Ola de cambio en el mundo árabe | La crisis, vista desde Washington y París

EE UU rechaza el plazo de septiembre y exige a Mubarak parar la violencia

Washington aumenta la presión sobre el presidente egipcio para que abandone

Estados Unidos incrementa la presión sobre Hosni Mubarak y rompe aceleradamente sus vínculos con él. La Casa Blanca, que habla ya en términos muy claros de que el presidente egipcio tiene que dejar paso a la democracia "ahora, no en septiembre", pidió ayer al Gobierno de ese país detener "inmediatamente" la violencia desatada por posibles simpatizantes y agitadores a su servicio.

"Cualquier violencia instigada por el Gobierno tiene que cesar inmediatamente", declaró el portavoz de la presidencia, Robert Gibbs, quien responsabilizó al régimen de Mubarak del deterioro de la situación y le recordó que EE UU puede reconsiderar la ayuda económica que le presta si no se da paso a un proceso de democratización.

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El estallido de violencia es el peor escenario que podía presentársele a Estados Unidos. El caos en las calles, el aumento del número de heridos, le exige a la Administración norteamericana actuar con precipitación en medio de una situación extraordinariamente fluida y en la que están en juego intereses vitales para Washington.

Gibbs aportó ayer algunos detalles sobre las gestiones diplomáticas de EE UU en las últimas horas y algunas precisiones en relación con el mensaje enviado por Barack Obama el martes por la noche, en el que advirtió que la transición en Egipto debía de empezar "ahora".

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Todas esas precisiones fueron un esfuerzo más para forzar a Mubarak a actuar de forma inmediata. "El pueblo egipcio no quiere discursos, quiere acciones", dijo Gibbs. El portavoz explicó que, durante su conversación de media hora en la noche del martes, Obama se había dirigido a Mubarak de forma "directa y franca" sobre lo que tiene que hacer en este momento, lo que, en el lenguaje diplomático, significa que le comunicó claramente que tiene que abandonar el poder.

Al ser preguntado si Obama acepta la propuesta de Mubarak de quedarse en la presidencia hasta septiembre, Gibbs contestó que cuando el presidente norteamericano dijo que la transición debía de empezar ahora, "quería decir ahora, no en septiembre".

Mubarak, el que fue fiel aliado de EE UU durante tres décadas, ha entrado ya en pleno desafío a Washington. Obama marcó en su última declaración las condiciones con las que tiene que cumplir el líder egipcio: "La transición tiene que ser pacífica, tiene que ser auténtica y tiene que empezar ahora". Después de la violencia provocada ayer por sicarios del régimen, Mubarak no está cumpliendo con ninguna de esas condiciones.

¿Qué carta le queda entonces por jugar a EE UU? El corte de la ayuda sería una de ellas, pero no parece una baza con un impacto inmediato como para influir en una situación que evoluciona por horas. En una situación así, lo que la Administración norteamericana puede hacer es utilizar su influencia para contribuir a diseñar una salida que combine los deseos del pueblo egipcio con los intereses estadounidenses, y eso es lo que está haciendo más de lo que públicamente ha confesado.

Gibbs confirmó ayer que el emisario que Obama ha enviado a Egipto por recomendación de la secretaria de Estado, Hillary Clinton, el veterano diplomático Frank Wisner, seguirá por el momento en ese país haciendo su trabajo. Nadie ha dicho oficialmente cuál es su trabajo, pero nadie ha negado tampoco que está ayudando a preparar la transición. Wisner, que fue embajador en El Cairo en los años ochenta, conoce bien a Mubarak y conoce también las otras fuerzas que cuentan para encontrar solución: el Ejército, los partidos políticos y la autoridad religiosa. El modelo de transición que está patrocinando EE UU es el del inicio de un diálogo entre todos esos sectores con el fin de crear un gobierno transitorio de coalición que haga las reformas que conduzcan a unas elecciones democráticas. Gibbs precisó ayer que el proceso de transición "debe de incluir voces de la oposición" y que el resultado final "debe de ser unas elecciones justas y libres".

Washington parece contar en ese proyecto con el respaldo de otros líderes mundiales -Obama volvió a hablar ayer con el rey de Jordania- y, más importante que eso, del Ejército. El jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas norteamericanas, almirante Michael Mullen, habló ayer con sus colegas egipcios. Los militares, que no apoyan incondicionalmente a Mubarak, han transmitido, sin embargo, su deseo de no involucrarse directamente en la actividad política y de que los acontecimientos se desarrollen con el mayor respeto posible a la institucionalidad de la nación.

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