_
_
_
_

Nélida Piñon: "Aristóteles y Pelé son comparables"

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Tiene los ojos pequeñísimos, pero le brillan tanto que su mirada es amplia. Amplísima. Como amplísima es su ansia de saber. "Tengo una curiosidad insaciable porque me da gran gusto y tengo un gran apetito por la vida", dice. Nélida Piñon (Río de Janeiro, 1937) tiene por lo menos cuatro proyectos entre ceja y ceja. Como siempre, atraviesan con fluidez los umbrales de la novela, el ensayo, la memoria y la crónica. Los lleva simultáneamente. Igual un día irrumpe con una reflexión, que completa una página de su novela, que escribe un ensayo sobre literatura o toma notas sobre su perrito chiguagua.

La autora de La república de los sueños (1984) ha venido a Madrid de la mano de un venerado maestro griego, de quién se confiesa aprendiz reincidente y en honor de quién ha bautizado su último libro Aprendiz de Homero (Alfaguara).

Palabra y moral

El libro reúne 24 ensayos en los que Piñon cabalga a gusto por las piezas de la literatura que le han cautivado y por los recovecos de la humanidad que le seducen y echan a volar su mente. Lo hace con la tranquilidad que le da el filtro y la capacidad de su memoria. "Todo está en mi cabeza. No apunto nada, no quiero ser prisionera de fichas. Soy prisionera de la memoria. Y mi memoria es un filtro que va eligiendo y expulsando. Pero lo que me fascina es establecer analogías. La analogía tiene una vocación poética y me hace creer que soy muy audaz", -ríe con sonrojo-, "soy capaz de comparar a Aristóteles con Pelé y establecer un juego que les acerca". Afirma con vehemencia que "cuando se elige una palabra, se elige una moral".

En esta clase magistral de literatura convertida en libro, la Premio Príncipe de Asturias 2005 intenta rastrear los instantes constitutivos de la civilización, a través de los libros y sus autores, "es como si la historia reverberase", explica, "creo en lo moderno, en la evolución, pero también sé que la tradición literaria nos enseña todo. No creo que exista una gran literatura sin tradición. Uno no puede tener la pretensión de ser inaugural. Los jóvenes creen que están conociendo el amor por primera vez. ¡Pero el amor es antiguo! Todo es antiguo. Sólo va ganando trajes distintos, pero la tradición garantiza la herencia, la transmisión del conocimiento a los otros. Cuando obtienes eso entonces te vuelves moderno".

Toda la cultura que va contigo te espera aquí.
Suscríbete

Babelia

Las novedades literarias analizadas por los mejores críticos en nuestro boletín semanal
RECÍBELO

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_