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El rugido de Arthur Fils conquista el Godó

El francés, de 21 años y gran esperanza de su país, supera a Rublev en un desenlace que solo se avivó por deméritos propios en el tramo final: 6-2 y 7-6(2), tras 1h 40m

Fils celebra la victoria contra Rublev, este domingo en la central del RCTB.Joan Monfort (AP)

Calorcito, cielo y sol del Mediterráneo, la hermosa pista de Barcelona y la victoria ahí, tan cerca, a tiro. Acariciándola. En teoría, todo a pedir de boca para Arthur Fils, que lo tenía al alcance de la mano y por esos misterios inescrutables del tenis, ha terminado él solito enredándose entre sus propios nervios y lo dilata. Bastante más de lo previsto: 6-2 y 7-6(2), en 1h 40. Andrey Rublev, irreconocible, estaba aparentemente grogui, taciturno y sin el fuego que le caracteriza. Así que… “Es el mejor domingo posible, sin duda”, dice ya el campeón. “Pero también es cierto que al final podía haberlo hecho mucho mejor. No he sacado bien y he fallado golpes que no debía”, transmite el francés, segundo de su país que triunfa en Pedralbes tras Thierry Tulasne (1985).

Fils, o sinónimo de esperanza, la que albergan los suyos para terminar con una sequía que se prolonga durante más de cuatro décadas; en concreto, los 43 largos años que han transcurrido para la Patrie desde el título de Yannick Noah en París. Él es, pues, el clavo al que agarrarse para los franceses después de varios proyectos frustrados en su tenis masculino, deprimido: ni Richard Gasquet, ni Gael Monfils, ni Jo-Wilfred Tsonga. Ninguno pudo levantar un Grand Slam. Ahora se le señala a él, 21 años y 25º del mundo, un tenista que pega duro y ha vuelto tras una lesión de espalda que le alejó de las pistas ocho meses en 2025. ¿Soportará la terrible presión de Roland Garros hacia los suyos?

De momento, sonríe en Pedralbes, donde comenzó a contrapié y sorteando el abismo en la primera ronda; el martes anuló dos bolas de partido y partir de ahí, impuso una velocidad de crucero —pegada dura, contundente, plástica— que se llevó por delante a Brandon Nakashima, Lorenzo Musetti y Rafael Jódar, previo paso a la final. Al cierre, dominio y después temblores, pero aun así, llega a buen puerto. Recoge el testigo del danés Holger Runer, el vencedor de hace un año, y celebra el cuarto trofeo de su corta carrera tras los de Lyon, Hamburgo y Tokio; tres 500 ya en su mano, tres de los cuatro sobre tierra batida. Es el ganador con el ranking más bajo del torneo desde que el argentino Gastón Gaudio (62º) batiera a Albert Costa en 2022.

Dispone y ordena en el sorteo el gran Manolo Orantes, tenis de otra época. Poco o nada que ver con lo de hoy: fuerza, velocidad, potencia, la pelota dibujando trayectorias rectas. Es una final en la que escasea la muñeca y en la que ambos buscan con descaro el revés del rival, y por esa vía la envuelve mejor el francés, con bastante más picante. “¡Oooohhh!”, se oirá unas cuantas veces. No de la boca de Marcus Rashford, el extremo del Barça que observa imperturbable, detrás de unas gafas modernas, ¿artista, actor o futbolista?; tampoco se inmuta Jules Koundé, el tipo siempre tranquilo; y aplaude con ganas Dani Olmo (asiduo por aquí) ese magnífico globo cruzado de Fils que cae en el ángulo. “¡Bravo!”.

¿Dónde estaba Andrey?

Aunque logra la primera rotura el ruso, el galo va apoderándose poco a poco de la victoria con la misma medicina que probó el día anterior Rafael Jódar; es decir, más y más ritmo con el drive, trallazos devastadores que descascarillan de inmediato el ánimo durmiente de Rublev. A este no le gusta nada cómo van las cosas. Lógico. “¡Rublooo, espabila!”, le gritan. Pero nada, no termina de reaccionar. Inexpresivo, raro. Tal vez sea el buen camino, pero ese no es Rublev, o al menos no el de siempre, el incendiario; como si le hubieran robado el alma. Y al espejismo del principio le sucede la ofensiva creciente de Fils, cada vez más cómodo. Todo parece acompañarle.

