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La cumbre de Copenhague

Zapatero y Espinosa, en segundo plano

Pasadas las dos de la madrugada del sábado, un ojeroso José Manuel Durão Barroso comparecía ante la prensa internacional para informar de la decepción europea. A su lado estaba el primer ministro sueco, Fredrik Reinfeldt, presidente de turno de la UE. Ambos explicaron en inglés su "frustración" por el acuerdo. La tercera silla de la troika, la que le correspondía a España como próximo presidente de la UE, estaba vacía.

El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, hizo en sus dos días de estancia en Copenhague una breve declaración a la prensa española. La ministra de Medio Ambiente, Elena Espinosa, que llegó el miércoles a la cumbre, también se ha limitado a encuentros breves con la prensa nacional.

Teresa Ribera, secretaria de Estado de Cambio Climático, con amplia experiencia en estas cumbres, fue elegida por la presidencia de la cumbre para dirigir uno de los grupos de trabajo que los últimos días intentaron desbloquear la situación. Como ella, los técnicos de la Oficina Española de Cambio Climático han trabajado durante noches enteras.

Mientras, el director ejecutivo de Greenpeace España, Juan López de Uralde, permanece en régimen especial de aislamiento en la cárcel danesa de Vestre Faengsel. "No ha hablado ni con su mujer", afirma la organización. "Yo lo vi el sábado cuando pasó a disposición judicial, pero no pude hablar con él. Los abogados dicen que está bien", comentó ayer Aída Vila, portavoz de la organización ecologista, desde las puertas de la prisión en medio de una protesta para pedir su liberación. "Nos están tratando como a terroristas, lo que están haciendo es desproporcionado".

El director de Greenpeace España debe permanecer en prisión preventiva hasta el 7 de enero tras ser detenido el jueves, junto con otros dos activistas, por colarse en la cena de gala de los líderes en Copenhague con una pancarta. Está acusado de falsificación de documentos, de pretender ser una autoridad pública, de entrar sin permiso en lugar privado y de alterar un acto con presencia de la Reina.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 20 de diciembre de 2009