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Reportaje:

Los dioses aztecas no requerían tanta sangre

El arqueólogo Matos Moctezuma lima tópicos sobre los sacrificios humanos

Eduardo Matos Moctezuma (Ciudad de México, 1940), que ha viajado a Barcelona para participar en la jornada Arte y mito organizada por la Universidad Pompeu Fabra y el Museo Barbier-Mueller, es uno de los nombres de referencia en la arqueología mesoamericana. Director del Proyecto Templo Mayor de excavaciones en la capital mexicana, está considerado una de las personas que más saben de los aztecas en todo el mundo. Pese a su aspecto afable, el científico tiene un carácter de obsidiana, digno de su apellido (Moctezuma, "el que se hace temer", en náhuatl), un apellido majestuoso -el del penúltimo caudillo azteca- que, subraya "no ha predestinado mi interés".

"El Proyecto del Templo Mayor comenzó hace ya 32 años", explica a este diario, "cuando apareció fortuitamente una pieza monumental, en forma de escudo, que representaba a una deidad lunar, Coyolxauqhi. Al excavar se encuentra el edificio del Templo Mayor, desmantelado en el siglo XVI. Durante años nos hemos dedicado a estudiar el edificio y sus aledaños, toda esa área de gran sacralidad de Tenochtitlan que contenía hasta 78 edificios de culto. Lo último que hemos encontrado es el templo del dios del viento, Ehecatl, que ha aparecido detrás de la catedral". Matos Moctezuma considera la arqueología como "viajar en una máquina del tiempo" o descender al mundo de los muertos y devolverlos a la vida. "Cada día han salido de la tierra los dioses antiguos", apunta.

"Lo último que hemos encontrado es el templo del dios de viento"

Los sacrificios humanos siguen perturbando a los observadores de la cultura azteca. Esa imaginería de corazones palpitantes arrancados... "¿Y no provoca acaso la misma o más repulsión la Inquisición con sus autos de fe?", se enoja el estudioso. "Piénselo. Por no hablar de Hiroshima y Nagasaki. Al menos los aztecas no mataban al otro porque lo juzgaban diferente, sino con una finalidad ritual. El sacrificio humano era un rito propiciatorio, de origen agrario, para que la vida no se detuviera, para que el sol siguiera su curso. En todo caso, se cree que se ha exagerado mucho el fenómeno en el mundo azteca. Los datos arqueológicos desmienten que los sacrificios fueran tan masivos. Había una fiesta especial al dios de la guerra en la que se sacrificaban prisioneros. Y luego había otras ocasiones más esporádicas en las que se sacrificaba a un solo individuo caracterizado como el dios al que se veneraba". ¿Y qué hay del canibalismo? El antropólogo estadounidense Marvin Harris teorizó que los sacrificios eran en realidad una excusa para disponer de alimento. "¡Basta de leyendas negras y tonterías!", estalla Moctezuma. "¡No me hable de Harris! Lean cosas serias, por favor. Hay estudios científicos que demuestran que había recursos animales y vegetales más que suficientes. El consumo de carne humana no era en absoluto un acto generalizado. Tan sólo en algún ritual específico, con un sacrificado que representaba al dios, se tomaba como una forma de comunión".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 15 de marzo de 2010