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Humor y pacifismo en el concierto de Barenboim en Viena

El director pide justicia en Oriente Próximo en la gala de Año Nuevo

Los mejores deseos para el año que comienza lleno de malos augurios. ¿Y el mejor arma? El humor. Entre todos los conciertos de Año Nuevo de la Filarmónica de Viena, el celebrado ayer será recordado como uno de los más singulares de un ritual por lo demás medido al milímetro.

Los 1.750 espectadores en la Sala Dorada del Musikverein agradecieron con euforia el afán de sorpresa en el debut de Daniel Barenboim en la dirección de la orquesta, así como el buen humor derrochado por el director argentino-israelí. Éste había anunciado que la atención recaería en la "estructura dramatúrgica" del repertorio. Así fue. Se atacó la partitura con profunda seriedad, aunque tamizada con destellos de abierto humorismo. Y de buena voluntad; como dejó claro en su bienvenida a 2009: "Esperamos que sea un año de paz en el mundo y de justicia humana en Oriente Próximo".

El mensaje pacifista de Barenboim es reflejo de su profunda preocupación. El miércoles, el músico -fundador con su amigo palestino, el ensayista Edward Said, de una orquesta en la que conviven jóvenes intérpretes israelíes y palestinos- despidió el año con una carta de rechazo al uso de la violencia en el conflicto entre israelíes y palestinos.

Joviales e histriónicas fueron sus interpretaciones de la Marcha Radetzky y del cuarto movimiento de la Sinfonía de los adioses, del compositor Joseph Haydn (1732-1809). Esta pieza fue elegida para celebrar el bicentenario de la muerte del compositor. Haydn la compuso en solidaridad con los músicos sobrecargados de trabajo de su orquesta. En homenaje a aquel gesto, los miembros de la Filarmónica fueron abandonando ayer sus puestos hasta dejar solo a Barenboim.

Para 2010, la Filarmónica de Viena ha invitado al maestro francés Georges Prêtre, que debutó el año pasado en esta tarea.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 2 de enero de 2009