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Editorial:

Oportunidad perdida

Zapatero dejó patente en TVE su dificultad para encontrar un discurso frente a la crisis

Si el presidente del Gobierno se proponía ofrecer las claves para entender sus últimos meses de gestión, la entrevista de una hora concedida a TVE fue una ocasión perdida. No así para el propio medio, que estuvo a la altura de lo que debe ser una televisión pública. La concreción y pertinencia de los asuntos suscitados por los entrevistadores acabaron por poner en evidencia un discurso del presidente genérico y rutinario, que daba la impresión de querer ocultar tras largas parrafadas la falta de congruencia entre las respuestas y las preguntas.

El grueso de la intervención estuvo consagrado a la crisis económica. Zapatero no reconoció más error que el retraso en advertir su magnitud, pero siempre escudándose en que fue compartido por las instituciones económicas internacionales y los dirigentes de los principales países. No dio razón alguna, sin embargo, de por qué continuó negándola o relativizando su alcance cuando para todos ellos era ya una evidencia. El exceso de didactismo empleado en explicar el origen de la recesión mundial acabó por desdibujar el objetivo de su comparecencia: cómo combatirla. El presidente se refirió a las 137 medidas adoptadas para justificar que entre tantas se haya deslizado alguna contradicción. Sin embargo, el número no explica que se pase en pocas horas de estar a favor a estar en contra de la revisión del acuerdo salarial con los funcionarios, por ejemplo, o de cambiar el sistema de cálculo de las pensiones.

Zapatero tampoco respondió con claridad a las preguntas más políticas, relacionadas con las discrepancias públicas entre ministros, la pérdida de credibilidad del Ejecutivo que registran las encuestas o la capacidad para completar la legislatura. Se extravió en largos rodeos que parecían buscar en el carácter excepcional de la crisis la razón de esas disfuncionalidades.

Pero lo que sobre todo faltó fue una visión política que jerarquizara las prioridades en un discurso claro. La oportunidad de dirigirse directamente a los ciudadanos cuando se han iniciado los contactos con vistas a un pacto frente a la crisis pudo haber sido aprovechada por Zapatero para decirle a la gente que durante años hemos estado viviendo por encima de nuestras posibilidades y que para volver a la senda del crecimiento es preciso tomar medidas de recorte del gasto (y seguramente de subida de impuestos), y que ello afecta tanto a la Administración central como a las autonómicas y locales; y que una forma de acortar los plazos entre el inicio del crecimiento y la creación de empleo será reformar el mercado laboral buscando un mayor equilibrio entre contratos fijos y eventuales.

Es decir, perdió la oportunidad de liderar la defensa de las reformas necesarias, y el acuerdo político y social para aplicarlas. Dio la impresión de no querer ser portavoz de una visión más realista pero desagradable, y prefirió buscar una identificación sentimental con los que sufren los efectos de la crisis.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 10 de marzo de 2010