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Reportaje:TENDENCIAS 2009

Pares impares

Adiós a los uniformes, viva la singularidad. Ésa podría ser la consigna de estos seis personajes que, desde distintos campos, apuestan por la diferencia. Destacaron en este año que se va y darán que hablar en 2009.

Un escritor solitario que no sabe bailar sigue los pasos a una mujer capaz de mover al más parado. Una actriz cada vez más dueña de sí misma acaricia la cara de un portero de fútbol galáctico y una modelo de escandalosa belleza se ríe de sí misma con un actor capaz de jugar cualquier carta. Tres parejas, seis estilos, seis formas de vivir. Singulares, diferentes, impares pero capaces de formar equipo. Una forma de ser que se impone, porque lo que se lleva no son los uniformes, sino la personalidad. Y ellos, en solitario o formando parejas, como lo hacen en este reportaje, la tienen.

Cada uno de ellos ha tenido su momento en 2008 y continuarán dando que hablar en 2009. El escritor Ray Loriga, con la cantante Rosario Flores; la actriz Goya Toledo, con el portero del Real Madrid y capitán de la selección española de fútbol Iker Casillas, y la modelo internacional Sheila Márquez, con el actor argentino Leonardo Sbaraglia. Parejas de impares.

Ray Loriga (Madrid, 1967) cambia de escenario, pero en la mesa siempre se repite el mismo decorado: libros, notas y una cerveza. Le gusta escribir en los bares, para ver el fútbol, leer el periódico o anotar las frases y las ideas que luego desarrollará en sus libros y artículos. "El amor es tenerlo, estropearlo y echarlo de menos", dice al referirse a su última novela, Ya sólo habla de amor (Alfaguara). El libro salió a la venta en el mes de octubre y termina el año con la tercera edición en la calle. La crítica ha dicho, entre otras cosas, que con esta obra el escritor ha logrado expresar el vacío que gira alrededor de la necesidad de amor y la locura. Loriga ha dejado atrás el lastre de ser cabecilla de una generación literaria que le convirtió en su voz de referencia. Ahora, por fin, se siente como lo que es: un escritor solo. O, como él matiza, "un escritor independiente". "Probablemente", añade, "Unamuno es más esencial en mi escritura que Raimond Carver. ¿Y qué es Carver sin Chejov? Me interesa toda la literatura, toda la buena literatura, y bebo de toda por igual". Su novela Relato obsesivo de un baile imposible es el reflejo de ese abanico de referencias: de Alicia en el país de las maravillas a Robert Walser. De la tabla de ajedrez de Bobby Fischer a las estrategias, otra vez, imposibles.

Loriga publicará en 2009 un texto sobre la naturaleza del plagio y de un hombre que se enamora de su copia. Y se despide de 2008 con una novela que escribió en seis meses y que, como siempre, "adelgazó" hasta el día antes de entrar en la imprenta: "Y no es un libro tristísimo. Habla del heroico esfuerzo de sobrevivir, una aventura emocional en la que la reflexión me resulta más heroica que la impresión. En estos tiempos de fin de euforia, que un libro que habla del amor y sus paradojas, un tema que se tiende a trivializar en exceso, haya encontrado un público con suficiente reposo como para apreciarlo, es un triunfo".

MADRIDISTA VISCERAL, A LORIGA sólo una cosa le gusta tanto como la literatura: el fútbol. Este deporte encaja bien en personalidades exageradas como la suya. Y 2008 ha sido el año en que Iker Casillas "tumbó" en la tanda de penaltis a Italia y en el que el duelo con el portentoso portero del Juventus de Turín Gianluigi Buffon acabó en gloria para el de Móstoles.

La palmadita en la espalda que Buffon le dio a Casillas minutos antes de enfrentarse fue un "tranquilo, chico" tan paternalista y sobrado como forzado. Un gesto al que Casillas respondió con una frialdad implacable. Capitán de la selección española de fútbol y uno de sus símbolos inequívocos, Casillas es un deportista modelo. Loriga añade: "Ni es un santo ni es un ángel, como dice la gente, lo que es es un magnífico portero. No me gusta decir que es el primero, pero desde luego está entre los cinco mejores del mundo. Tiene los reflejos más rápidos que nadie y una especie de bondad innata que logra transmitir. En contra de otras estrellas del fútbol que precisan de arrogancia para sobresalir, él no. Es un portero en una etapa de transición. Los porteros mejoran con la edad, y con el tiempo, Casillas será menos rápido, pero todavía mejor".

