Reportaje:LIBROS

Reparar una injusticia novelesca

En qué se diferencian las dos listas de escritores que figuran en la parte inferior derecha de esta página?

La respuesta (muchos de ustedes habrán caído en la cuenta) es que los escritores que aparecen en la primera lista obtuvieron el Premio Nobel de Literatura y los que aparecen en la segunda no. Hay una diferencia adicional: la nómina de autores que fueron galardonados con el Nobel incluye a varios escritores mediocres, mientras que la otra está formada exclusivamente por escritores cuyo talento es incuestionable.

¿Cómo actúa el paso del tiempo sobre la valoración de las obras literarias? ¿Quién está destinado a caer en el olvido? En 1904, estando aún vivo Benito Pérez Galdós, uno de los mejores novelistas que jamás ha dado España, el premio recayó en José Echegaray. El juicio de nuestros contemporáneos no es siempre equilibrado, pero el misterio de la gran literatura estriba en que, aunque sus obras no siempre resulten accesibles, no hay mejor cronista de la condición humana que un gran escritor. Las obras maestras de la literatura nos permiten entender mejor nuestro tiempo, la sociedad en la que vivimos, los conflictos que asolan nuestra existencia. Se diga lo que se diga, la gente sigue y seguirá leyendo, como demuestran los millones de ejemplares que venden los autores de best sellers, aunque lo que escriben Dan Brown, John Grisham, Stieg Larsson, Carlos Ruiz Zafón, o J. K. Rowling no es exactamente literatura. Escritores que, además de hacer gran literatura, venden millones de ejemplares, como García Márquez o Naguib Mahfuz, hay muy pocos. Lo logran porque, además de que su obra está rodeada de un aura de prestigio de la que los lectores se quieren contagiar, poseen el don de la accesibilidad, lo cual produce un milagro de comunicación en el que lo que se transmite es arte de verdad. Pero no siempre es así. Con autores como Robert Musil, Jorge Luis Borges, Thomas Mann o William Faulkner, la cosa cambia. Muchas de las cumbres de la literatura universal se lo ponen difícil al lector de a pie. Es una verdad incómoda, pero obras como el Ulises, La montaña mágica, La divina comedia o En busca del tiempo perdido tienen pocos lectores.

Escritores que, además de hacer gran literatura, venden millones de ejemplares, como García Márquez o Naguib Mahfuz, hay muy pocos
Un jurado ha seleccionado seis obras finalistas. Ahora el fallo no depende de ningún experto, sino del verdadero protagonista: el lector
Este año surgió la idea de efectuar una convocatoria especial para las novelas que jamás pudieron presentarse

Todo esto suena un poco a elitismo, pero no lo es. En el fondo, la gran literatura aspira a ser democrática. Por eso resultan gratificantes iniciativas como la convocatoria del Booker Perdido, cuyo objeto es acercar la buena literatura al mayor número de gente y rectificar una injusticia histórica. El Premio Booker, uno de los más prestigiosos del mundo anglosajón, se fundó en 1969. Entre sus ganadores figuran un buen número de premios Nobel, como V. S. Naipaul, Nadine Gordimer, William Golding y J. M. Coetzee, además de otros escritores de gran calibre, como Salman Rushdie, Michael Ondatjee, Margaret Atwood o John Banville.

La injusticia que se trata de reparar se cometió hace 40 años, con motivo de la segunda edición del premio. Como consecuencia de la modificación de las normas que regulaban la manera de presentarse al mismo, éste dejó de tener carácter retroactivo. La extraordinaria producción novelística publicada en 1970 en el mundo anglosajón quedó automáticamente fuera de competición. A nadie se le pasó por la cabeza hacer nada al respecto hasta que a principios de este año surgió la idea de efectuar una convocatoria especial para las novelas que jamás pudieron presentarse. A fin de establecer un vínculo más íntimo con las obras aspirantes al Booker Perdido, se constituyó un jurado cuyos miembros habían nacido el mismo año en que se produjo el vacío: 1970. Tras un largo proceso de selección que redujo el número de novelas candidatas a un total de 21 títulos, hace unas semanas se hizo pública la lista de las seis obras finalistas. He aquí su relación:

1. Ahora que vuelve a estar en boga el género histórico, resulta interesante rescatar a una de sus maestras absolutas: Mary Renault (1905-1983). Autora de narraciones más convencionales, su verdadera contribución a la literatura la constituyen sus novelas ambientadas en la Grecia clásica, entre las que destaca la trilogía que dedicó a la figura de Alejandro Magno. Pocos autores, hombres o mujeres, han examinado la homosexualidad masculina con más sagacidad que ella. La novela con que aspira al Booker Perdido, Fuego del cielo, es una invitación a tirar por la borda todos los prejuicios contra la novela histórica.

