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La T-1 de El Prat registra 12.000 peticiones para cubrir 1.130 empleos

Las oportunidades de trabajo van buscadas en tiempo de crisis. Prueba de ello, las más de 12.000 personas que han solicitado una plaza de formación para trabajar en la nueva T-1 (la terminal sur) del aeropuerto de El Prat, a partir del verano. La Generalitat ofrece a personas paradas 1.305 plazas en cursos de formación que servirán para trabajar en la instalación aeroportuaria según un convenio con 19 empresas adjudicatarias de la terminal. Hasta el momento, el convenio garantiza 1.130 contrataciones, por lo que las posibilidades de encontrar un trabajo estable son muchas si se accede a la formación que ofrece gratuitamente la Generalitat. Esta cifra, indican desde el Departamento de Trabajo, aumentará cuando se inicie la actividad en la terminal.

En total se imparten 85 cursos en los cinco municipios del Baix Llobregat más cercanos al aeropuerto: Sant Boi, El Prat, Viladecans, Gavà y Castelldefels. Los vecinos de estas poblaciones tienen prioridad: "Históricamente, los habitantes de esta zona han sufrido los inconvenientes de tener un aeropuerto cerca. Ya es hora que se beneficien de él", destacó la consejera de Trabajo, Mar Serna, que ayer asistió a una de las clases. Los cursos, la mayoría ya empezados, tienen una duración de entre 100 y 230 horas, según la especialidad ofertada: agente aeroportuario, auxiliar de sala, camarero, dependiente, vigilante de seguridad y limpiador son las seis categorías que se cursan.

Ilusión y esperanza

Entre los alumnos, hay ilusión por encontrar un trabajo seguro. El único requisito para acceder a las clases era estar en el paro, por lo que los grupos son heterogéneos: "Gente entre 20 y 40 años, con diferente experiencia laboral y con esperanza de encontrar trabajo. Hay gente desesperada", explica uno de los profesores, Álvaro Vioque.

La posibilidad de firmar un contrato seguro da esperanza a los parados. "Tengo ilusión por trabajar al aeropuerto, aunque tenemos bastante desinformación sobre si seremos contratados", explica Laura García, parada desde septiembre. Ella opta a una de las 390 plazas de agente aeroportuaria, las personas encargadas de la facturación de equipajes y la atención a los pasajeros. "Es una oportunidad genial. Estoy entusiasmada, aunque el puesto no sea seguro", recalcaba su compañera de clase Gemma Simón, de 35 años y con experiencia como recepcionista.

Brown Emmanuel, 36 años y con currículum como electricista, instalador y cerrajero, confía en encontrar trabajo estable: "Esperamos que salga bien esta oportunidad, que es única".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 3 de marzo de 2009