera la abordaría (en la forma de la ópera que Alban Berg creó a partir del texto de Büchner) como responsable del espacio escénico de un memorable montaje de José Carlos Plaza.

Vera: "Está más emparentada con Sartre y Camus que con Brecht"

"Se disfruta desde una complejidad similar a Hamlet", dice el protagonista

Hoy, aquel impetuoso Vera es el respetado director del Centro Dramático Nacional. Y como tal estrena en el teatro María Guerrero de Madrid Woyzeck, donde permanecerá hasta el 22 de mayo. Ahora le toca el papel de director de una versión de Juan Mayorga con Javier Gutiérrez y Lucía Quintana al frente del reparto.

El tiempo ha cambiado, como parece inevitable, la percepción que Vera tiene de Woyzeck. En su momento, creyó ver en ella una lectura materialista, marxista, muy en la sintonía de la lucha de clases. Hoy, tanto tiempo y tanta vida después, el texto se viste para Vera con los sencillos (y sin embargo, tan complejos) ropajes de una obra sobre la tragedia del hombre: "Se antoja ahora más emparentada con Jean-Paul Sartre y con Albert Camus que con Bertolt Brecht", apunta el director, ya no tan fascinado por aquella primera lectura materialista.

Una interpretación por otra parte perfectamente comprensible. Esta extraña obra casi póstuma (Büchner murió a los 23 años) se considera precursora del teatro social alemán. Y se presenta tan abierta a lecturas diversas -con su estructura de 27 escenas breves, sin hilo argumental, ni final concreto- que Antonin Artaud la incluyó en su Teatro de la crueldad.

Mayorga, que también se declara subyugado con Woyzeck, afirma que Büchner logra que un paria alcance la envergadura trágica de los héroes griegos o de los reyes shakespearianos. "El autor lleva al centro del escenario a un hombrecillo al que nadie prestaría atención, y nos obliga a mirarlo, en su fealdad, y a escucharlo, en su frágil decir".

Woyzeck transforma, según Vera. Desde su rotunda sencillez, sí, pero también merced a una terrorífica complejidad: "Es la primera tragedia contemporánea en la que el hombre no es capaz de desarrollar un discurso que explique lo que ocurre; porque Woyzeck no sabe, se desespera, llora, se desga-ñita, pero no logra abandonar la elementalidad. La obra tiene una gran belleza a través de la sangre, del asesinato, de la oscuridad, de la podredumbre". Para lograr todo eso ha querido contar con un actor capaz de transitar por esas emociones. Javier Gutiérrez ha paseado su oficio con credibilidad por los más dispares registros y en esta ocasión se desenvuelve con envidiable soltura.

"Es uno de los grandes personajes del teatro mundial, se disfruta desde una complejidad similar a Hamlet o el rey Lear; cuando se trata de crecer en este oficio, hay que aceptar estos retos", dice Gutiérrez. E invita a los espectadores a que no se acomoden con la tradicional secuencia de introducción, nudo y desenlace. "No podemos ver una comedia ligera cuando hurgamos en las zonas oscuras del alma; hoy Woyzeck puede estar en Libia, o donde se dé la lucha del hombre por sobrevivir en una sociedad hostil".

Lucía Quintana, su compañera sobre las tablas, añade que Woyzeck se sumerge en recovecos muy oscuros del ser humano: "Emana una poesía que te llega como un puñetazo", sostiene Quintana. Helio Pedregal, que interpreta al doctor que en su día representó Vera, habla por su parte de la cruel actualidad de Woyzeck: "Vivimos en un lugar en el que nos organizan y nos dejan muy poco espacio para ser libres. La impotencia ante la inmoralidad de los poderes y fuerzas que nos organizan puede volver a la gente violenta y agresiva. Una cosa que me impresiona de esta función es la falta de pudor y moral de los representantes sociales, militares, médicos..., eso nos lleva a la realidad que vivimos".

En esta ocasión, Vera ha evitado la recurrente tentación de echar mano de proyecciones o audiovisuales. La obra se desarrolla en un espacio neutro, "un espacio mental y no real". Los escenógrafos Max Gaenzel y Estel Cristià han recreado una ciénaga húmeda y lúgubre, con muy pocos elementos. "He apostado directamente por el actor", señala Vera. No en vano, ha seleccionado concienzudamente el reparto en el que también intervienen, entre otros, Jesús Noguero y la veterana actriz Ana María Ventura.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 11 de marzo de 2011