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Zapatero se compromete a mantener la reforma laboral pese a la huelga

Descarta una crisis de Gobierno en estos "meses decisivos", hasta febrero

José Luis Rodríguez Zapatero se comprometió ayer rotundamente a mantener la reforma laboral, aprobada el jueves en el Congreso, aunque culmine con éxito la huelga general que han convocado los sindicatos para el 29 de septiembre. Lo dijo en una entrevista concedida a la cadena SER en La Moncloa y, posteriormente, lo reiteró en una rueda de prensa con el secretario general de la OTAN, Anders Rasmussen.

El presidente del Gobierno argumentó que la "agenda de la reforma se va a cumplir" porque "si no se procede a estos cambios en el mercado de trabajo, no saldremos con fuerza de la crisis y no garantizaremos el bienestar de mañana". Redondeó su convicción con el argumento de que España, tanto en esta crisis como en las anteriores, es el país de Europa que más empleo ha destruido.

Asegura que el Ejecutivo no se plantea nuevos recortes

"No siento que haya traicionado mis principios", afirmó el presidente

La consecución de las reformas -como la laboral, junto a la de las pensiones y la energética-, así como de los Presupuestos Generales del Estado son el núcleo principal de la hoja de ruta que se ha trazado hasta enero y febrero, el momento en que calcula que empezará la recuperación. Por eso dijo con rotundidad: "No siento que haya traicionado mis principios sobre la reforma laboral". Hasta ese momento, enero o febrero, no se plantea una remodelación del Gobierno, ni siquiera con la próxima salida del titular de Trabajo, Celestino Corbacho, porque su Gabinete está concentrado en la salida de la crisis en unos meses en los que "España se juega su futuro económico para 20 años". "El Gobierno está preparado para esa tarea y cualquier elemento que pudiera alterar el área económica nos haría perder tiempo y no me parece lo más adecuado", dijo.

Zapatero sigue tratando de administrar sus tiempos políticos y precisó que ha aplazado al año que viene su decisión de presentarse o no a las elecciones generales de 2012. "Mi decisión llegará cuando tenga que llegar. El año que viene hablaremos", dijo. De la entrevista no se desprendió una conclusión sobre su futuro. Por un lado, presumió de tener "ánimo y fuerza como el primer día". Pero por otro dejó abierta la puerta de salida en espera de la evolución de la situación política y económica.

Aclaró que no tiene intención de proceder a nuevos recortes para reducir el déficit, como la congelación de las pensiones y la bajada del sueldo de los funcionarios. También recordó que tampoco tenía previsto hacerlo, pero que el ataque de los mercados en mayo le obligó a realizar aquel "viraje" en la política económica.

Del mismo modo, explicó las "rectificaciones" del Gobierno, con el reciente aumento de las partidas presupuestarias para infraestructuras y Ayuntamientos, tras el drástico recorte de mayo. "Sería absurdo ir a piñón fijo cuando la economía es cambiante. El Gobierno evalúa la situación. No va con un GPS fijo".

Sobre la negociación presupuestaria con el PNV, confió en que se cierre con un acuerdo. En cuanto a las elecciones catalanas, admitió que el PSC parte "con cierta modestia", pero que lo hace con "una marca de seriedad, que es la del presidente José Montilla".

Aseguró no tener "información cierta" sobre ETA, lo que le hace desconfiar de sus intenciones con el último comunicado de alto el fuego.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 11 de septiembre de 2010