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Crítica:

La desaparición

En Fin, de David Monteagudo, una de las novelas revelación de esta temporada, un grupo de amigos se reúne en un refugio rural para acabar enfrentándose a una implacable mecánica de desapariciones sucesivas. Las estrategias de la literatura de género se ponen al servicio de otra cosa, que prefiere dejar abiertos los márgenes de ambigüedad y apunta como tema de fondo a una desaparición capaz de pasar inadvertida a los personajes: la muerte del afecto. A propósito de Elly, que le valió a su director Asghar Farhadi el Oso de Plata a la mejor dirección en el Festival de Berlín de 2009, tiene, salvando todas las distancias culturales que sean precisas, algo en común con Fin y, probablemente, sea lo más parecido que un espectador occidental pueda encontrar a una película iraní con la declarada voluntad de convertirse en producto exportable más allá de los circuitos de exhibición especializados. A propósito de Elly es, por más de un motivo, una anomalía digna de estudio.

A PROPÓSITO DE ELLY

Dirección: Asghar Farhadi. Intérpretes: T. Alidoosti, G. Farahani.

Género: drama. Irán, 2009.

Duración: 119 minutos.

Bendecida por el presidente Ahmadineyad, la película de Farhadi no es, pues, ningún ejemplo paradigmático de arte disidente, pero sí un trabajo capaz de manejar con habilidad inesperados recursos de género y de radiografiar, quizá sin pretenderlo, un estado moral claustrofóbico. Resulta interesante preguntarse si Farhadi ha tenido presente La aventura, de Antonioni, a la hora de articular este retrato de grupo frente al mar, donde una desaparición desvelará fisuras y permitirá extraer conclusiones acerca de la posición de la mujer en una sociedad regida por códigos paralizantes.

A propósito de Elly estudia a un grupo humano perteneciente a un ámbito social -el de la clase media alta- que no suele ocupar el centro del plano en el cine iraní que accede a nuestro mercado y emplea a fondo el suspense como no menos inesperada herramienta narrativa. La cristalina puesta en escena de Farhadi obtiene sus resultados más eficaces cuando transmite la fisicidad de la angustia en el proceso de rescate de un cuerpo en un mar embravecido o en la secuencia en que la cámara sigue, con pudor, al aturdido novio de la desaparecida hacia el exterior de la casa tras una dolorosa conversación.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 21 de mayo de 2010