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Irán expulsa a la corresponsal de EL PAÍS

El Gobierno de Ahmadineyad ha incrementado la censura y el control a los medios - La campaña a favor de Sakineh Ashtianí pone al régimen a la defensiva

Las autoridades iraníes cancelaron ayer el permiso de residencia de la corresponsal de EL PAÍS en Teherán, Ángeles Espinosa, y le dieron dos semanas para abandonar la República Islámica. La medida constituye otra prueba del nerviosismo del régimen ante las críticas. Espinosa, acreditada en Irán desde hace cinco años, fue detenida en Qom en julio tras entrevistar a Ahmad Montazerí, hijo del gran ayatolá disidente fallecido en 2009.. Desde entonces se le retiró la tarjeta de periodista.

"Los periodistas no tenemos libertad para salir de Teherán. Hay que solicitar permiso y nunca lo hubiera obtenido para esa entrevista", admite Espinosa. Tras una severa amonestación, la Oficina de Prensa Extranjera le dio a entender que recuperaría su tarjeta tras las vacaciones.

Irán es la mayor cárcel del mundo de periodistas y 'blogueros'

De vuelta en Teherán, la corresponsal trató de recobrar la acreditación, pero en lugar de eso se vio privada de su pasaporte durante tres semanas. En Irán, los extranjeros necesitan un visado de salida para abandonar el país y Espinosa no lograba que le estamparan ese sello, lo que la mantuvo en un limbo jurídico. Ayer le entregaron el pasaporte con el permiso de residencia cancelado y un tampón que le da hasta el día 24 para salir de Irán.

"Nadie me ha explicado nada. Desde que volví de vacaciones, el director general de Prensa Extranjera se ha negado a verme y el responsable de la oficina me dio a entender que no podía ayudarme, que las órdenes venían de otro lado", explica Espinosa. "A través de terceros me han hecho saber que la entrevista a Montazerí, quien criticaba al líder supremo, ha sido la gota que ha desbordado el vaso, pero que ya estaban muy molestos con mi trabajo desde las últimas elecciones y con la campaña de EL PAÍS en defensa de Sakineh Ashtianí".

La condena a morir lapidada impuesta a esa iraní ha movilizado a la comunidad internacional. Irán, uno de los pocos países del mundo que aún mantiene la lapidación en su código penal, ha tratado sin éxito de neutralizar ese nuevo golpe a su ya maltrecha imagen. "El nivel de tolerancia de la crítica se ha reducido considerablemente desde la llegada a la presidencia de Mahmud Ahmadineyad", asegura Espinosa. El año pasado, a raíz de las protestas con que los iraníes recibieron su reelección, Irán ya expulsó al corresponsal de la BBC y apremió la salida de periodistas que habían acudido a cubrir los comicios. Desde entonces, ha dado visados con cuentagotas y, lo que es más grave, ha aumentado la censura interna. No queda un solo periódico reformista en los quioscos y al menos medio centenar de periodistas iraníes se encuentran encarcelados, lo que según Reporteros Sin Fronteras, convierte a Irán en la mayor cárcel del mundo para los informadores. Aunque muchos periodistas independientes se refugiaron en los blogs, el régimen también ha aumentado el control de Internet y encarcelado a numerosos blogueros. Hace unos días, el conocido como padre de los blogs, Hosein Derakhshan, fue condenado a 19 años y seis meses de cárcel. A otra conocida bloguera , Hengame Shahidi, le ha sido denegada la atención médica que necesita en prisión.

La Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE) ha condenado la decisión de Irán y la considera "un castigo directo al trabajo de la periodista española, cuyas coberturas cumplen a rajatabla los principios de objetividad, calidad y compromiso ético de esta profesión".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 11 de octubre de 2010