2. Nacida en Sidney en 1931, uno de los rasgos más llamativos de Shirley Hazzard es la increíble lentitud con que gesta sus novelas. Entre Tránsito de Venus, su mejor obra, y El gran incendio, su última novela, publicada cuando contaba 72 años de edad, transcurrieron 23 años. Muy amiga de Graham Greene, publicó un libro sobre él. Los críticos destacan la singular capacidad de Hazzard para adentrarse en el laberinto de las relaciones humanas. La bahía de Nápoles, obra con la que compite por el Booker Perdido, es una novela corta que aborda magistralmente el misterio de la atracción sexual.

3. Londinense de 85 años, Nina Bawden es autora de más de 40 libros. Conocida por sus libros para niños, algunos de sus títulos están considerados obras maestras. Sus novelas para adultos dan la sensación de estar escritas por otra persona. Finalista del premio dos veces, la novela con la que opta al Booker Perdido, titulada Árboles llenos de pájaros, es una dura historia de drogas, infidelidad y esquizofrenia que reconstruye con pasmosa lucidez el ambiente de Hampstead en los años sesenta.

4. El anglo-irlandés James G. Farrell (1935-1979) es autor de un brillante corpus novelístico en el que destaca su Trilogía del Imperio, sagaz análisis de la caída del poder colonial británico. En 1973 ganó el Booker con el segundo volumen de la trilogía, El sitio de Krishnapur, considerada una de las mejores novelas inglesas de su época. Opta al premio con Troubles, primer volumen de la trilogía. De prosa desnuda, salpicada de toques de humor negro, resulta imposible dejar de leerlo.

5. Sin duda, uno de los grandes nombres de la literatura británica de la segunda mitad del siglo XX, la escocesa Muriel Spark (1918-2006) obtuvo en vida toda suerte de premios, salvo el Booker, al que opta ahora por tercera vez. Dama de la Orden del Imperio Británico y, como Graham Greene, católica conversa, durante años el genial novelista le enviaba vino y dinero, poniendo a cambio una condición: que "jamás se le ocurriera rezar por él". El asiento de la muerte, candidata al Booker Perdido, novela de apenas 100 páginas (distancia en la que nadie la supera), es una obra maestra disfrazada de thriller psicológico.

6. Al australiano Patrick White (1912-1990) le repugnaban la fama y los premios literarios, con excepción del Nobel, que le fue concedido en 1973. No acudió a recogerlo y destinó su dotación económica a la creación de una fundación literaria. Opta al premio con El vivisector, extraña novela semiautobiográfica, de prosa hiriente, en la que se refleja su pasión por la pintura. Por sus páginas desfila, entre otros artistas reales, su amigo Francis Bacon. El libro lleva a cabo una dolorosa vivisección de lo que significa entregar la vida a cualquier forma de pasión creadora.

La labor del jurado termina aquí. A partir de ahora, los lectores tienen la palabra. Para votar hay que entrar en la página web del premio. El título de la novela ganadora del Booker Perdido se dará a conocer el próximo 19 de mayo. La elección está resultando sumamente reñida, dada la calidad de las obras que compiten por el premio. Una breve incursión en la Red permite comprobar que hay un número considerable de personas que están leyendo las seis novelas con pasión efervescente. La situación, en todo caso, es insólita: se trata de poner al azar en su sitio, rectificando un error histórico, y aunque hablamos de gran literatura, el fallo no depende de ningún experto, sino del verdadero protagonista del pacto literario: el lector de a pie. 

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Logo elpais

Ya no dispones de más artículos gratis este mes

Suscríbete para seguir leyendo

Descubre las promociones disponibles

Suscríbete

Ya tengo una suscripción