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Ola de cambio en el mundo árabe | Revuelta popular en Libia

El exministro de Justicia dirige el Gobierno rebelde

El jefe del Consejo Nacional pretende aglutinar a las nuevas fuerzas y ser el portavoz internacional de la nueva Libia

La ruptura total, incluso con un régimen tan brutal como el de Muamar el Gadafi, es siempre traumática, y más aún en un Estado que carece de instituciones. De modo similar a lo sucedido en Túnez o Egipto, la Coalición del 17 de Febrero, cabeza de la rebelión libia, anunció ayer la formación del Consejo Nacional temporal, el germen de un Gobierno que tendrá la misión de organizar elecciones en un futuro más que incierto. Pero el pasado no desaparecerá de sopetón. Al frente del Consejo se ha situado Mustafá Abdulyalil, exministro de Justicia de Gadafi, pero que no despierta en los ciudadanos el desprecio y el rencor que provoca el dictador. Será la cara de la nueva Libia, que necesita con urgencia un interlocutor con el mundo. "Probablemente pediremos ayuda en el exterior, tal vez ataques aéreos contra instalaciones estratégicas que pongan el último clavo en el ataúd de Gadafi", declaró Abdelhafiz Ghoga, vicepresidente del organismo.

Mustafá Abdulyalil no despierta rencor a pesar de haber sido del régimen

Dan sus primeros pasos políticos los sublevados y lo primero que hicieron fue abordar un asunto peliagudo como pocos en Libia: una eventual intervención extranjera. De ahí que Ghoga, en un ejercicio de equilibrismo, tratara de distinguir entre un "ataque aéreo" y "una intervención extranjera". En las acreditaciones que gestionan los rebeldes aparece la efigie de Omar el Mojtar, el líder de la revolución contra el colonizador italiano a comienzos del siglo XX. No faltan insurgentes, como Ibrahim Hadia, que asegura: "Odiamos más a los Ejércitos foráneos que a Gadafi". "En ningún caso aterrizarían fuerzas terrestres", asegura Mustafá Gheriani, otro dirigente que ha participado en la elección del Consejo, formado por personas de todas las regiones del país, incluidas las que permanecen bajo la bota de Gadafi.

El objetivo de esa inclusión es claro: Libia es un solo Estado. Nadie concibe la división del país. Gheriani insistió en que el Consejo es un organismo transitorio y que se ha escogido a dirigentes que han trabajado en política y que son conocedores de las relaciones internacionales. Abdulyalil ofrece ese perfil. Deseoso de ganar legitimidad, una de las primeras decisiones del naciente organismo fue decir "a todas las naciones y organizaciones regionales e internacionales que el Consejo representa a toda Libia".

Nombrado ministro de Justicia en febrero de 2007, el exministro es aceptable también para muchos organizadores de la revuelta. Aunque hace unos días, después de que Abdulyalil se postulara para encabezar el Consejo, surgieron disputas por el liderazgo de la sublevación. Parece que el pragmatismo se ha impuesto. No obstante, algo parecido ocurrió en Túnez con el primer ministro Mohamed Ghanuchi, que finalmente dimitió el lunes.

El porvenir político de Libia -un Estado que carece de Parlamento, partidos políticos, sindicatos, organizaciones civiles, y ahora de policía- se presenta confuso. El juego de las alianzas tribales es imprevisible y la implantación del reprimido islamismo, desconocida. Por si faltara algo, y a diferencia de otros países árabes, el Ejército libio es poco menos que un grupo de uniformados incapaces de ejercer influencia y poner orden en una coyuntura tan sumamente turbulenta.

Lo que depare el futuro está supeditado a que Gadafi renuncie, se exilie o termine en la tumba. Pronosticar plazos es absurdo. Porque todo puede complicarse de la noche a la mañana. Ghoga aseguró que Argelia está respaldando al líder de la yamahiriya, y el Consejo sospecha que Kenia, Niger y Malí están enviando tropas para reforzar al dictador.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 3 de marzo de 2011