Cuestión de matices
Indica Andrés Oppenheimer en su artículo del 29 de diciembre que América Latina debería firmar más acuerdos de libre comercio con Estados Unidos, la UE o Asia para conseguir su desarrollo socioeconómico. Permítaseme al respecto que recuerde al ilustre historiador Eric Hobsbawm cuando manifestaba que pensar que el libre comercio acortaría la brecha que separa a los países ricos de los pobres va contra la experiencia histórica y contra el sentido común.
¿No será que las potencias son potencias porque un día protegieron sus producciones de la competencia exterior? Estados Unidos, sin ir más lejos, que sólo se convirtió en paladín del libre comercio cuando fue lo suficientemente fuerte. Además, igual que en el boxeo, el yudo o cualquier arte marcial hay categorías según el peso de los contendientes, ¿alguien puede adivinar qué les podría pasar a los pesos pluma de Perú, Colombia, Uruguay o Argentina ante los pesos pesados de Estados Unidos o la UE? Por estos motivos, Venezuela o Bolivia no son países que anden muy desencaminados.
Tal vez Latinoamérica debería renunciar al espejismo que representa la liberalización comercial a ultranza y dedicarse a proteger sus producciones, sobre todo las agrícolas, ejerciendo su soberanía alimentaria y poniendo en marcha una preferencia regional latinoamericana en sus actividades comerciales, similar a la que inspiró la PAC cuando se fundó la UE.


























