CASILLAS PIERDE REFLEJOS a la hora de jugar con las palabras o de someterse a una sesión de fotos. Nadie se lo reprocha. Lo suyo, dice él, es el fútbol. "Y está por encima de todo, aunque no me importa prestarme a estas cosas". El portero mata los tiempos muertos hablando por el móvil, repite incontables veces la expresión "máquina". "Hola, má­quina". "Adiós, máquina". "Tenemos que ganar, máquina", y confiesa que posar junto a una actriz como Goya Toledo sólo le provoca "mucho corte. Acostumbrado a estar con Drenthe..., ¿qué hago yo con Goya?".

A Casillas (Móstoles, Madrid, 1981) le gustan las películas de ciencia-ficción, y sus amigos son "los de siempre". De este año en el que la selección española ganó la Eurocopa, su capitán se queda con una imagen: "El abrazo del Rey para mí fue lo más emocionante". "Creo que la fama no me ha cambiado mucho, y los años, bueno, ahora prefiero las películas más románticas, con historias que me hacen pensar, como Notting Hill o Todo sobre mi madre. Sobre la enésima crisis de su equipo (que sólo apuntaba en el momento de este encuentro), Casillas saca la tarjeta de veteranía: "Si hubiera llegado este año al club, estaría asustado. Pero esto es el pan nuestro de cada día. Y es importante mantener la tranquilidad". El portero firmó este año su renovación definitiva por el Real Madrid. Su nombre, como el de Raúl, estará ligado de por vida al club blanco. Dice que no le molesta su popularidad ni ninguno de sus inconvenientes y al recordarle esa imagen de "buen chico" que nunca ha roto un plato sonríe luciendo sus facciones perfectas y dice: "Tengo mis defectos, pero intento ser como soy, y, además de buen portero, a mí me gusta ser buena persona. En realidad prefiero que me recuerden por eso".

El baile continúa y Loriga hace un amago de movimiento. Rosario Flores baila por los dos y por quien haga falta. La cantante acaba de aterrizar en Madrid desde Venezuela, después de diez días de viaje y actuaciones por Latinoamérica. La pequeña de los Flores ha sacado este año un disco de versiones al que se resistía y que ha resultado ser un inesperado éxito en tiempos de crisis. Parte de mí ha vendido 100.000 copias y es disco de oro en México, Venezuela o Colombia, entre otros países. "He hecho este disco con mucho respeto y humildad y creo que por eso ha gustado tanto. "Yo cuando canto una canción la hago mía, no podría cantarla si no la sintiera en el corazón", añade al referirse a los temas escogidos para el álbum.

ROSARIO CUENTA QUE no para de componer, que tiene más de cuarenta canciones esbozadas. "Viajo mucho, paso muchas horas sola y cuando te cansas, te pones sensible y te salen cosas". La crisis de la industria musical afecta a muchos de sus amigos y a los presupuestos en los que ella misma se maneja: "Ahora hay que apretar mucho los viajes y las giras. La agenda tiene que cuadrar para aprovechar al máximo el tiempo y la inversión". "La música", añade, "existe y está ahí, y eso es lo que importa, esto sólo es un momento de transición; lo que se va a pique es la industria, no la música". Rosario habla de las "fatigas" por las que pasan muchos músicos y dice que ella no teme ni a los peores momentos: "Yo trabajo donde haga falta porque con un palmero y un cajón me hago un concierto".

Nacida en Madrid en 1963, madre de dos niños ("que se están criando como yo me crié"), la cantante reivindica una educación a lo Flores: "Les ha tocado una madre como a mí me tocó la mía, mis padres estaban a veces de gira hasta varios meses y aunque es muy duro te compensa entre otras razones porque no sabemos vivir de otra manera". Su gran conquista ha sido mantenerse y seguir hoy pese a los caprichos del público: "En Latinoamérica, una vez que te quieren te quieren para siempre, pero aquí tienes que demostrar lo que vales en cada disco. Por eso mi gran premio es seguir. Para mí, el triunfo es cantar, bailar y alimentar a mi familia. ¿Qué más puedo pedir que poder comer de esto?". Después del parón de Navidad (por cierto, las mejores fiestas de la familia Flores son, por tradición gitana, las de Nochebuena y Fin de Año), la cantante vuelve a la faena. En su casa, la edad siempre será un valor, y la piel de una mujer ("mi madre la tuvo preciosa hasta el último día"), algo que se cuida "por dentro": "La vejez no puede ser un fracaso, sino una victoria. No se puede tolerar esa crueldad de la sociedad en la que vivimos. Yo nunca he ido de bonita por la vida porque mis atractivos han sido otros. He sabido encontrar mi encanto, mi luz y mi energía sin necesidad de ser una belleza. ¿Pero qué es además la belleza? ¿Qué tontería es ésa? ¡Con lo que me gusta a mí un feo gracioso!".

