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Reportaje:

El héroe anónimo de las vanguardias renace en Madrid

El Museo de Arte Contemporáneo rescata la obra artística de Santa Cruz

"Hacía 50 años que nadie venía a preguntar por el tío Paco". Con estas palabras recibió a sus visitantes Ricardo Serrano, sobrino del pintor vanguardista Francisco López Martínez, Santa Cruz (1899-1957), hace ya casi tres años, en su casa de Fuentes Claras (Teruel). Hasta allí, siguiendo el rastro del artista y con las indicaciones de familiares y amigos comunes, habían llegado los periodistas Alicia Davara y Lorenzo de Grandes, afanados en un libro sobre los pintores de Sigüenza (Guadalajara), de donde era oriundo Santa Cruz: un artista que se movió por igual en los territorios del ultraísmo, el neocubismo y el surrealismo.

Trataban de sacar en claro algo más de la vida de este pintor cuya obra se creía desaparecida desde 1936, entre otras cosas por el derrumbe de su vivienda en Madrid y el posterior incendio del taller donde trabajaba. Su rastro aparecía y desaparecía a través del testimonio de sus amigos, como los también pintores Francisco Bores y Carlos Sáenz de Tejada o el periodista Miguel Pérez Ferrero; y de la constancia de que sus cuadros habían sido incluidos en diversas muestras como la Exposición Nacional de Bellas Artes; o de que frecuentó la Residencia de Estudiantes y su círculo, hasta el punto de que fue uno de los asistentes al homenaje a Góngora de la Generación del 27.

"Faltaba la tesela del pintor para reconstruir aquella época", dice Bonet

Allí, en los sótanos de la casa de los Serrano, estaba primorosamente empaquetada y guardada una gran parte de la producción de Santa Cruz a la espera de que alguien "fuera a ponerlo en valor", según Davara. Ése fue el momento álgido del hallazgo, que ha sacado a la luz 700 dibujos y 300 cuadros de gran formato del artista. Una muestra de ellos se expone a partir de mañana en el Museo de Arte Contemporáneo de Madrid.

"Fue una figura, en muchos ámbitos, fundamental de aquella época, pero con una trayectoria más oscura, porque fue un hombre atormentado, solitario, muy literario", explica el crítico de arte Juan Manuel Bonet. "De alguna forma faltaba la tesela de Santa Cruz para reconstruir aquella época". Él fue la primera persona a la que acudieron los dos periodistas para que valorara el hallazgo. "Me entusiasmé y ahí mismo empezamos a pergeñar la exposición", explica. Como artista vanguardista, el trabajo de Santa Cruz abarca numerosas fases creativas, "algo que es propio de la vanguardia española", explica Bonet, "pasar en muy poco tiempo por muchas etapas". En el caso de Santa Cruz, Bonet destaca su "enorme talento gráfico", que desarrolló en el Heraldo de Madrid, donde entre 1931 y 1936 ilustró la crónica literaria de su amigo Pérez Ferrero, lo que le llevó a retratar a personajes conocidos de la época. "Lo más definitorio es el camino que lo sitúa como un personaje bohemio y marginal", agrega. "Al estar retirado mi tío, nunca le dimos importancia a su obra y porque era un hombre poco hablador", explica Ricardo Serrano por teléfono desde Fuentes Claras. "Se retiró de la vida y no tuvo más relación con nadie, aunque no dejó de pintar".

La búsqueda de Davara y De Grandes no cesó en Fuentes Claras. Apasionados con lo que denominaron la "aventura Santa Cruz", los dos periodistas continuaron durante dos años más la investigación. "Implicamos a toda la familia y amigos", explica De Grandes. "Creo que hemos rebuscado en todos los desvanes de Sigüenza". Incluso dieron con un óleo de 1930, Pastores de elefantes, que llevaba varias décadas bajo una cama. A la vez, Davara se sumerge en las hemerotecas de Madrid y sigue el rastro por las numerosas revistas literarias entre los años veinte y la República. "También hemos comprado dibujos e ilustraciones en subastas, traperos y librerías de viejo". Hasta convertirse en una obsesión para la pareja, que logró así reconstruir la trayectoria del pintor.

Desde la vida en Madrid en los años veinte, donde fue a estudiar medicina y acabó relacionado con la incipiente vanguardia, a sus años de ilustrador, su abandono de la pintura oficial y el ingreso en el Ministerio de Industria, donde utilizaba los planillos de la Dirección General de Minas para pintar detrás. Nunca dejaría de hacerlo, ni siquiera en Sigüenza, donde pasó sus últimos días. Mañana, en la inauguración, estará la familia y su sobrino Ricardo: "Para nosotros es extraordinario el reconocimiento después de tantos años".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 26 de mayo de 2009