El 'caso Garzón' desata en el Congreso una bronca colosal entre PP y PSOE

Los populares acusan al Gobierno de desestabilizar instituciones "como en el 11-M"

"Ustedes son afligidos de conveniencia", le dijo el ministro de Justicia, Francisco Caamaño, a un diputado del PP antes de recibir con un saludo casi torero los aplausos de los bancos socialistas. El ministro definía así la situación por la cual el PP se hace el ofendido y sale en defensa del Tribunal Supremo, después de haber arremetido contra jueces que investigan sus casos de corrupción y contra la policía, bajo la acusación de fabricar pruebas falsas. Seis ministros recibieron ayer preguntas sobre los actos de apoyo al juez Garzón cargadas de acusaciones de supuestos ataques al Supremo. Y desde el banco azul voló el argumento de que el PP lo hace para tapar sus casos de corrupción y para acabar con el juez que destapó la trama Gürtel, a costa de jalear que se juzgue a quien quiere investigar los crímenes del franquismo. Entre las ganas de hacer ruido del PP y la consigna de los ministros para responder sin miramientos, el resultado fue una de las sesiones más ásperas e irrespetuosas de los últimos años.

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"Animan a la confrontación y desestabilizan instituciones para esconder su fracaso político y mantenerse en el poder a costa de lo que sea, como hicieron para llegar", llegó a decir el diputado del PP, Juan José Matarí, equiparando las críticas al Tribunal Supremo por su proceso a Garzón con el 11-M. El intercambio de bofetadas políticas salpica al Tribunal Constitucional y al Supremo. Ayer se escuchó a diputados del PP asegurar que desde el Gobierno hay una "sucia campaña" de coacciones al Supremo. Y se oyó a ministros acusar al principal partido de la oposición de alinearse con Falange. De lado a lado del hemiciclo volaron las acusaciones de falta de respeto a la democracia y las instituciones cayeron sobre las cabezas de sus señorías. A la crisis económica la tapó la crisis institucional. El efecto placebo del Pacto de Zurbano ha hecho que el PP deje de centrarse en la economía como principal arma política. Sólo Rajoy siguió con el tema en su pregunta al presidente, pero con menos virulencia, y Sáenz de Santamaría dejó de lado a Salgado para volver a dirigir sus dardos sobre Fernández de la Vega por poner en marcha esa "acción, si no colectiva, sí coordinada". El Gobierno respaldó reiteradamente al secretario de Estado de Política territorial, Gaspar Zarrías, que asistió a un acto de apoyo a Garzón en el que oradores descalificaron al Supremo.

De todos los ministros que respondieron el más duro fue José Blanco, que mantuvo que por ahora va ganando la Falange en el proceso contra Garzón y que el PP se pone de parte del partido ultraderechista. "No entiendo que ustedes levanten una cortina de humo cuando han emprendido una cruzada contra Garzón por haber destapado un escándalo que afecta a su partido", dijo.

"Ustedes atacan a las instituciones democráticas básicas pero el caso Gürtel no es de la policía, ni de los jueces ni de los fiscales, sino del PP. Los que se saltan a la torera el Estado de derecho son los que meten la mano en la caja y cogen el dinero público que es de todos", dijo Manuel Chaves.

Y los diputados del PP no se cortaron en acusar al Gobierno de complicidad en las calumnias: "Zapatero es incapaz de asumir el pacto constitucional de 1978"; y "el Gobierno es bravucón, irresponsable, radical y sectario y está obsesionado por resucitar el fantasma de las dos Españas".

Zapatero y Rajoy, ayer en el Congreso durante su intervención en la sesión de control al Gobierno.
Zapatero y Rajoy, ayer en el Congreso durante su intervención en la sesión de control al Gobierno.ULY MARTÍN

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