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La memoria sin fin de Castellet gana el Nacional de las Letras

El editor y ensayista lamenta la falta de puentes entre Cataluña y España

"La supervivencia es una de las claves del éxito", respondía ayer socarrón y como podía el editor, ensayista y escritor Josep Maria Castellet entre el sinfín simultáneo de llamadas al móvil y al teléfono fijo de su casa. Intentaba atenderlas con la mano izquierda, fisurado como tiene el brazo derecho desde hace apenas cuatro días a causa de una caída que también dejó secuelas en su aguileña nariz. Pero ni así se camuflaba su alegría tras obtener el Premio Nacional de las Letras Españolas concedido ayer por el Ministerio de Cultura.

La ironía de Castellet (Barcelona, 1926) venía a cuento porque el galardón por el conjunto de su obra escrita -el más importante que concede el ministerio tras el Cervantes- le llega casi en momento de inventario vital. Coinciden en poco tiempo la aparición de su diario de 1973, hallado casi por azar hace tres años; la concesión del Premio Nacional de la Generalitat de 2009; la inminente donación de la mayor parte de su biblioteca y de las ricas fotografías profesionales; y la edición hace unos meses en español de su Seductores, ilustrados y visionarios (Anagrama), retrato exquisito de algunos de sus amigos de generación (Sacristán, Barral, Ferrater, Fuster, Comín y Terenci Moix). Un libro que junto a Los escenarios de la memoria (1988, que Anagrama reeditará en breve) y el viejo diario conforman su friso memorialístico. Tanto o más brillante que el ensayístico, con una cumbre ya mítica: la antología Nueve novísimos poetas españoles (1970).

"El premio lo dedicaría a García Hortelano, Barral y Gabriel Ferrater"

"Me construí con los otros: la generación de los 50 y con Rodoreda y Pla"

"Quiero ver también en el premio un reconocimiento generacional, triste porque muchos han fallecido ya", recordaba generoso Castellet, que no dudó en dar tres nombres a quienes dedicaría el galardón: "Juan García Hortelano y, sobre todo, a Carlos Barral y Gabriel Ferrater". Porque tiene para sí que como escritor y como persona se ha "construido con los otros: la generación de los 50 y escritores catalanes como Mercè Rodoreda y Josep Pla, decisivos en mi formación".

Pero el galardón apunta casi tan alto como el personaje, de siempre enjuto y suficientemente flexible de forma y fondo para hacer de puente entre los intelectuales catalanes y castellanos desde los años cincuenta. "El antifranquismo nos unía, pero con la democracia esas relaciones ya no parecían ni tan urgentes ni tan importantes". Pero la cosa ha degenerado más de lo previsto. Aunque, como reconoce que le dice una amiga psiquiatra su personalidad "tiende a la evitación del daño" y siempre le han interesado el flujo entre culturas -"deberían estar por encima de toda confrontación"-, hoy se muestra muy pesimista sobre esas relaciones. "Si no es entre amigos esto ya no existe y, la verdad, no le veo ninguna posibilidad de arreglo ni a medio plazo; esto se ha esconyat [jodido]". ¿Causas? "El desarrollo político del Estado español desde 1975 para acá y las políticas culturales de los dos bandos".

"No, no lo esperaba, la verdad, no puedo aspirar a algo más alto", iba comentando en voz baja a medida que le acudían a su privilegiada memoria ilustres predecesores en el galardón como Juan Goytisolo y Ferlosio, pero también J. V. Foix, Gimferrer, Coromines, Martí de Riquer, Matute, Perucho y Miquel Batllori.

Muy atento aún a todo, es capaz de hacer una instantánea de la narrativa castellana ("creo que es de normalidad en una cultura con gran riqueza histórica") y de la catalana ("marcha, que ya es mucho, con un aumento cuantitativo"). De esta última solo lamenta la "escasa recepción en el resto de España de los autores catalanes". No es su caso. Y como es de los que cree que "un editor debe dejar un álbum de lo que ha sido testigo", sigue afilando, a mano, los perfiles de Espriu, Porcel, Montserrat Roig... El elegante pozo de su memoria parece infinito.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 19 de noviembre de 2010