EE UU admite por primera vez los graves efectos del CO2
La Agencia de Medio Ambiente abre el camino para poner techo a las emisiones
La Agencia de Protección Medioambiental de EE UU (EPA, por sus siglas en inglés), dependiente del Gobierno federal, declaró ayer que el dióxido de carbono, junto con otros cinco gases contaminantes, supone una seria amenaza contra la salud, abriendo el camino para que el Gobierno norteamericano pueda regular y poner límites, por primera vez, a la emisión de este tipo de gases a los que la comunidad científica responsabiliza del aumento de la temperatura global.
En un informe científico encargado por el Tribunal Supremo de EE UU en 2007, la EPA concluye que "en las actuales circunstancias, la conclusión de que los gases de efecto invernadero en la atmósfera suponen un peligro para la salud y el bienestar públicos es convincente y apabullante". Y añade: "Las demostraciones científicas que se describen en este informe son el producto de décadas de investigaciones por parte de miles de científicos".
La decisión supone un nuevo rumbo en materia medioambiental
El informe alerta de que el cambio climático amenaza la seguridad del país
Tras su revisión, la EPA concluye que, si no se ataja a tiempo, el cambio climático acabará provocando desastres naturales como sequías permanentes, lluvias torrenciales, olas de calor y un aumento drástico del nivel del mar, entre muchos otros efectos.
Además, se retrata al aumento de la temperatura global como una seria amenaza contra la seguridad de EE UU. "El cambio climático puede agravar los problemas ya existentes en ciertas regiones del mundo, como la pobreza, las tensiones sociales, la degradación general del clima y los conflictos sobre bienes como el agua, cada vez más escasos", reza el estudio.
La mujer al mando de esta agencia federal, sin embargo, no permitió ayer que cundiera el alarmismo. Lisa P. Jackson, que llegó a la EPA con el nuevo Gobierno, dijo que "afortunadamente, el presidente Obama ha pedido un cambio hacia una economía menos basada en el carbón y que haya un fuerte liderazgo en el Congreso en materia de energías renovables y legislación en materia climática".
Estas conclusiones hubieran sido un revés para el antecesor de Obama. George W. Bush fue siempre reacio a imponer límites obligatorios a la emisión de CO2, por los efectos que podría tener la medida sobre la economía nacional.
Al final de su mandato, reconoció tácitamente que el hombre podría ser responsable del cambio climático, pero no tomó ninguna medida drástica para atajar el problema. El 20 de enero se marchó de la Casa Blanca sin ratificar el Protocolo de Kioto, un tratado que impone límites de emisiones a los países desarrollados, firmado por más de 180 países.
Este informe de la EPA supone el inicio oficial de un nuevo rumbo en materia medioambiental en la Casa Blanca. Obama ha pedido que las nuevas normas sean fruto de la colaboración de demócratas y republicanos y que sea el Congreso el que le envíe una ley que pueda ratificar y que incluya un sistema de bonos energéticos, según los cuales cada empresa contaminante tendría que comprar permisos para emitir CO2. La agencia abre ahora un periodo de 60 días en el que aceptará matizaciones a su informe. Luego podrá emitir nuevas normas que afecten a aquellos sectores que considera más contaminantes: automoción y plantas energéticas.
Por otro lado, la Administración Obama ha dado un paso más para acabar con las restricciones de Bush respecto a las células madre. Un nuevo protocolo, que se cerrará en julio, permitirá que los científicos generen líneas celulares a partir de embriones desechados por clínicas de fertilidad con el fin de buscar tratamientos para enfermedades como el alzhéimer o la diabetes. El Instituto Nacional de Salud de EE UU propuso ayer nuevas reglas que facilitan la financiación pública de la investigación con células embrionarias. Continúa la prohibición de crear embriones destinados a la investigación y la clonación.

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