Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

Adiós a la escultura de todo un siglo

La artista Louise Bourgeois fallece en Nueva York a los 98 años

Louise Bourgeois, una de las artistas más importantes e influyentes de los últimos 100 años falleció ayer en Manhattan, a los 98 años. Trabajó hasta el último momento, de la misma manera que, salvo cuando se lo impedía su delicado estado de salud, mantuvo abierto su salón dominical, en el que recibía a jóvenes artistas, en su viejo caserón de Chelsea. Un ataque al corazón motivó su internamiento el sábado pasado en el centro médico Beth Israel de Manhattan.

Su evolución estilística es muy difícil de resumir, pues abarca tendencias muy dispares y no encaja en categorías preconcebidas.

Entre sus influencias más inmediatamente detectables figuran las del surrealismo, el primitivismo y la escultura modernista de artistas como Alberto Giacometti y Constantin Brancusi.

MÁS INFORMACIÓN

Louise Joséphine Bourgeois nació en París el día de Navidad de 1911, la segunda de los tres hijos de Josephine Fauriaux y Louis Bourgeois. Cuando tenía ocho años, sus padres adquirieron una propiedad a orillas del Biévre, río de aguas ricas en taninos, muy apreciadas para teñir telas para tapices. Los primeros en ver florecer su capacidad artística fueron maestros tapiceros. Ellos le encargaron sus primeros dibujos, cuando tenía apenas 12 años de edad. Durante los años escolares mostró una enorme inclinación por el estudio de la geometría, aspecto que dejó huella en su obra. Vivió en Paris hasta 1938, año en que contrajo matrimonio con Robert Goldwater, conocido historiador del arte, y se trasladó a Nueva York con carácter permanente.

Inmediatamente, se integró en los circuitos artísticos de la ciudad, iniciándose en un lentísimo proceso de indagación durante el cual, por fortuna para ella, no la buscaron ni la fama ni el éxito, siendo prácticamente desconocida para el gran público hasta los 70 años, cuando tuvo lugar su primera exposición, en el MoMA. Fue la primera mujer a la que el prestigioso museo dedicó una retrospectiva.

Llegó a la escultura tras una intensa inmersión en los principales movimientos pictóricos que habían llegado a Estados Unidos procedentes de todo el mundo, o bien habían surgido allí, desde la abstracción biomórfica hasta el automatismo surrealista.

La suya no era una obra fácil, invitaba al espectador a sumergirse con ella en las profundidades de su personalidad, y el viaje entrañaba riesgos. Hasta los críticos a quienes se les atragantaba la palabra, como Robert Hughes, le aplicaron el término feminista con respeto, aunque sea siempre difícil manejar la etiqueta con inteligencia. Lo que hacía era sumergirse en el enigma de la sexualidad, explorando sus símbolos directamente, exponiéndolos y yuxtaponiéndolos, hasta que logró encontrar un lenguaje simbólico muy personal que le ayudó a canalizar sucesos traumáticos de su biografía.

Ahí está la clave de su misteriosa capacidad para conectar con el espectador, en su sabiduría a la hora de dar forma artística a traumas como la infidelidad de su padre con su institutriz inglesa, que dio lugar a un odio que le hizo rozar en el plano artístico la fantasía del asesinato. Fraguaba así sentimientos profundos, conectados con momentos clave, que unían el nacimiento y la muerte a través de la sexualidad, rompiendo la distancia entre el cuerpo masculino y el femenino, buscando en sus representaciones la expresión de genitales dobles y otros símbolos perturbadores difíciles de traducir a un lenguaje cotidiano.

En años recientes, los museos más importantes del mundo le dedicaron amplias retrospectivas: Tate Modern de Londres, el Georges Pompidou de Parísand, el Guggenheim de Nueva York, el Rijksmuseum de Holanda y el Reina Sofía, de Madrid.

El magnetismo que ejercía sobre los jóvenes que la buscaban se puede explicar por las palabras que les decía, y que no eran otras que las que se había dicho desde siempre a sí misma: "Cuenta tu propia historia y serás interesante. No sucumbas a la verde enfermedad de la envidia. No te dejes engañar por el éxito, la fama y el dinero. No permitas que nada se interponga entre tu obra y tú".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 1 de junio de 2010