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El 'frente oriental' de la Guerra Civil

Un libro documenta por vez primera la existencia de brigadistas chinos

"Muchos camaradas del Ejército Rojo de China están dispuestos a ir a España para participar en vuestra lucha. [...] De no ser porque tenemos enfrente el enemigo japonés, iríamos con toda seguridad a integrarnos en vuestras tropas". Son palabras de Mao en una carta abierta al pueblo español del 15 de mayo de 1937. Unos 60 chipriotas, una docena de filipinos, tres vietnamitas y hasta un japonés formaron parte de los 40.000 hombres de 53 países que lucharon en España encuadrados en las Brigadas Internacionales. Pero no chinos. No podían, invadidos por Japón. Y con esa idea se quedó la historia.

Pues no: como mínimo, un centenar de chinos participaron en la contienda española. Así lo atestiguan Ni Hwei-ru y Len Y. Tsou, matrimonio taiwanés residente en Estados Unidos y sistemáticos doctores químicos que, tras ver en un libro conmemorativo de los 50 años de las brigadas una imagen de un soldado oriental, empezaron en 1996 a tirar de un hilo que, 13 años después, un montón de dinero personal y un sinfín de viajes a España, Rusia, Bulgaria, Alemania e Inglaterra, entre otros destinos de entrevistas con supervivientes y familiares, ha desembocado en el libro La llamada de España: los voluntarios chinos en la Guerra Civil española.

"Calculamos que fueron un centenar: la cifra la hemos sacado de algunas cartas y de una en concreto de Ling Ching Siu, que recogió el 26 de junio de 1939 un periódico en chino de Nueva York", afirma con detalle científico Tsou citando a uno de los 13 combatientes cuyas vidas han reconstruido al milímetro en el libro.

El matrimonio empezó con pistas falsas: un voluntario chino frente al hospital de Benicàssim. "Ni las heridas, ni el nombre... Nada coincidía. Luego supimos que era normal: muchos chinos, especialmente los que provenían de Estados Unidos, se cambiaron los nombres de sus pasaportes y su destino para saltarse la prohibición de ir a luchar a España por la no intervención", apuntan.

"La mayoría procedían de Europa; eran huagong, obreros reclutados por compañías extranjeras en China en los años 20 para trabajar en Europa, sobre todo en Francia", apunta Laureano Ramírez, profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona, que ha traducido el volumen y que busca editor del estudio en España.

Sólo uno de los diseccionados provenía de China ("era un sindicalista y le perseguía el Kuomintang, que sostenía una feroz pugna con los comunistas") y apenas dos estaban ya en España: "Uno, Chang Chang Kuang, era un vendedor ambulante en Barcelona, donde vivía desde 1927; el otro era Chang Shusheng, del que sólo se sabe que se graduó en la Escuela de Tanques", aclara Ramírez.

"Identificaron la agresión fascista en España con el imperialismo japonés y se vinieron a luchar", argumenta la pareja para justificar su presencia en España. ¿Pero por qué no hacerlo, si acaso, en y por su propio país? "Ése era un dilema que se les planteaba; estaban ya en Europa con sus familias, su tierra natal estaba más lejos y la guerra era la misma; en sus cartas, lo debaten y muchos dicen: 'Cuando acabemos de aquí hemos de ir a casa' y así lo hicieron bastantes en 1938".

No pudieron crear una unidad propia, por lo que salpicaron las distintas brigadas según su segunda lengua. Tampoco su formación media les permitió grandes proezas militares, "pero estuvieron en las grandes batallas: Madrid, Brunete, la del Ebro...". Algunos pasaron por campos de concentración franceses. No corrieron mejor suerte los que fueron a luchar a China. Lo aclara Tsou: "No pudieron recibir el trato de héroes, sólo Ling Ching Siu acabó como viceministro del Ejército del Aire... Tras la Revolución Cultural de 1949 todos cayeron en desgracia por haber tratado y luchado con extranjeros". Ching Siu acabó en 1965 sepultado en su pueblo remoto natal... con las paredes de su casa decoradas con las fotos que hizo de la Guerra Civil española. El Gobierno chino tiene papeles y fotos, pero no las saca. Silencio y olvido.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 16 de diciembre de 2009