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Insertar válvulas en el pulmón tapona los escapes de aire

La técnica evita el fallecimiento de los pacientes con neumotórax persistente

A veces en medicina hay un momento en que se agotan los tratamientos y el facultativo solo puede esperar a que la enfermedad siga su curso. Hasta ahora los neumotórax persistentes (definidos por la presencia de aire que se escapa de los pulmones hacia la cavidad pleural) tenían un pronóstico fatal si no respondían a las terapias habituales. El Hospital Universitario de Bellvitge (Barcelona) ha probado con éxito en un paciente desahuciado unas válvulas intrabronquiales que han frenado por completo la salida de aire de los pulmones en los casos más complicados, por ejemplo con la aparición de fístulas. La técnica presenta dos apreciables ventajas. La primera es que las válvulas se introducen sin cirugía, mediante broncoscopia. Y la segunda, que pueden volverse a extraerse si finalmente cicatriza la fuga.

El paciente tipo podía ser el operado en el centro: un anciano de 88 años que había sido intervenido en tres ocasiones sin que los cirujanos torácicos hubieran podido taponar la fuga de aire a través de las bullas (pequeñas bolsas de aire que cuando se rompen provocan los neumotórax), habituales en los fumadores. Este hombre presentaba un neumotórax crónico además de enfisema pulmonar. A las dos semanas de la intervención fue dado de alta.

Este tipo de válvulas, de una aleación de níquel y aluminio y con un diámetro de menos de un centímetro, ya se implantaban para combatir un tipo de enfisema pulmonar. Sin embargo, en 2009, la Agencia del Medicamento de Estados Unidos (FDA, en sus siglas en inglés) amplió sus aplicaciones clínicas para los casos de neumotórax persistente, con inmejorables resultados. Ahora, esta técnica ha empezado a emplearse en España en el servicio de Neumología de Bellvitge. El jefe de la sección de endoscopia respiratoria, Antoni Rossell, presentó este procedimiento en el Congreso Europeo de Enfermedades Respiratorias celebrado en Barcelona.

Las causas de los neumotórax son varias. Las más habituales son las bullas que se rompen pero también pueden ser provocadas por traumatismos o tras una cirugía, por ejemplo, de cáncer de pulmón. Cuando se escapa aire desde el pulmón a través de la pleura y se comunica con la cavidad torácica, los pulmones se colapsan y dificultan la respiración. La primera opción de tratamiento consiste en drenar el aire de la cavidad pleural mediante un pequeño tubo que se introduce a través de una incisión intercostal. En la mayoría de los casos, las bullas acaban por cicatrizar. Cuando el neumotórax persiste más allá de siete o diez días se trata de una fístula broncopleural que no cierra. Por ello se deben iniciar tratamientos progresivamente más agresivos. El primero suele ser la introducción de talco por el tubo de drenaje porque es un mineral irritante que facilita la adherencia de la parte afectada del pulmón con la pleura. Pero algunos pacientes tampoco responden a este tratamiento, con lo que deben pasar por el quirófano.

Cuando se han agotado todas las vías, pueden implantarse estas válvulas. Primero, los médicos deben localizar las fugas de aire bronquio por bronquio. Una vez delimitadas, las válvulas se introducen plegadas mediante broncoscopia. Al llegar, se despliegan como un paraguas. El mecanismo no deja pasar el aire cuando se inspira pero sí cuando se espira, deshinchando así progresivamente el trozo de pulmón, con lo que la fístula se cierra.

El servicio de Neumología de Bellvitge estudiará si esta técnica podría aplicarse en estadios anteriores de la enfermedad, disminuyendo estancias hospitalarias y reduciendo las indicaciones de la cirugía torácica, siempre agresiva y con mayores riesgos de complicaciones posoperatorias.

La técnica es tan nueva que no hay un acuerdo sobre los beneficiarios potenciales.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 19 de octubre de 2010