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Catástrofe en Chile

Fallece un botánico español

El catalán Miki Marín, de 31 años, fue arrastrado al mar tras el azote de una serie de olas gigantes que arrasaron la madrugada del sábado el pequeño pueblo de San Juan Bautista, en la isla Robinson Crusoe, a 800 kilómetros de Santiago de Chile y en pleno océano Pacífico, horas después del seísmo. La Embajada española en Chile confirmó ayer la desaparición después de que sus compañeros de expedición alertaran de ello. La familia, que reside en Alella (Barcelona), da por segura su muerte, según la agencia Efe.

Marín se encontraba junto a una expedición botánica formada por seis o siete españoles -está sin confirmar el número- para estudiar la flora endémica del archipiélago Juan Fernández, un ecosistema único en el mundo. Según los testimonios enviados por unos compañeros por correo electrónico, cuatro de ellos fueron evacuados por la Armada chilena a Viña del Mar. Otros dos están en la isla para intentar recuperar el cadáver.

El maremoto fue letal en la isla que inspiró la celebre historia del náufrago escrita por Defoe. Todo lo que había a tres kilómetros desapareció. La bahía de Cumberland es la única zona poblada en la isla (600 habitantes), donde han muerto ocho personas y varias están desaparecidas.

Según la prensa chilena, Martina Maturana, de 12 años, alertó de la llegada de las olas golpeando el gong que se encuentra en mitad de la plaza, utilizado por los isleños para activar las emergencias, al oír a su padre hablar por teléfono con su abuelo en Valparaíso sobre la magnitud del seísmo en el continente. El aviso dio tiempo a que los lugareños se refugiaran en zonas más altas.

"Estamos vivos gracias a Dios, arrancamos justo a tiempo mi mujer, mi hijo y yo. Pero lo perdimos todo. La mitad del pueblo ha desaparecido", cuenta Miguel Rojas, de 38 años, en un correo electrónico enviado a EL PAÍS.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 2 de marzo de 2010