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Análisis:

La resurrección de los hmong

A principios de los años noventa Nick Schenk trabajaba en una pequeña empresa en Bloomington, Indiana, embalando cintas de vídeo. Algunos de sus compañeros de trabajo pertenecían a la etnia hmong. Los hmong vivían al norte de Laos en relativa paz y tranquilidad, hasta que en la década de los cincuenta varios operativos de la CIA decidieron que el país sería una buena base para evitar la difusión del comunismo en Asia. Con la promesa de un buen sueldo, formación militar y un futuro brillante, más de 9.000 hmong (que llegarían a ser 18.000) pasaron a formar parte de un proyecto secreto que pocos años después acabaría con su participación en la guerra de Vietnam donde ejecutaron centenares de misiones de alto riesgo.

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Tras la retirada estadounidense, Vietnam decidió atacar Laos y los hmong fueron declarados "enemigos prioritarios" y aniquilados. Más de 100.000 trataron de huir hacía Tailandia, pero sólo 40.000 lograron llegar allí, donde pasaron a formar parte de campos de refugiados donde eran humillados. Cien mil más murieron durante el transcurso de la guerra, pero aun así no fue hasta finales de 1975 cuando el Gobierno estadounidense decidió dar estatus de refugiado político a los hmong que lo solicitaran.

Según escribió en 1996 el veterano de Vietnam Jack Austin Smith, de los tres millones de hmong que se calcula vivían en esa zona en los años cincuenta, sólo 200.000 consiguieron salvarse. Varios miles aceptaron la oferta del Gobierno estadounidense (que los había dejado en la estacada) y actualmente se cree que unos 180.000 hmong viven en territorio norteamericano.

Y llegó Clint Eastwood. Todo esto, aun siendo una historia conocida, ha adquirido una dimensión absolutamente diferente después del estreno de Gran Torino. Su guionista, el citado Shenk, tomó buena nota de lo que sus colegas de trabajo le explicaron y decidió que los vecinos del ex marine racista y cabreado que interpreta Eastwood en el filme tenían que ser hmong. Este detalle, que en otra película hubiera sido simplemente un matiz sin importancia, ha recordado la tragedia de esta etnia y ha hecho rebrotar una campaña que busca que el Gobierno estadounidense se preocupe por fin de recompensar al pueblo hmong. Roger Warner, por ejemplo, escribía en Asia Times que "Obama debería hacer de esto un tema prioritario" y periódicos como Los Angeles Times, agencias como Reuters, televisiones de todo el mundo y, especialmente, una infinidad de periódicos locales de Sacramento, Minnesota o Indiana se han sumado a la reivindicación con toda clase de reportajes sobre su situación actual, donde muchos simplemente sobreviven, sin lograr adaptarse a un ritmo que no tiene nada que ver con su filosofía de vida.

Muchos cronistas hmong han agradecido a Eastwood el respeto con el que les ha tratado y aunque algunos, como la escritora de Nueva York Sharon Her, han criticado algunos aspectos del filme por ser poco veraces, ha habido consenso en que, muchas décadas después, y gracias a Gran Torino, los hmong están finalmente en el mapa.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 6 de marzo de 2009