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Crítica:66ª mostra de Venecia

Costumbrismo seudolírico de Tornatore

La presencia de estrellas como Eva Mendes, Maria Grazia Cucinotta, Sylvester Stallone, Matt Damon o Nicolas Cage en el Lido de Venecia sirve de escaparate al más antiguo de los grandes festivales de cine europeos. Una Mostra inaugurada con 'Baarìa', lo último de Giuseppe Tornatore: "una obra maestra", según su productor... Silvio Berlusconi

La Mostra, además de recibirte con sus invariables señas de identidad del calor húmedo y los tremebundos mosquitos, anunciaba este año una remodelación de su espacio, e ingenuamente piensas que te vas a librar para siempre de las espartanas y sádicas butacas de la sala PalaGalileo, que es donde se hacían las proyecciones de la Sección Oficial para prensa, radios y televisiones. Pero descubro que se han limitado a cambiarle el nombre a la sala. Ahora se llama Darsena y sigues saliendo con los huesos triturados.

También han inaugurado una nueva sala denominada La Perla 2, que combina los efectos de una sauna con asientos de rigidez prusiana. Sospecho que semejantes incomodidades están pensadas con algún noble interés. Para que no nos relajemos, para que nos resulte imposible echar una cabezada en el caso de que lo que vemos en la pantalla invite al sueño. Me parece bien. Los organizadores de este templo de la trascendencia han llegado seguramente a la conclusión bíblica de que debemos ganarnos el reino del cine con el sudor de la frente y el dolor de huesos.

El director aspira al fresco histórico, pero todo es en vano, lleno de trampas

Berlusconi dice que a quie no le guste esta palícula, es que no entiende de cine

'Rec 2', de Plaza y Balagueró, tiene mucha técnica pero escasa imaginación

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Ayer el periódico La Repubblica recogía unas declaraciones de Silvio Berlusconi afirmando que Baarìa, la película dirigida por Giuseppe Tornatore que ha inaugurado la Sección Oficial de la Mostra, es una incuestionable obra maestra y que si los espectadores no reconocen inmediatamente esa transparente excelencia es que no entienden nada de cine. La produce Medusa Film, que como pueden intuir ustedes también pertenece al imperio de Berlusconi, algo nada sorprendente ya que excepto el Vaticano tienes la sensación de que todo en Italia posee el mismo dueño. Lo que ignoraba es que entre las aficiones de este impune libertino también figura la cinefilia y un apabullante sentido crítico. O sea que se ha propuesto quitarnos el pan a los profesionales.

Al final de los 150 minutos de Baarìa descubro con enorme alivio que tampoco comparto la menor afinidad con los amores cinematográficos de Berlusconi, que afortunadamente nuestras emociones están en las antípodas. Giuseppe Tornatore, director que supo vender inmejorablemente sensiblería y manipulación emocional en su aclamada ópera prima Cinema Paradiso (confieso que la primera vez que la vi también se me escapó una lágrima fácil), intenta hacer su particular Novecento en esta crónica sobre una familia siciliana a lo largo de 40 años. Utiliza el costumbrismo con afanes poéticos para contar el esplendor del fascismo y su derrota, el desembarco aliado, la ascensión del Partido Comunista y del sindicalismo, la torva alianza entre la Mafia y la democracia cristiana para sabotear a enemigo tan peligroso.

Tornatore es muy ambicioso en sus pretensiones de crear un fresco histórico. Intenta combinar la comedia y la tragedia, el realismo y la ensoñación, la lírica y el costumbrismo, el tono pintoresco y el rigor documental, la reflexión existencial y el esteticismo, la ternura y la dureza. Todo en vano, haciendo trampas, obligando abusivamente al espectador al reconocimiento inmediato de buenos y malos, confundiendo la sensibilidad con la cursilería, utilizando hasta el vómito la música de Morricone para subrayar los sentimientos, mareándote con el uso de la grúa para crear planos con permanentes intenciones de arte. Se supone que ocurren cosas apasionantes en la existencia de ese niño al que veremos llegar a viejo, pero Giuseppe Tornatore es incapaz de transmitir autenticidad ni emoción. Baarìa suena a impostada, a oquedad con adornos.El director aspira al fresco histórico, pero todo es en vano, lleno de trampas Berlusconi dice que a quien no le guste esta película, es que no entiende de cine

La sociedad creativa que han formado Jaume Balagueró y Paco Plaza obtuvo un resultado notable en Rec. También dio una pasta importante. Y poseían la certidumbre de que hay una clientela juvenil y numerosa que va a pasar por taquilla en las previsibles continuaciones de la saga. Acabamos de ver en la Mostra Rec 2 y ya no me quedan dudas de que se va a perpetuar hasta el infinito esta fórmula de éxito garantizado, que va a ser más numerosa que Pesadilla en Elm Street y La matanza de Texas.

El planteamiento de Rec era inquietante e indudable la sabiduría de sus autores para fabricar imágenes. En su primera parte existía tensión, también te permitía conocer a los personajes que habitaban esa casa maldecida por Satanás. Sin embargo, en Rec 2 ya no existe desarrollo argumental. Comienzas oyendo infinitos chillidos y viendo bocados al cuello y esa orgía de sangre y de sustos se mantiene hasta el final. No han tenido que exprimirse demasiado el cerebro escribiendo el guión. Me recuerda al Aliens que dirigió James Cameron. Una sucesión frenética de agresiones, apoteósis de la acción en vez de dosificar el suspense. La buena por supuesto, era la que firmaba Ridley Scott. También existe en Balagueró y Plaza una fijación excesiva con El exorcista. Rec 2 me fatiga ligeramente aunque no exista ningún tiempo muerto, ni pausa, ni respiro.

Reconozco que sus autores tienen muy claro lo que pretenden hacer y que los adictos van a obtener la dosis que precisan. Mi problema es que no soy un yonqui de este género, que no sé apreciar sus claves ni su rutina. El producto original me sorprendió muy gratamente. Su continuación demuestra mucha técnica pero escasa imaginación.'Rec 2', de Plaza y Balagueró, tiene mucha técnica pero escasa imaginación.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 3 de septiembre de 2009