"¿LA BELLEZA? LA BELLEZA es la felicidad", responde Goya Toledo con los ojos tan negros y brillantes como los de Rosario Flores. "Una persona relajada y feliz, ésa siempre es la guapa. Un truco difícil, ya lo sé. Pero no se puede aceptar la tristeza, yo me aburro de deprimirme", añade. Comerse una sandía al sol, tirarse en el picón de Lanzarote o dormir una siesta. Éstos son los pensamientos positivos de una actriz que fue modelo, que ha trabajado, entre otras, en Mararia, Amores perros o La caja 507 y que ahora y, por unas horas, vuela del brazo de Iker Casillas.

Ella no es muy futbolera: "Veo los partidos, y me divierten, pero mentiría si dijera que sé lo que es un fuera de juego". Tiene equipo: "La Unión Deportiva de Lanzarote, ése es mi equipo". El padre de la actriz canaria murió cuando ella tenía seis años y para ella el fútbol está unido a su recuerdo. "A mi padre le gustaba mucho el fútbol y mi madre siempre le acompañaba. Ella se ponía muy nerviosa. Tantos gritos. A mí me gusta ver los partidos, pero sola, en mi casa; el campo, como a mi madre, me altera".

A GOYA TOLEDO (Lanzarote, 1969) la han llamado este año actriz descomunal por su interpretación en Los años desnudos, de Félix Sabroso y Dunia Ayaso, donde da vida a una trágica estrella del destape. Una yonqui que jamás se lamenta de sí misma, una sutil y bella viciosa con la que Goya Toledo vuelve a demostrar su fuerza dramática. "Me atraen esos personajes porque reconozco bien el dolor, en realidad todos sabemos reconocer bien el dolor", explica. La actriz explica que suele buscar en su entorno personas que le acerquen a los personajes que interpreta. "Cuando me enfrenté al papel de la paralítica de Amores perros me ayudó mucho la historia de un amigo que a los 23 años tuvo un accidente de coche y se quedó en silla de ruedas. Yo ni lo he visto todo ni lo viviré, así que muchas veces hay que utilizar el imaginario de otros y tomar mucho prestado".

La menor de cinco hermanos, llegó a Madrid con 19 años. La soledad, dice, no fue fácil. "Me ha costado mucho soportarlo, estoy acostumbrada al ruido de una familia numerosa. Con el tiempo he aprendido a disfrutar de mi tiempo y de mi espacio, pero siempre me tirará más una casa con ruido".

Desde entonces, el nombre de la actriz ha crecido de manera lenta, pero segura: "A veces, la decisión correcta es estar sin trabajar dos o tres años, pero eso no es fácil porque comemos de esto. No perder la ilusión y mantener la exigencia han sido muy importantes para mí. Me he guiado por el instinto, poco a poco, sabiendo que no se consigue todo en un día y sin olvidar nunca que a lo mejor no podía llegar. He tenido momentos malos, buenos y regulares, pero siempre me he mantenido muy despierta, y cuando han llegado los buenos los he sabido reconocer y disfrutarlos y eso ha sido importante".

Sheila Márquez, modelo, y Leonardo Sbaraglia, actor. Entre los dos suman al año miles de horas de viaje. Márquez ("una belleza de otro planeta", dice el actor argentino) apenas está tres días en Madrid, vive en Nueva York desde hace dos años. Ahora, convertida en una modelo de primera fila, pasa la mayor parte de su tiempo subida en un avión. Las próximas paradas son Suráfrica y Brasil, las dos para el catálogo de verano de H&M. Sbaraglia, con un pie en Buenos Aires y otro en la capital española, ha logrado un extraño equilibrio entre dos cinematografías de lenguajes diferentes, pero unidas por un idioma común.

MÁRQUEZ VITORIA, 1985) es hoy la top model española más internacional. Una estudiante de administración de empresas que hace tres años se fue a estudiar inglés a Londres y ya no volvió. Mario Testino la escogió para un reportaje del Vogue británico y a raíz de aquello empezaron a llover los trabajos. Gucci, Balenciaga o el catálogo de Dolce & Gabbana, Sheila Márquez representa a una nueva generación de modelos con vocación de estilistas. Con su amiga y colega la belga Hanne Gabi prepara un trabajo-test para Steven Gan, de V Magazine: "Me encanta la ropa, las producciones y es una manera de aprovechar todo el trabajo de modelo, todos los contactos que estamos haciendo, para el futuro". Márquez dice que le gusta la moda "arti" y que ella pertenece a una nueva corriente que representa "el futuro" de la moda: modelos conscientes de la moda. "¿Actriz? Leonardo me lo ha preguntado y mi respuesta ha sido un no rotundo. No es que no me guste, es que yo el cine no me lo creo".

