Crisis financiera

El castigo de los mercados al exceso de deuda se extiende a España

La incertidumbre sobre las finanzas públicas griegas se contagia a los títulos del Tesoro tras un aviso de S&P - El diferencial con el bono alemán se amplía

Los títulos del Tesoro habían salvado los muebles tras el martes negro del Estado griego, que encajó una fuerte depreciación de sus bonos por el agujero de las finanzas públicas. Pero las dudas sobre la capacidad de los Gobiernos para hacer frente a la enorme cantidad de deuda pública acumulada alcanzaron ayer a España. No hizo falta mucho: cuando aún se digería la debacle griega, la agencia Standard & Poor's avisó de que hay riesgo de que baje la calificación a la deuda emitida por el Estado español en dos años. La Bolsa, que vivía una jornada anodina, cayó a plomo (un 2,5% en menos de una hora). Y la brecha con el bono alemán, que mide la prima de riesgo, se amplió hasta el mayor diferencial desde julio.

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Los problemas de Dubai World, la empresa estatal que financia los delirios inmobiliarios del emirato, prendieron la mecha. Y la precaria situación de las cuentas públicas de Grecia, aireada por Bruselas y las agencias de calificación, ha puesto la gasolina. Con su castigo a los bonos griegos, los inversores pretenden anticiparse a una hipotética burbuja de deuda antes de que estalle.

No es una apuesta descabellada: según los cálculos del Fondo Monetario Internacional, la histórica intervención contra la crisis duplicará la deuda pública en circulación en cinco años. Y los países con crecimiento más débil y menos capaces de generar ingresos fiscales tendrán que prometer un rendimiento mayor para colocar sus bonos. Un escenario que resucita la tradicional desconfianza de inversores y analistas sobre las finanzas públicas de ciertos países. En Europa, los sospechosos habituales se meten en el desafortunado saco de los pigs (en inglés, "cerdos", y también las siglas de Portugal, Italia, Grecia y España), con la novedad de que Irlanda sustituye ahora a Italia.

Los títulos griegos volvieron a encabezar ayer las pérdidas. La rentabilidad del bono a 10 años (que se mueve en dirección inversa al precio) subió otros 25 puntos básicos, hasta alcanzar el 5,58%. "O acabamos con la deuda, o la deuda acabará con nosotros", advirtió ayer el nuevo jefe del Gobierno griego, el socialista Giorgos Papandreu, en un Consejo de Ministros extraordinario retransmitido en directo por televisión.

Papandreu trató de aplacar a los mercados y anunció medidas de contención del gasto público y una futura subida de impuestos. La deuda pública de Grecia está ya cerca del 120% del PIB (la mayor proporción de la zona euro) y el déficit superará el 12% este año.

El Gobierno irlandés, que prevé un déficit del 15%, también anunció un nuevo tijeretazo al gasto público, pero le sirvió de poco. La devaluación de los bonos irlandeses se tradujo en un repunte de 20 puntos básicos en el rendimiento, que también supera ya el 5%. Ni sobre Irlanda ni sobre Portugal (12 puntos más) hubo nuevos avisos de las agencias de calificación, pero encabezaron junto a España (nueve puntos más, 3,81%) y Grecia la devaluación de los bonos. Las Bolsas de Portugal (-2%), Grecia (-3,4%) y España (-2,27% al cierre) también lideraron las pérdidas en Europa, lo que evidencia que lo de los pigs es algo más que un juego de palabras.

Lo ocurrido ayer alimenta los temores del Gobierno español. De poco ha servido que haya decidido reducir a una cuarta parte los estímulos fiscales en 2010 y subir los impuestos, medidas controvertidas cuando la recesión aún no ha acabado. Ni que asegure que la deuda pública no pasará del 65% del PIB (una de las proporciones más bajas de la zona euro) o que el déficit (el 10% este año) se domará antes de 2013. S&P no se lo cree. "Hay riesgo de una rebaja de la calificación en dos años en ausencia de medidas más agresivas para hacer frente al desequilibrio fiscal", detalló Trevor Cullinan, analista de la agencia, que invocó "presiones deflacionistas" para augurar crecimientos por debajo del 1% en los próximos años.

En realidad, Standard & Poor's mantiene la calificación de la deuda española en la segunda mejor posible (AA+) y sólo varía de "estable" a "negativa" su perspectiva futura, una decisión que el Gobierno español "respeta, pero no comparte". S&P es la única de las tres grandes agencias que no da la máxima calificación (la rebajó en enero) al crédito del Estado español. Y estas tres agencias (Fitch y Moody's son las otras dos) son las mismas que tienen el dudoso honor de ahijar la crisis financiera con sus buenas calificaciones a títulos basados en hipotecas basura. Pero su aviso bastó para colar el miedo en los mercados.

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