Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Entrevista:BELLEZA

La heredera

La nieta de Estée Lauder, Aerin, mantiene vivo el legado de una reina de la cosmética estadounidense hecha a sí misma. Para celebrar un nuevo perfume de su línea Private Collection nos abre las puertas de la casa de su abuela.

Era una caja de madera cuadrada con media docena de pequeños frascos de cristal. Proyectos de esencias que nunca vieron la luz. Vías muertas. Pero una de ellas, le pareció a Aerin, guiaba a un camino que todavía podía recorrerse. Aerin Lauder, vicepresidenta y directora creativa de la marca de cosméticos que su abuela Estée fundó en 1946, estaba buscando el tercer perfume para su línea Private Collection, nacida en 2007. Aromas exquisitos y limitados, en suntuosos envases, inspirados por las fragancias que su abuela se reservaba para sí misma y sus amigas.

La botellita que captó la atención de Aerin contenía el germen de Jasmine White Moss y era un proyecto que su abuela -que murió en 2004- abandonó a finales de los años ochenta. "En cuanto lo descubrí, me pareció increíble", explica. "Es muy fresco, muy moderno. Además era el complemento perfecto para las dos referencias anteriores. Más verde y ligeramente fino. Me emocionó comprobar el increíble talento de mi abuela. Capaz de crear algo que, incluso después de 20 años, sigue oliendo tan bien". 

"Hago bien mi trabajo. Mi vida como madre está muy separada de de mis tareas como imagen de la marca"

La historia del perfume perdido y luego encontrado encaja a la perfección con la filosofía de Private Collection, llamada a enfatizar el legado familiar de un gigante de la cosmética. Estée Lauder se ha convertido en un grupo (Estée Lauder Companies) cuyas ventas alcanzan los 7.300 millones de dólares (unos 5.400 millones de euros) gracias a las 27 marcas que posee. Entre ellas, además de Lauder, Clinique, MAC, Aveda, La Mer o los perfumes de Donna Karan y Tom Ford.

Un gigantesco engranaje que para este lanzamiento se aparca un tanto. Se busca un tono más íntimo. De ahí que la presentación convoque a una veintena de periodistas internacionales a un cóctel en la antigua casa de la abuela. La fotógrafa del evento es la misma que hizo el álbum de Jane, la hermana pequeña de Aerin, y el catering procede de Mortimer's. El restaurante favorito de Estée, que ya ni siquiera existe. "Pero siguen vivos muchos de los que trabajaban allí y tienen las recetas", según su nieta. 

En los antiguos salones de Estée hoy descansa una (pequeña) parte de la colección de arte de Ronald, su hijo. Que fue embajador en Austria en la era Reagan y un aspirante a alcalde de Nueva York al que Rudolph Giuliani batió en las primarias. Es también el padre de Aerin y quien la flanquea, mientras ella -eterna princesa del Upper East Side, a pesar de tener 39 años y dos hijos- sonríe a sus invitados. Al otro lado, su tío Leonard, presidente honorífico de Estée Lauder Companies, y su hijo William, consejero y director ejecutivo del grupo. Si a la abuela, hija de inmigrantes de Queens, le costó ser aceptada por la alta sociedad neoyorquina en los años cuarenta, a la nieta lo que le sería difícil es quitársela de encima. 

"Estée era muy apasionada y trabajaba con ahínco", explica Aerin. "No le regalaron el respeto ni la posición que consiguió. Por eso yo, como miembro de la familia, siento la responsabilidad de tomar el relevo para que esté orgullosa. Es importante que perpetúe sus logros, tal y como ella quería. Lo que hace única a Estée Lauder como corporación es que tiene una familia detrás, que tiene alma. Cuando salgo de la oficina y me voy a mi casa, mi nombre sigue estando en todos los envases. Eso supone una presión e implicación únicas". 

Al estar la familia y el negocio tan relacionados, ¿tuvo la opción de no entrar en la empresa? Sí, sin duda. Pero me moría de ganas de estar aquí. Mientras estudiaba, ya trabajaba en verano para Clinique. Todo el mundo ha estado siempre muy implicado. Eso es todo lo que conozco.

Cuando su tío le tiene que pedir cuentas por algo que no ha salido bien, ¿lo hace? Sí, sí. Si piensa que algo no está bien, lo dice. Y no cabe duda de que me encanta oír sus comentarios. Aunque ahora se centra mucho más en el conjunto. John Dempsey [presidente de grupo de Estée Lauder Companies] es el que se ocupa más del día a día conmigo. 

