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Análisis:CÁMARA OCULTA

Cien velas para Luise

El martes que viene cumple 100 años la actriz Luise Rainer. Pocos sabrán quién es. Quizá algunos la recuerden por haber sido quien dio lectura al Oscar que en 1983 logró José Luis Garci con Volver a empezar. Y puede que el entusiasmo con que anunció aquel primer Oscar para el cine español sorprendiese a quienes no supieran que la Rainer había sido una dinámica defensora de la Segunda República, para la que recaudó fondos entre las gentes de Hollywood, ni que había habilitado un castillo en Francia para acoger a niños republicanos que huían de la guerra española; a 10.000 dicen que llegó a dar cobijo. De entre todas las figuras de Hollywood que se movilizaron contra Franco, "sin duda alguna fue Luise Rainer la que más hizo por la España leal", según la escritora Lilian Hellman. La simple mención del nombre de Luise Rainer estuvo prohibida por el Gobierno de Franco, junto al de otras estrellas americanas que tuvieron similar actitud.

Actriz exquisita con luz propia que a nadie se parece, según Anais Nin

Independiente y combativa, la Rainer había triunfado en la escena alemana a las órdenes de Max Reinhardt cuando fue reclamada por la Metro-Goldwyn-Mayer, en el momento en que Hitler comenzaba su ofensiva antijudía en Europa. En Hollywood fue amiga de Einstein, Remarque, Brecht, Chaplin, Anaïs Nin o Clifford Odets, su primer marido, más tarde acusado de comunista por el Comité de Actividades Antiamericanas. Obtuvo dos premios Oscar como mejor actriz por sus dos primeras películas -El gran Ziegfeld (1936) y La buena tierra (1937)-, pero un tiempo más tarde, desanimada por la mediocridad de los guiones que le ofrecían, dio plantón al cine ("Se creyeron que habían comprado un gato en un saco, en vez de contratar a una actriz", comentó); años después rechazó una oferta del mismísimo Fellini. La Rainer tenía otras inquietudes: fue famoso un discurso contra la invasión japonesa en China que pronunció en el Madison Square Garden, y durante la II Guerra Mundial se involucró con las Fuerzas Armadas de Estados Unidos y viajó por Europa para alentar a los soldados, por lo que obtuvo el título de "teniente honorífico". Finalmente, tras la guerra, regresó al teatro en Broadway y Londres, donde obtuvo nuevos éxitos, sin olvidar por ello la televisión... Pero jamás volvió a Hollywood.

Actriz exquisita con luz propia que a nadie se parece, en definición de Anaïs Nin, retirada desde hace años en Suiza, viuda reciente de su segundo marido, Luise Rainer ha mantenido siempre vivo su espíritu de libertad. Cabe felicitarla con motivo de su centenario. Y darle las gracias.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 8 de enero de 2010