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Entrevista:JOE LOVANO | Saxofonista de jazz

"Sé hace tiempo que nada dura siempre"

"Flip Philips, Charlie Ventura, Sal Nistico...". El saxofonista Joe Lovano repasa su lista de célebres jazzmen italoamericanos con la cadencia con la que borbotearía a fuego lento una salsa alla melanzzane. Lovano es, además de uno de los mejores músicos del género en activo, un miembro de su tribu al más puro estilo Tony Soprano o Louis Prima. Aunque sin la violencia ni la promiscuidad.

De ascendencia siciliana, nació en Cleveland en 1952 como el hijo de Tony Big T Lovano, modesto saxofonista querido en la escena local. En su ascenso al estrellato del jazz nunca se ha arrancado las raíces, como prueban sus sorprendentes álbumes dedicados a la memoria de Caruso o Sinatra. Al final del camino, aguardaba una recompensa reservada a muy pocos. Lovano es de esos raros músicos con voz propia. Un sonido original al saxo tenor que pese a resumir seis décadas de historia, podrías reconocer hasta en la más vulgar algarabía de una chirigota.

Y, sin embargo, es también un carácter escurridizo. Un camaleón que se mueve cómodo y sin aparente esfuerzo en cualquier entorno; del trío sin piano al quinteto con dos baterías o el noneto. "Es muy fácil hacer el mismo disco una y otra vez", explica el saxofonista. "La música es nueva cada vez que la tocas, por lo que carece de sentido repetirse. En todo caso aún siento que estoy arañando la superficie en mi búsqueda de un sonido propio".

Sus dos últimos intentos prueban la versatilidad. Si su último disco Folk art, en quinteto, acaba de llegar a las tiendas como el estreno de una nueva banda estable que cuenta con dos baterías; el anterior, Symphonica, era una grabación realizada al frente de la orquesta de la radio WDR de Colonia (Alemania), bajo la dirección de Michael Abene y un día cualquiera de 2005. Esa noche y ninguna otra, tal y como dicta la magia del jazz. "Nunca supimos que lo que grabamos entonces acabaría siendo un álbum", explica. No sólo se convirtió en el número 20 de la asociación del saxofonista con el sello neoyorquino Blue Note, que cumple 70 años de gloria jazzística, sino que, casi involuntariamente, se ha colocado entre lo mejor de su producción.

El disco ahonda en el sonido de sus anteriores excursiones sinfónicas. Retoma las cosas donde las dejó en su reciente asociación con Gunther Schuller, leyenda de la "tercera vía", bastardización jazzística de la música clásica. Igual que entonces, el resultado desaconseja la alergia natural del aficionado medio a los discos "con cuerdas" -"cualquiera que piense eso es que no ha escuchado a Charlie Parker en ese contexto"-. Symphonica se cierra con un homenaje a Elvin Jones, batería del cuarteto dorado de Coltrane, y viejo amigo de Lovano hasta su muerte en 2004. "A medida que pasa el tiempo", reconoce el saxofonista, "te vas quedando más solo". "Aunque creo que cuando has conocido lo suficiente a alguien permanece contigo. Sé hace tiempo que nada dura para siempre".

Pese al arranque de realismo vital, Lovano siempre fue un tipo de relaciones duraderas. Continúa asociado con la cantante y compositora Judy Silvano desde mediados de los ochenta. "No hay mérito. Lo más importante es no aburrir a nadie para no aburrirte tú. Para mantener una relación cualquiera lo mejor es no repetirse"."La música es nueva cada vez que la tocas, así que ¿por qué repetirse?"

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 27 de mayo de 2009