A usted se le atribuye el fichaje de personajes con 'glamour' como Tom Ford o Gwyneth Paltrow. ¿Fue idea suya? Me impliqué mucho en esas decisiones. Necesitábamos una cara conocida que encajara con la marca, y Gwyneth era perfecta. De Tom Ford soy amiga, y él quería hacer una fragancia. Pero somos un equipo muy grande que está constantemente sugiriendo ideas.

¿Le tienta ocuparse de otras marcas del grupo, además de Estée Lauder, en el futuro? Estaría bien hacerme cargo de otra marca a largo plazo, pero de momento estoy contenta. Mis hijos son pequeños y ahora mismo tengo ya la agenda muy apretada.

¿Le gustaría que sus hijos entraran en el negocio familiar? Depende de ellos. No sé. Todavía no lo sé decir.

Distinguir la frontera entre lo público y lo privado en Lauder no siempre es fácil. Aerin es una mujer tímida y reservada, pero cuyo rostro decora las perfumerías de medio mundo. Las historias sobre su abuela nutren páginas y envases. Igual que las fotografías de los azules salones de la casa de campo de Long Island, que Aerin ha redecorado. Pero de sus hijos, Will y Jack, no se revelan los rostros. "Hago bien mi trabajo", dice Aerin. "Mi marido y yo no nos hacemos fotos con los niños ni los llevamos a actos públicos. Mi vida como madre está muy separada de mis tareas como imagen de la marca". 

Además de por los cosméticos, la familia es famosa por su vinculación al arte. Ronald S. Lauder fundó en 2001 la Neue Gallerie de Manhattan. Un museo dedicado al arte austriaco y alemán que alberga la mayor colección de Egon Schiele. Aunque desde 2006 la joya de la corona es el Retrato de Adele Bloch-Bauer. Obra de 1907 de Gustav Klimt por la que Ronald S. Lauder pagó 135 millones de dólares (unos 100 millones de euros). En aquel momento, la cifra más alta alcanzada por una pintura. Y la madre de Aerin, Jo Carole, es un miembro activo de varios comités del MOMA. "Me he criado rodeada de arte", explica. "De hecho, el primer recuerdo que tengo de mi padre está relacionado con él. Era pequeña y no podía dormir. Me sacó de la cuna y me llevó de un lado a otro del pasillo de nuestro apartamento, explicándome todas las piezas". Para potenciar esa sensibilidad en sus hijos, Aerin enmarca algunos de sus dibujos infantiles como si fueran obras maestras de la pintura y las cuelga en el salón junto a ellas. 

Con el pelo suelto, sin joyas ni alardes de maquillaje, Aerin Lauder transmite una sensación de naturalidad mucho mayor de lo que cabría esperar de una gran heredera estadounidense. O, tal vez, exactamente la misma. En la larga tradición literaria de la elegancia deportiva americana, Lauder huye del artificio. Incluso cuando está presentando un producto deliberadamente lujoso como Jasmine White Moss en un tiempo en el que ese concepto parece un tabú. "Es un momento difícil, pero el lujo en cosmética es distinto. Su valor absoluto sigue siendo relativamente asequible. Puede que ahora no te gastes tanto dinero en ropa, pero con los productos para la piel y los perfumes te las arreglas para comprar ciertas cosas". Una tesis que, tal vez, suene familiar. Después de todo, su tío Leonard inventó la teoría del pintalabios según la cuál sus ventas suben en momentos de recesión.

Otra cuestión familiar es la política. ¿Qué opina de la carrera de su padre? Estaba en el Partido Republicano. Es importante que quiera devolver algo de lo que ha recibido. Es una de las razones por las que fue embajador en Austria. Como se puede ver en la Neue Gallerie, conoce la cultura, a los austriacos…

¿Es un campo que le gustaría probar? En absoluto. No tengo ningún interés.

Se califica de clásica y tradicional. ¿Conservadora? Soy bastante conservadora, muy tradicional, muy clásica.

Nada de feminismo… No, la verdad es que no. Aunque es muy importante que las mujeres hagan cosas y sean independientes.

¿Qué opina de Barack Obama? Fui a la toma de posesión. Tiene mucha energía y es muy apasionado. Tiene una tarea muy difícil por delante, pero está encontrando un equilibrio entre ser padre, ser marido, ser presidente…

Últimamente se habla mucho de la ausencia de modelos negras. Usted eligió a Liya Kebede como imagen antes de la polémica. ¿Hay racismo en la industria? No hay duda de que sí. No se puede acabar con el racismo y el antisemitismo de golpe, y es muy difícil cambiar la percepción de la gente. Creo que la educación y los buenos ejemplos ayudan, pero el mundo no siempre es bueno. 

Jasmine White Moss de Estée Lauder está a la venta en centros seleccionados de El Corte Inglés.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 4 de abril de 2010