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Tribuna:ANÁLISIS

Cuidar los humedales, nuestra obligación

Hoy, 2 de febrero, reconocemos en nuestro planeta Tierra la importancia que tienen los humedales en el ciclo de la naturaleza y de la vida. Si hay algo que se encuentre en la base de la conservación de la naturaleza es el mantenimiento del ciclo hidrológico y la protección del recurso agua.

Los seres vivos dependemos del agua, tanto en cuanto a su calidad como a su disponibilidad en la naturaleza. No basta, pues, con evitar el deterioro del agua por efecto de la contaminación. Hay que procurar que el sistema que nos abastece de agua limpia funcione y para eso es necesario defender la circulación del agua a través de los sistemas naturales.

El agua es un elemento característico y abundante, que permanece constante en la naturaleza de nuestro planeta. Pero un porcentaje elevado, más del 97%, se encuentra en los océanos y mares, con un grado de salinidad tal que la hace poco adecuada para incorporarse a la materia viva. Del resto, el agua dulce, un 2% se encuentra congelada en los casquetes polares y en las nieves perpetuas de las cimas montañosas. Otra parte se contiene en depósitos subterráneos o se encuentra inaccesible para el hombre. Así que, finalmente, sólo un 0,2% del agua está disponible para nuestro uso y el de los otros seres vivos.

El cambio climático es una amenaza porque trastoca el régimen de circulación del agua

La buena noticia es que ese pequeño porcentaje se renueva constantemente a través del llamado ciclo hidrológico del que forma parte el agua que se evapora del mar, de la superficie terrestre y de la transpiración de plantas y animales; y el agua que se condensa en la atmósfera, forma las nubes y, finalmente, precipita en forma de lluvia o nieve, discurriendo por la superficie terrestre, formando ríos y lagos, y por el subsuelo, colmando los acuíferos subterráneos y saliendo a superficie en forma de descarga en ríos, y en encharcamientos, lagos, marismas y manantiales, llamadas zonas húmedas o humedales.

Estos últimos son, por tanto, parte sustancial del ciclo hidrológico. Se caracterizan por presentar una vegetación y una fauna especialmente ricas en biodiversidad y destacan fácilmente en su entorno. Su riqueza de especies hace que hayan sido siempre objeto de especial atención, y que su protección se haya encontrado, desde el principio, entre los objetivos de las administraciones públicas comprometidas con el medio ambiente.

Dos ejemplos de acuerdos internacionales para proteger los humedales son el convenio de Ramsar y las directivas europeas de Aves y de Hábitats.

El convenio relativo a Humedales de importancia internacional -formalizado en Ramsar en 1971, constituyendo uno de los primeros acuerdos de ámbito mundial-, incluye en su lista 5 espacios situados en Euskadi: la marisma de Urdaibai, la bahía de Txingudi, los humedales de Salburua, las colas del embalse de Ullibarri-Gamboa, las salinas de Añana y las lagunas de Laguardia. Todos ellos forman parte de la Red Natura 2000, red europea de áreas para la conservación de la biodiversidad, creada al amparo de la directiva de Aves y la directiva de Hábitats, que es el marco de gestión conservacionista más importante en nuestro territorio, porque nos compromete a crear zonas de especial conservación (ZEC) en los que realizar una gestión activa de las especies y sus hábitats.

En Euskadi contamos con 52 lugares de interés comunitario y 6 zonas de interés para las aves, que representan más de un 20% de superficie del país. De todas ellas, una quinta parte alberga importantes zonas húmedas, lo que da idea de la importancia de este tipo de ecosistemas para la conservación de la naturaleza.

Los humedales han sido en otras épocas considerados como zonas insalubres, lo que originó una fiebre desecadora que fue aprovechada en muchas ocasiones para impulsar expansiones urbanísticas. También fueron observados como espacios con cuya transformación se podían ganar tierras aptas para la agricultura, en un tiempo en que era necesario incrementar la producción agraria a costa de lo que fuera. Superada esa situación, la principal amenaza hoy en día la representa el cambio climático, que trastoca el régimen de circulación del agua y puede acabar, por tanto, con algunos de los más emblemáticos humedales.

Nuestro reto es conservar y restaurar la funcionalidad de estos ecosistemas creando una verdadera infraestructura verde que contribuya a parar el deterioro del planeta y mejore nuestra calidad de vida. Los ecosistemas húmedos proporcionan servicios trascendentes para la calidad de vida de los ciudadanos, tanto desde el punto de vista de la calidad de las aguas, como para la conservación de muchas especies.

Por otro lado, el sentimiento que nos producen los humedales bien conservados, rebosantes de vida, es de una plenitud difícilmente igualable. Hoy día los humedales bien conservados están considerados como zonas óptimas para la conservación y el recreo, así como áreas apropiadas para el disfrute de la naturaleza y el descanso, aspectos que cada vez todos valoramos más.

Los humedales nos recuerdan hoy lo mucho que les debemos. Nuestra responsabilidad es conservarlos y dar a conocer su valor. El Gobierno vasco cuenta para ello con programas de turismo, como el Birding Euskadi, y de educación ambiental, como Azterkosta e Ibaialde, que tienen como objetivo iniciar a los niños y niñas en la comprensión y respeto a la naturaleza. Debemos interiorizar, pues, la trascendente necesidad de cuidar nuestros humedales y de proteger la naturaleza en su conjunto, porque son la garantía de nuestro futuro.

Pilar Unzalu es consejera de Medio Ambiente, Planificación Territorial, Agricultura y Pesca del Gobierno vasco

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 2 de febrero de 2010