Quizá esté ahí la oportunidad, con esas tres opciones de break que al final terminan yéndose al garete nada más comenzar la segunda manga. Pero ni por esas. Ni aspaviento ni raquetazo ni cortocircuito alguno. Bien, perfecto, pero, ¿dónde está Andrey? Un tenista tremendamente manso. O sea, no es él; de cuerpo presente, sí, pero mentalmente desconectado. Tal vez se quedó en el cruce del día anterior, obligado a remontar ante el serbio Medjedovic, o tal vez haya sido una mala noche. Correteaba antes por el jardín de la piscina para entrar en calor y resopla ahora el de Moscú, más bien inánime. Si no confía él, ¿cómo va hacerlo el resto? La grada lo ve claro: Fils, sí o sí. Está en su mano, desde luego. Pero debe finiquitarlo.

Entre una cosa y otra, probablemente por la extraña circunstancia del adversario y la tendencia anestesiada de la tarde, por esa agonía que transmite el pelirrojo y que al final le arrastra de la mano, le cuesta más de la cuenta hacerlo. El cuarto juego se dilata durante más de diez minutos y cuando parecía que la historia se acababa ahí, que de ninguna manera iba a lograr salvarlo, Rublev se sostiene. Es la ilógica del tenis, nada nuevo. Él, acorralado y sin chispa, fuera de su esencia, encuentra oxígeno en el apagón momentáneo del francés, quien con tres pelotas de partido en el bolsillo sestea, se pone nervioso y acaba metiéndose en un pequeño lío que resolverá gracias a un arrebato necesario.

Ver para creerlo, pero en contra de lo que podía suponerse, el pulso se enreda y se estira: del 5-2 y esas tres bolas al 5-6 y las urgencias. Sin embargo, Fils mantiene el tipo. Al parecer, tenía que ser así, con ese cosquilleo final; no sin esa última ráfaga que le corona y le inscribe por primera vez en el palmarés de un torneo que comenzó con la lesión de Carlos Alcaraz, continuó con el ilusionante recorrido de Rafael Jódar y que finaliza con él brazos en alto, viniendo a decir que, por qué no, tal vez pueda estar ahí y plantear batalla en Roland Garros. Argumentos no le faltan, pero sí continuidad. Repuesto de su lesión en la espalda, Francia cierra los ojos y fantasea: Fils, ¿creer o no creer?

A falta de alegrías, bien vale soñar.

“ALCARAZ ME PATEÓ EL TRASERO…”

ATENEA GARCÍA | Barcelona

“Estar de vuelta a este nivel significa mucho. Me siento muy bien”, expresó un Fils sonriente tras hacerse con su primer Godó. El francés estuvo ocho meses sin poder saltar a la pista debido a una fractura por estrés en una vértebra (L5), pero este domingo volvió a alzar un trofeo más de un año y medio después. “Puedo ir a más, puedo hacerlo mejor”, incidió.

El francés hizo un discurso autocrítico y asoció el desliz en la segunda manga a que todavía debe ganar experiencia a la hora de cerrar partido como este. “En esas situaciones es muy difícil mantener la misma actitud y mentalidad porque empiezas a pensar que vas a ganar”, explicó el campeón en la sala de conferencias.

Y prosiguió: “Los números dicen que jugué muy bien, pero a veces no es fácil interpretarlos; he fallado en algunas ocasiones y podría haber hecho un par de cosas mejor”, se sinceró, aunque también admitió que este fue su “mejor partido de la semana”, por encima del que había disputado la tarde anterior contra el madrileño Jódar.

El francés va aproximándose a su mejor nivel, pero al ser preguntado sobre si se ve cerca de Sinner y a Alcaraz, recordó entre risas: “La última vez que jugué contra Carlos, me pateó el trasero”. Fue en Doha, en febrero. “Tengo que ser humilde, jugar a mi manera y ya pensaré en los dos después…”. “Son grandes campeones. Tal vez algún día pueda compararme con ellos, pero, por ahora, no”, añadió.

El próximo destino de Fils es Madrid, donde también competirá Rublev o el estadounidense Ben Shelton, ganador en Múnich. El ruso aseguró que ya no piensa tanto a medio o largo plazo como en el “día a día”. “He dejado de tener expectativas”, señaló. “No pensaba en el marcador, sino en dar lo mejor de mí”, finalizó.

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