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Reportaje:

Las viudas quieren dejar de ser invisibles

Las pensionistas se indignan por la falta de acuerdo político sobre los complementos mensuales a su paga

A sus 62 años, Delfina Paz apenas dispone de poco más de 400 euros de ingresos mensuales, los de su pensión de viudedad. En su caso, una ayuda extra de 200 o 300 euros puede marcar la diferencia entre llegar o no a fin de mes. Ése es el dinero que le puede aportar el complemento de pensiones aprobado por el Parlamento (en vigor desde el pasado julio) y por el que ahora se han enzarzado los partidos. Delfina no es ajena al rifirrafe político y sólo pide a los políticos que se pongan de acuerdo. "Me las veo muy mal para llegar a final de mes. La única manera de completar algo la pensión es cuidando críos cuando me llaman. Estoy condenada a la economía sumergida. Es la invisibilidad de las viudas".

"¿Quién se ocupa de nosotras? Ni partidos, ni patronal, ni sindicatos"

La buena sintonía que habían mantenido en materia social el tripartito y el PSE saltó por los aires hace unas semanas, cuando EA advirtió a los socialistas de que no iba a aceptar sus enmiendas al proyecto de ley de Garantía de Ingresos. Eusko Alkartasuna, que controla la consejería de Justicia, Empleo y Seguridad Social, promotora de la ley, considera que esas enmiendas acotan los posibles perceptores del complemento para las pensiones más bajas y dejan fuera al colectivo de viudas jóvenes y discapacitados leves, que supuestamente están en condiciones de incorporarse al mercado laboral. Ese subsidio permite a los pensionistas que cobran los subsidios más bajos por vejez, invalidez o viudedad elevar sus ingresos mensuales hasta el Salario Mínimo Interprofesional (SMI): 700 euros prorrateadas las pagas extraordinarias de julio y diciembre.

Las viudas forman uno de los colectivos que más se puede beneficiar de esos complementos. Por ello, son las que más se indignan con el desencuentro de los políticos. La presidenta de la Federación de Viudas del País Vasco, Lucía Linares (Barakaldo, 1949), asegura que no le importan los motivos que han llevado a los partidos al enfrentamiento. Sólo le interesa que las viudas cobren los complementos cuando los soliciten. "Los que pagan las consecuencias son las personas que necesitan la ayuda y que por burocracia o líos políticos nos vemos en el medio". Linares se queja de que algunos ayuntamientos no se han puesto en marcha para conceder las ayudas hasta hace 15 días, cuando la Ley se aprobó en junio. "El problema es que cada ayuntamiento gestiona los complementos como quiere", dice.

En este punto coincide con Paz. "Las viudas queremos dejar de ser invisibles, pero no hay voluntad de nadie. ¿Quién se ocupa de nosotras? Ni los partidos, ni la patronal, ni los sindicatos. Estamos metidas en el saco de la pobreza y la pobreza tiene cara de mujer y de viuda. El que debe resolver la cuantía de las pensiones es Zapatero. Lo promete, pero no hace nada. Debe cumplir".

A Delfina Paz no le gusta pedir ayuda, pero no le queda más remedio. "Mi hija me ayuda para llegar a fin de mes", reconoce con tristeza. Su marido murió hace cinco años. En su momento, regentaron una tienda, pero como no daba para pagar la Seguridad Social de dos autónomos, ella se retiró a casa a cuidar de sus dos hijos. "Entonces eran la prioridad. Las mujeres de mi generación no hemos tenido más remedio que centrarnos en la casa". Así que cuando murió su esposo, la pensión que le quedó a ella al ser autónomo ha sido mucho menor que la de un asalariado. "Intento trabajar en lo que puedo, cuidando niños o mayores, a la espera de que alguien me llame por teléfono".

Junto a las viudas de trabajadores autónomos, otro colectivo especialmente endeble es el de las mujeres que enviudaron años después de separarse de sus maridos. Una modificación legal que ha entrado en vigor este año les deja automáticamente sin ningún reconocimiento respecto a la pensión de viudedad. Es el caso de Arantza Aramburu (Durango, 1950). Vivió con su marido 21 años y se separaron "de mala manera". "Renuncié a la pensión compensatoria porque no había manera de arreglarnos. Cuando se murió el pasado 15 de enero, con la nueva reforma de la ley me han quitado el derecho de viudedad. Estoy absolutamente desprotegida, no se han tenido en cuenta las razones por las que me separé y el juez no me ha escuchado aduciendo que era un problema personal".

Dada la edad y el momento en que se separó ha trabajado poco asegurada y casi todo el tiempo en la economía sumergida, cuidando a ancianos. "Me han hundido. Toda la vida trabajando en casa para sacar a los dos hijos adelante, pasar por todo y que ahora no se tenga en cuenta mi situación duele. Me siento maltratada. Somos mujeres casadas en la época franquista, en la que prácticamente se nos obligaba a dejar el trabajo si nos casábamos". Y prosigue: "Entramos en la dinámica de meternos en una empresa que es nuestra familia, nos deja el marido a los 40 años porque se enamora de otra, nos abocan a la economía sumergida y no tenemos derecho a nada".

Ahora se ha quedado sin pensión y sin el trabajo del que vivía. Va a pedir la renta básica (un ingreso del 88% del SMI). "No tengo dinero. Necesito ayuda, intento no pedir y mi hija me ayuda".

A Ana María Bilbao (Bilbao, 1934), viuda desde hace cinco años, le molesta la imagen de los partidos peleándose por los complementos. "Hay mucha necesidad. Cuando se muere el marido, las viudas se quedan con los mismos gastos, con el agravante de que en muchos casos no han podido trabajar". Es entonces cuando un ingreso extra de 200 euros (lo que puede suponer el complemento) puede ser básico.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 17 de noviembre de 2008