Sheila Márquez aprovecha su viaje relámpago para ver a su hermano, que la acompaña de paseo por Madrid. Su madre murió cuando ella tenía 15 años, y su padre, que trabaja en una fábrica en Vitoria, y el hermano, informático, son ahora su familia. "Mis padres son andaluces, vieron mi nombre en una película y les gustó. Mi padre al principio no entendía nada, le parecía que salir en la revista Hola era más importante que hacer la publicidad de Gucci. Pero ahora ya lo va entendiendo. Él me ha dejado aprender de mis errores y lo único que me repite siempre es que no olvide que tengo las puertas abiertas para volver. ¿Los errores? Bueno, algunas locuras. Pero mejor arrepentirse de lo que has hecho que de lo que has dejado de hacer. Me gusta esa filosofía".

La modelo apenas se queja de un trabajo en el que pasas "días y días" sola. "Esto te convierte en alguien solitario, es inevitable. Acabas harta de tantas horas para ti misma, lo peor es que al final te acostumbras y lo que acabas echando de menos es no estar así, sola". El primer piso en el que vivió en Nueva York era un piso "de modelos" ("siete chicas sin madres, al principio no me lo podía creer: ¿dónde me había metido?"), pero ahora se ha mudado a un edificio donde vive sola con vecinas compañeras de trabajo. "Mis mejores amigas viven en el mismo edificio y es divertido". En Manhattan tiene su patinete y allí se puso la semilla de acupuntura que lleva en la oreja. "Es para el estrés, acupuntura china; al presionarla, activas los puntos y te ayuda a combatir la mala circulación de las piernas, a mí se me cargan mucho. También ayuda a evitar los cambios radicales de humor. Soy organizada, muy ordenada, pero me disperso mucho y a veces me cuesta mucho concentrarme, es el cansancio, ahora he aprendido a relajarme y a irme a la cama sin necesidad de tenerlo todo perfecto".

SBARAGLIA Y SHEILA MÁRQUEZ han encontrado un punto en común: Zoolander, la comedia de Ben Stiller sobre el mundo de la moda. "Claro que me encanta", dice ella. "Y él lo imita perfecto". El actor argentino (Buenos Aires, 1970) entra en un nuevo año en el que volverá a rodar con Marcelo Piñeyro después de Plata quemada, la película que le dio a conocer en España, y en la que el cineasta argentino retratará la crisis de 2001 en los "country". "Son los barrios cerrados de las afueras de Buenos Aires", explica el actor. "Urbanizaciones de clase media alta, chalés grandes, todo con jardín. Durante los diez años de Menem fueron un grupo social que se enriqueció mucho. La crisis de 2001 los desnudó, es una película sobre el juego de la mentira, muy triste y muy dura".

Sbaraglia (que en 2008 ha estrenado filmes como Concursante o El rey de la montaña) ha terminado el rodaje en Argentina de la serie de HBO Latino Epitafio, 13 capítulos junto a Cecilia Roth y Julio Chávez para una serie de intriga que le ha mantenido durante meses en su país. El actor, sin embargo, mantiene un pie y una casa en Madrid, "mientras pueda, seguiré así; para mí es perfecto vivir y trabajar entre los dos países, pero sé que es un equilibrio complicado y costoso".

UN EQUILIBRIO PROFESIONAL y personal (siempre acompañado por su mujer, Lupe, y ahora por su hija Julia) concentrado en el cine y la televisión ("no quiero hacer teatro, la verdad es que mi última experiencia, hace ya 10 años, no fue nada buena") y una preparación como actor que no tiene fin: "Yo trato de hacer siempre una apuesta expresiva diferente, me da igual que sea para donde sea, yo le pongo a todo el corazón; si no, estaría perdido. Cuando hacía Clave de sol [equivalente argentino de la serie española Al salir de clase, que dio a conocer en su país al actor] lo hacía creyéndome que aquello era Shakespeare. Y, en definitiva, de eso se trata, hay que buscar las condiciones para seguir en una profesión en la que es muy fácil perderse por el camino. Cualquier buen actor, o cualquier actor que ama esta profesión, trata de hacerlo lo mejor que puede y sabe que al final no se puede hacer una carrera de taquito sino trabajando. No se puede bajar la guardia. Cada personaje tiene su propia verdad y su propia lógica, y nosotros, como un arquitecto tiene que establecer nuevas reglas para cada edificio, tenemos que hacer lo mismo".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 28 de diciembre de 2008