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Un profesional comprometido y "siempre en primera línea"

"Empezó por casualidad. Yo fotografiaba los muertos de los sucesos para un diario hasta que un día me olvidé la cámara en casa y la cogió él. Después lo ficharon y empezó una competencia entre hermanos con mi padre policía como fuente. Ganaba el que primero cogía el teléfono, claro". Al fotógrafo Emilio Fernández Morenatti (Jerez de la Frontera, 1969) el interés por la imagen le nació en casa, tal y como describe su hermano Miguel Ángel, cazador de imágenes también para diarios.

En 1992 Morenatti dejó las instantáneas en las calles de Jerez para cubrir el día a día de la agencia Efe en Sevilla. "Siempre quería estar en los sitios más conflictivos, siempre en primera línea", recuerda su jefe de fotografía en Efe, Eduardo Abad. Esa ambición le llevó a trasladarse a Afganistán en 2004 para comenzar su carrera en la agencia Associated Press. Morenatti sacó jugo de las áridas llanuras y explotó las miradas de la guerra contra los talibanes. Perseverante e incisivo, "exprime cada situación hasta lograr la instantánea que mejor refleje cada situación", explica su amigo José Luis Ortega. En Kabul residió durante un año, hasta que la agencia lo envió a Israel.

"Es un profesional muy comprometido con la noticia y no va de divo. Muy respetado y querido en la agencia", define Daniel Woolls, redactor jefe de la delegación de Madrid. En Jerusalén se casó con la fotógrafa Marta Ramoneda y afianzó su carrera. Durante uno de sus viajes a Gaza Morenatti sufrió un secuestro solventado en sólo 15 horas. Con discreción, tardó pocos días en regresar a Oriente Próximo y disparar de nuevo su objetivo: combates y manifestaciones en Palestina con olor a pólvora, pero también entierros con miradas de niños entre los fusiles. Mientras, premios internacionales reconocían su labor como fotógrafo.

Sus imágenes mantienen el pulso de acontecimientos mediáticos, pero siempre parece encontrar tiempo para otros proyectos. Como el de porafrica.com, un banco de imágenes sobre las organizaciones humanitarias en países como Mozambique y una serie sobre mujeres quemadas con ácido en Pakistán.

Tras Israel, el próximo destino fue Islamabad, una ciudad que le fascinó. "Siempre habla de lo difícil que es trabajar en esa zona, pero también lo fácil que es sacar fotos espectaculares", relata su amigo Marcelo del Pozo. "Es un crack. Valiente, ambicioso, divertido, picante, con mucha madera y olfato... Un fuera de serie", resume. Sus compañeros andaluces destacan su dominio de la edición y sus objetivos en el fotoperiodismo, su altura de miras. Pero también su agudo sentido del humor.

Hace dos semanas aterrizó en Kabul para las elecciones afganas y allí soportaba peor el sofocante calor que la peligrosidad. El grave accidente de esta semana no ha hecho mella en su buen humor. "Estaba mil veces mejor que nosotros. Gracias a Dios ha sido un pie y no una mano. ¡100% seguro que vuelve muy pronto a hacer fotos!", exclamó ayer su hermano Miguel Ángel.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 13 de agosto de 2009