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Crítica:

El sueño americano

Afirma Martin Scorsese que el boxeo sintetiza lo que supone el ejercicio de vivir: "Te dedicas a golpear y a que te golpeen, que es lo que haces cuando sales de casa. Es el primitivismo en un mundo supuestamente civilizado". A tal reflexión se podría añadir el hecho de que las películas de boxeo ejemplifican lo mejor del sueño americano, ese que permite que cualquier ciudadano, por muy baja que sea su extracción social, aspire con los debidos esfuerzo, trabajo e ilusión a la cúspide de la prosperidad. Quizá por ello tantas películas han logrado su propio minisueño al alcanzar el éxito a través de una estructura casi siempre consistente en un ascenso, caída y redención del mito deportivosocial.

THE FIGHTER

Dirección: David O. Russell.

Intérpretes: Mark Wahlberg, Christian Bale, Amy Adams, Melissa Leo, Jack McGee.

Género: drama. EE UU, 2010.

Duración: 115 minutos.

Como The fighter, basada en hechos reales, candidata a siete oscars, que contiene los ingredientes básicos del subgénero pugilístico: familia desestructurada, cercanía al lumpen, coraje, lealtad, historia de amor y el debido triángulo (ascenso, caída y redención), aunque esta vez centrándose físicamente en el boxeador, pero moralmente en su mano derecha, su hermano, un ex boxeador adicto al crack.

Conscientes de que no son pocos los clásicos del boxeo enquistados en el espectador, cada director contemporáneo que se acerca al cuadrilátero y a la escenificación del combate lo intenta desde una óptica más o menos original. Scorsese, por ejemplo, acompañado del blanco y negro y de la ópera de Mascagni Cavalleria rusticana, rodeó la lucha de un aura casi religiosa, como una liturgia. David O. Russell, autor de las notables Spanking the monkey y Tres reyes, opta por convertir la contienda en un espectáculo televisivo: acompañamiento en off de un especialista que narra cada combate para la pequeña pantalla y textura de televisión pasada a 35 mm, al haberse grabado los combates con las mismas cámaras utilizadas por las cadenas deportivas en los noventa.

El resultado es una película entretenida e incluso emocionante, pero de limitada trascendencia, más cerca de Rocky o El luchador que de Toro salvaje o Million dollar baby. Sobre todo porque lo que podría haber aportado más dureza a la historia (las adicciones del personaje del enorme Christian Bale; las peleas familiares), en la línea del Fat city de John Huston, están tratadas con cierta condescendencia. Quizá para que todo encaje en los créditos finales, con las imágenes de los personajes reales, orgullosos, redimidos y parte del sueño americano.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 4 de febrero de 2011