Consecuencias del fallo del Estatuto

¿Qué le pasa a Cataluña?

La sociedad catalana recibe hastiada y molesta el fallo

Desde que José Luis Rodríguez Zapatero se comprometiera a apoyar el estatuto que aprobara el parlamento catalán hasta el "objetivo cumplido" del presidente tras conocer la sentencia del Tribunal Constitucional ha llovido mucho sobre Cataluña. A menudo incluso clavos, insultos y hasta un boicoteo comercial. El proceso deja como herencia siete años de crispación política, un alejamiento creciente entre Cataluña y el resto de España y el colapso del primer gobierno de izquierdas que ha comandado esta comunidad en 23 años, el de Pasqual Maragall.

Cataluña está cansada. Y nadie, ni los más firmes defensores del texto, ni los que abogaban por su aniquilación total, parece haber quedado satisfecho con la sentencia. En la sociedad civil domina la tesis de que los políticos no han sabido enfocar el proceso y la incomprensión por el hecho de que un tribunal que juzgan "político" haya retocado lo que el pueblo votó.

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"Han recortado algunas partes fundamentales, pero no ha sido un desastre", asegura el ex piloto de Fórmula 1 y piloto de pruebas de Ferrari, Marc Gené. El deportista no comparte los retoques impuestos por el Constitucional, especialmente en lo referente a la lengua catalana, que no podrá ser el idioma preferente de administración y medios públicos. "Ahí es donde más sufriremos, porque el catalán debería ser protegido y considerado lengua preferencial en todos los ámbitos". Gené resume así un sentir que los catalanes imprimen en casi todas las encuestas: "Siempre he sido partidario de una Cataluña potente pero integrada en España, aunque manteniendo todos los elementos de su propia identidad".

Se impone la teoría de que el proceso descarriló desde el comienzo por la torpeza de los políticos, y nadie distingue entre los de uno y otro signo. "Todo el proceso ha sido un fiasco", asegura el artista Francesc Torres, que enumera todos los errores cometidos desde el compromiso inicial de Zapatero, hasta el fallo de un tribunal "que no ha hecho una sentencia neutra, sino política y con varios de sus miembros con el mandato caducado".

Más allá de los políticos, el mundo económico es el que más de cerca ha vivido todo el proceso. Todos los empresarios con una cartera de clientes más o menos potente en el resto de España recuerdan bien el boicoteo comercial a los productos catalanes que se extendió como la pólvora por los foros de internet entre 2005 y 2007 auspiciado por varios medios de la derecha y en ocasiones aplaudido por sectores del PP. Fue un desastre, especialmente para algunas entidades de crédito con sede en Cataluña y para sectores concretos como el del cava, muy dependientes del mercado español. El boicoteo es historia, pero el miedo a que se repita explica que la mayor parte de empresarios consultados para este reportaje hayan declinado hablar. "La situación económica ya está suficientemente mal", argumentan.

Los pocos que se deciden a hablar lo hacen por pura militancia o porque así se lo recomiendan los códigos de responsabilidad social de sus empresas. En el mundo de las pymes abundan, aunque en privado, opiniones como la de Joaquim Trias, presidente de Galletas Trias. "La gestación del nuevo Estatuto ha estado marcada más por los intereses electorales que por el bien del país", afirma este empresario. "La sentencia del Constitucional sigue el antiguo criterio del atado y bien atado del franquismo que, a pesar de tenerlo que acatar no podemos dejar de combatir", explica este empresario.

Otros lamentan los niveles de enfrentamiento al que se ha llegado. "Ha sido un proceso triste, donde todos los protagonistas han perdido credibilidad llevados por una espiral de enfrentamiento más que de consenso o ilusión", afirma Xavier Torra, presidente de Simon Holding, dedicada a la instalación eléctrica en todo el mundo. Más que el encaje entre Cataluña y el resto de España, este empresario considera que no se ha resuelto bien un aspecto vital para la economía, como es la agilidad administrativa. "No hemos encontrado en ninguna parte, ni siquiera en la Unión Europea, los caminos ágiles para hacer compatibles los gobiernos pequeños o locales con los gobiernos estatales, en un mundo cuya globalidad pide visiones más amplias y ágiles".

La mayor parte de empresarios declinan por completo entrar en el contenido del Estatuto. Todos recuerdan bien como el presidente de Fomento del Trabajo, Joan Rosell, poco sospechoso de abrazar tesis soberanistas, quedó relegado en la pugna para sustituir a José María Cuevas al frente de la CEOE por culpa, aseguran, de haberse posicionado a favor del Estatuto. "Y no es que defendiera tal artículo o tal otro, ¡simplemente firmó un manifiesto a favor de un nuevo Estatuto para Cataluña!" recuerdan fuentes empresariales.

El futuro se vislumbra con preocupación, sobretodo entre la pequeña y mediana empresa, y no solo por los rigores de la crisis económica. Joaquim Trias es pesimista: "Las consecuencias de la sentencia serán negativas para Cataluña, ya que seguirá sometida al expolio fiscal. Socialmente puede ser positiva si provoca una reacción en la sociedad catalana y se da cuenta de que somos considerados una colonia". Xavier Torra, de Simon, es mucho más pragmático. "Cataluña dependerá tanto con el viejo como con el nuevo Estatuto, de ella misma, del impulso y la ilusión de su gente y de sus gobernantes. Más allá de las leyes, que son siempre circunstanciales, lo importante es la fuerza del país".

También existe un clamor para pasar página al asunto. No para olvidar o para relativizar una sentencia que creen grave y fuera de lugar, pero sí para mirar adelante. "¡La situación ha sido tan mala!", se lamenta Borja Corcóstegui, oftalmólogo y director del Instituto de Microcirugía Ocular de Barcelona. Corcóstegui opina que "la mayoría de catalanes está a favor del Estatuto", aunque cree que es hora de mirar hacia delante y aprovechar que en el resto de España "la gente valora mucho a Cataluña". "Algo cambiará. No queda otra que acatar la sentencia, guste o no". Pasar página y aprovechar el potencial de la sociedad catalana.

Alfonso López, presidente de Amnistía Internacional España cree que los catalanes son "muy activos" y confía en que su reacción al Estatuto sea paralela a la ayuda que prestan en su organización. La manifestación del próximo 10 de julio marcará el pulso de la reacción de la sociedad catalana. Indignados con la sentencia, fatigados con los políticos, el artista y poeta Perejaume resume un sentimiento cada vez más común: "Cada rincón del mundo está lleno de cultura. Ninguna cultura es intrínsecamente mejor que ninguna otra. Cualquier agresión de una cultura hacia otra es una señal de incivismo. Adéu Espanya".

Información elaborada por: Marta Costa-Pau, Cristina Delgado, Miquel Noguer, Maiol Roger, Catalina Serra, Manel Serras.

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 04 de julio de 2010.

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